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entrevista

Santiago López Castillo: "En mi novela cuando hablo del País Vasco el 100 por cien es realidad"

lunes 27 de octubre de 2008, 15:31h
“Aliaga” es una planta que engaña, aunque de flores amarillas, es espinosa. Una metáfora ingeniosa, pero ¿de qué?
La aliaga es una flor amarilla muy bonita y olorosa que te atrae pero que tiene unos pinchos terribles. Cuando estaba escribiendo esta novela, que he hecho en cinco años, entendí que más allá del asunto de la inmigración interior y el trasfondo de Eta, debía encontrar un sentido más literario, y por eso elegí el término “aliaga”. Se trata de describir una tierra prometida para después encontrarse con los espinos. En el caso de la novela, retrato la situación de los años sesenta, de aquellos que iban en busca de un mejor vivir y se encontraron con un vivir muy doloroso.

Las aliagas solían ponerse a la entrada de los corrales de las gallinas para que no entraran los zorros. En su novela, ¿quién es el zorro?
No tengo más intención que hacer una metáfora: lo que te atrae, en este caso el País Vasco y las aliagas, pero, en definitiva, los pinchos que te matan.

¿Trata en su novela de denunciar algo o de mostrar algo?
Es muy descriptiva. Tiene un final muy dramático. Una familia que se cree que va a la tierra prometida y se encuentran con otra cosa. Como el drama de los que son vascos y se tienen que marchar de allí. La novela es de mucha actualidad, pero también de mucho corazón, por eso se la dedico a mi amado perro Niebla y a mi madre.

En “La poza” retrataba un pueblo castellano marcado por la envidia, el odio y la aversión. En esta ocasión vuelve a aportar una nueva visión sobre la miseria humana. ¿Lo suyo es pesimismo o puro realismo?
Casi siempre en mis novelas el 70 por ciento es realidad y el 30 por ciento imaginación y literatura. Pero cuando hablas del País Vasco yo te diría que casi es el 100 por cien de realidad, en los años sesenta y ahora.

Cada vez son más los autores que muestran su disconformidad con el modo de hacer literatura en España. En su caso, ha dicho que la literatura nunca ha estado más prostituida. ¿Qué no soporta?
No voy a entrar en eso porque no estoy en la “pomada”. Me limito a escribir. No hay duda que hay una cantidad de cantamañanas pero yo no puedo opinar. Solamente hay veces que en mis artículos me limito a corregir un poco el lenguaje, ironizar sobre el laicismo y sobre unos planteamientos que me parecen de un país de borregos, con el perdón de los borregos, que son amorosos.

Es periodista, ha escrito libros sobre crónica política y también novela. Contaba Vargas Llosa que le resulta complicado escribir un artículo porque está acostumbrado a la ficción, y ajustarse a lo verídico es complicado. ¿Usted dónde se siente más cómodo?
Últimamente estoy más cómodo en la novela.

La exaltación de la naturaleza vivificadora es su pasión. ¿Qué quiere decir?
Llegó un día en que me di cuenta de que economizar con los animales no me gustaba. De hecho, he conseguido rescatar muchos perros. Tengo preparado un libro para noviembre precisamente sobre los animales. Se titula “Cornudos y apaleados”. Por ejemplo, asuntos como que cerca de mi casa hayan concedido hacer un coto de caza es terrible. Mueve tanto dinero, que se postran ante ellos.

Tengo entendido que también es pintor.
Soy pintor. Pero desde que me trasladé a donde vivo no he vuelto a tocar un pincel. Mi última exposición fue en el Centro Cultural de la Villa, inaugurada por Álvarez del Manzano. El entorno en el que vivo me inspira, pero cuando de verdad me entren las ganas lo haré. Por ahora, tengo dos libros para terminar de escribir.




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