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CRÓNICA TAURINA

Sanlúcar de Barrameda: una Gran Tarde de Miuras

Sanlúcar de Barrameda: una Gran Tarde de Miuras
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(Foto: Efe)
lunes 21 de agosto de 2023, 08:19h

La sinceridad engrandece las cosas. El empresario, Carmelo García, organizó la V corrida Magallánica sin escatimar en lujos: la gran alfombra de sal, hecha un inigualable cuadro, cubría el albero. Los artistas, Joaquín Lara y Uta Geub, se entregaron para diseñarla y para cubrir las tablas con 81 cuadros, conscientes de su fugacidad ante los Miuras. Los diestros ataviados con los trajes del siglo XVI para conmemorar uno de los numerosos lazos que une España con América: la tauromaquia. Desde hace más de quinientos años las reses bravas están siendo criadas, lanceadas y lidiadas en el Nuevo Mundo. No supo resistir esta afición ni siquiera los EEUU. Los ganaderos, Eduardo y Antonio Miura, se han esmerado en elegir el ganado: sí, ya hemos visto a los “miuras” en los ruedos de Sevilla, Pamplona y otros cosos. Mas nada hemos visto que se acerque a los cinqueños de la Magallánica. Bravísimos en la suerte de varas, excepto el 4º, dieron una tarde grande, pero bien complicada para los diestros y las cuadrillas. Los toros enormes, zancudos y descaradamente armados. Todos los protagonistas cumplieron con creces. El que no cumplió fue el público. Primero por no llenar los tendidos hasta la bandera y, segundo, por protestar sin ton ni son sin darse cuenta de las condiciones de los astados ni de las necesidades de la lidia.

Antonio Ferrera llegó desde El Espinar a Sanlúcar. Su primer adversario, Doblador (1º 12/18), se hizo esperar y cuando apareció en el redondel echando los pies pa´lante no cabía en sí de la mala leche. Dejó una marca del pitón en el pilar del granito. Antonio Ferrera va hacia él: su decisión es la clave para dejar envuelto el ímpetu del bruto en los lances del capote. El varilarguero, Borja Lorente, queda destribado al enhebrar una buena vara al toro que acudió desde el otro lado de la plaza. Es recompensado con una ovación al poner otra vara. Ángel Otero pone buenos pares de rehiletes. El morlaco no para de mugir. Ferrera se impone al adversario algo huidizo. La bestia no humillaba, pero tenían tanto el diestro como el toro tenían sus teclas que tocar. Ferrera acertó con la colocación y ganó la pelea: mantuvo al “miura” en los medios y logró unas tandas de muleta “planchada” en la cara de la fiera. Enterró el acero entre las péndolas a la segunda y paseó un trofeo. Otro cuento fue Aguilito (4º 12/17). Salió corneando hasta su propia sombra y desarmando con los cabezazos a cualquiera que se le terciaba. Se quedó casi sin picar, porque no se empleó y porque el público se puso muy brinco. ¿Por qué? Ellos sabrán. João Ferreira y Alberto Carrero pusieron buenos pares de banderillas, mientas Otero aguantaba los arreones bregando. Un espectacular brindis del diestro, subiendo hasta la grada, se quedó con una faena de dominio, a la antigua de puro dominio con la pañosa. Se arriesgó en buscar una embestida franca y, al no encontrarla por ningún pitón, se perfiló y puso una estocada profunda de recurso. Descabelló a la tercera.

Esaú Fernández venía de Tafalla, disfrutando de la Puerta Grande. Mayor triunfo le esperaba aquí, en Sanlúcar, a manos, mejor dicho de patas, de Guineo (2º 3/18). El toro pasó de huir del capote al embestir valientemente la pañosa. Manuel Jesús Espartaco puso dos varas de ley: no se dejó descabalgar en el primero, pero quedando en el suelo porque el toro dejó el caballo sin apoyo. Esaú Fernández lo toreó sin pase de ajuste: el toro mostró una gran embestida, nobleza y fuerza. Se ganó el indulto a pulso, dejando al torero adornar la faena con un afarolado y desplantes de rodillas. El burladero crujió bajo el ímpetu de Limeto (5º 12/18): la plaza le quedaba chica a este toro de 680 kilos. Curro Robles y Francisco Javier Sánchez de Araujo fueron ovacionados al poner los avivadores. El diestro aprovechó la embestida franca, pero las tandas se sucedían dejando la impresión de que pudo haber algo más. El acero se estancó y el toro murió resistiendo de pie.

David Galván venía de hacer arte con los ejemplares de José Luis Pereda en El Burgo de Osma. Quizá el hierro le recordaría la tarde de despedida del maestro Ruiz Miguel quien no faltó a la Magallánica. Hortelano (3º 1/19) fue saludado por verónicas, mirando al tendido. Rebrincaba y protestaba mucho al sentir las banderillas, pero se dejó llevar a los medios por primorosos pases de David Galván. El toro iba rebelde, cabeceando. Galván iba construyendo una obra de gran calado dominador sin olvidar sus magistrales salidas de la cara del toro y sus vueltas para cruzarse entre los pitones. Un derroche de la naturalidad y estilo. Lo complicado fue igualar al bicho que arrancaba nada más ver el estoque montado. La solución fue magistral: una media estocada de ley, o sea, recibiendo. Un aviso. Descabello y una ovación. Tiznaolla (6º 12/18) de 620 k. duró poco en el ruedo: se dañó un remo y fue sustituido por Halconero (6ºbis 1/18). Antes de retirarse, el titular reventó una puerta poniendo en riesgo al personal que llenaba el callejón. El sobrero, escurrido de carnes, descarado de cara fue aplaudido al salir. David Galván lo galleó con precisión y estética. Ni un enganchón del percal. Los de plata, Miguel Ángel Santos y David Pacheco fueron ovacionados. El bicorne acudía al engaño, pero tenía una querencia bien marcada. David Galván mantiene el equilibrio frágil entre estas condiciones y realiza una faena completa, llena de desafíos, desplantes y torería. Supo sortear los cabezazos del toro sin que se le arrugue la muleta. El astado aprendió rápido y vendió su muerte cara: una entera llegó después de pinchar y cobrando un golpe del pitón en la cara.

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