Iniesta presume de un coso erigido en 1843. Una plaza cuidada y hermosa, pero su ruedo más bien chico, según los actuales parámetros, condicionó las lidias de seis novillos de Fuente Ymbro. El ganado bravo resultó muy bien presentado, de variable bravura en los caballos, llegaban al último tercio con fuerzas. Algunos ejemplares plantearon serias complicaciones a los novilleros: Alejandro Peñaranda, Manuel Caballero y Tristán Barroso. Los tres ya están perfilados como diestros. Es cuestión de tiempo su paso a las filas de los toreros. La presidencia mostró su buen criterio y el público su respeto y generosidad.
Alejandro Peñaranda obtuvo tres orejas de dos contrarios desiguales: Esterón (1º), un novillo de vuelta al ruedo, boyante y móvil, y Jazmín (4º), reservón y receloso. Peñaranda pasó del capote a la muleta, dejando una grata impresión. Su contrincante colaboró en el quite por chicuelinas y se portó durante la faena. Sin ser facilón y menos una carretilla, el utrero tomó la franela ofrecida de rodillas y la persiguió levantando al público de los tendidos. La faena sin perder pasos, aferrándose a los terrenos. Y, cuando más parecía dominado el bicho, dio un susto, que el diestro le pagó con un desplante en los hocicos. Las bernardinas irreprochables, igual que el manejo de los aceros. Al grito “¡Torero!” se le conceden dos trofeos. Jazmín (4º) tenía algo contra las curvas: embestía derecho con tal ahínco que arrancaba los trastos de la mano. El diestro se resistía ante el ciego ímpetu del fuenteymbreño: le peinó el lomo por flexionados, dominando por abajo y logrando primeras series contundentes. Puso mucho por su parte para seguir sacando pases a un animal sin regular embestida y menguada franqueza. La estocada llegó a la tercera, pero los aceros no apagaron el entusiasmo: una oreja.
Manuel Caballero domina la técnica y apunta maneras de un torero poderoso. Si con Damasco (2º) realizó una obra, mejor dicho, una feliz conjunción entre el dominio y estética, con Jalado (5º) lució otra faceta: el sorteador de tarascadas. La otra serie redonda, el novillo con genio, no le deja salir de la suerte. El novillero calculó las alturas y tiempos con Damasco para que todo transcurriera en el mismo terreno. El bicho daba avisos: Caballero le toreó con las debidas precauciones, le aguantó y logró meritorias tandas a fuerza de pisarle los terrenos. Tardó mucho en igualarlo. Una estocada algo trasera y una oreja. Manuel Caballero saludó a Jalado (5º) con variados lances, rematados a una mano. El torete arranca casi desde el otro lado del redondel para cobrar la vara, no tan voluntarioso estuvo con los rehileteros, persiguiéndoles con malas intenciones. Lo mismo hizo al diestro: iba derecho a por él, volteándolo o encunándolo en toda regla. Caballero resistía y buscaba una manera de luchar contra lo imposible. La estocada entera y descabello a la primera. Una oreja.
Tristán Barroso, el más joven del trio, ahormó la cabeza brava de Comisario (3º) por chicuelinas y basa su faena sobre el pitón izquierdo hasta que el marrajo comienza buscar y apretar por ambos lados. Al sentirse dominado, el animal dejó cualquier disimulo y salió en la busca de los tobillos. El público supo apreciar los detalles y briosos remates con pases de pecho o la muleta plegada. Un pinchazo resultó hondo, bien ubicado, por ende, mortal. Una oreja. Tristán Barroso saludó a Palique (6º) con afarolados de rodillas jaleadas por el respetable. El torete no quiso arrancar de lejos y recibió una vara y media: el picador perdió la vara en el primer intento. De nuevo de rodillas, pero ya con la flámula en la mano, Barroso lo toreó con templanza, cuidando que no vuelva a clavar los pitones en el albero y buscando su embestida con ingenio: cambios de manos a tiempo, los pases invertidos cuando no quiere ir derecho… Ejecutando uno de los pases más exigentes, los naturales, el toro le coge y voltea con brusquedad. Al reponerse el novillero, corona la obra con ceñidas limeñas y una estocada de volapié y efecto fulminante. Dos orejas y rabo.