La verdad es que el pájaro de cuenta, ese desgraciado que fue titular de los mercenarios de Wagner, Yevgeny Prigozhin, era un alacrán en toda regla. Muerto, apostamos a que la Humanidad es un poco mejor desde ahora. Es y fue el ejemplo de la sinrazón, del desprecio por las más elementales reglas de la supervivencia humana.
Partiendo de que, en efecto, el avión que lo transportaba sí cayera, lo ocurrido fue un recordatorio del cancerbero Putin a todo aquel que lo rete –porque el sujeto lo hizo y no entendió razones, pese a las advertencias de sosegarse y que, finalmente, no iba a salirse con la suya– termina siendo cierto que Putin no se anda con chiquitas.
Claro que dio el pésame, aunque no fue al funeral. Faltaba más. Y habrá que buscar al miserable reemplazo, desde luego.
Pero lo de Wagner tiene sus distintas caras. Metido en la frontera polaca, antes en Ucrania, no obviemos que también en África, entre mandándose solo y como avanzada de Putin en aquel continente, donde era contrapeso contra factores tales, como Boko Haram o a la tradicional presencia occidental, destacadamente, la francesa.
Ese África que no levanta cabeza, países saqueados con dictadorzuelos al servicio de intereses petroleros y mineros que consienten y prodigan que prosiga la explotación neocolonial despiadada. Para que el éxodo resultante termine en que los migrantes se llamen no integrados en las exmetrólopolis que los acogieron desde hace generaciones, a que el saqueo persista y los dictadorzuelos hereden el cargo o, simplemente, lo retengan hasta hartarse, ellos o sus pueblos, que los echen y entronicen al siguiente.
En esa precaridad, no extraña el robustecimiento de Boko Haram o el Estado Islámico, la lucha sin cuartel a los cristianos, las cuentas pendientes con el colonialismo europeo, que alimentan el odio y la nula fascinación por lo que representa –incluida su lengua o su religión– la partición de Sudán como ejemplo de la precariedad territorial e identitaria, esa franja de miseria que es el Sahel o exoticidades nefastas como la eternizada permanencia de impresentables como el líder de Guinea Ecuatorial, perfectamente solapado por los intereses petroleros que lo encubren y prodigan. Los liderzuelos africanos parecen caciques priistas, pues igual desprecian la democracia, como los priistas.
Lo de Níger solo es la punta de lanza, y la amenazante tenaza que Occidente intenta en derredor solo ayuda a dos cosas: genera la repulsa a todo lo que representa Occidente y es innegable que se destaque su cara más negativa en África; y a que Rusia, después de esa China que se ha servido de “Chináfrica”, busque y encuentre aliados a río revuelto.
Clamar por una intervención armada en Níger, solo es taparle el ojo al macho, fingir, simular orden para que todo siga igual acorde a responder a intereses completamente ajenos a Níger. El golpe de estado en Gabón nada más ribetea una situación que se repite de país a país. El dictadorzuelo que heredó de su padre aquel cargo y lo derribarán para instaurar a otro. Triste de verdad, el presente y el futuro africano. No extrañan las pateras y el Mediterráneo cual cementerio, huyendo de todo eso.
Si las potencias están usando África como ajedrez, sería muy cutre, tratándose de un continente tan degradado, tan empobrecido y estarían haciendo leña del árbol caído, explotando la extrema necesidad de un continente de por sí, saqueado al extremo.
Muerto el líder de Wagner, a ver cómo se conducirán sus mercenarios en África. La ausencia del sujeto los puede tornar más incontrolables y sanguinarios, antes que extinguirse. La primera es la más posible de ambas opciones y la menos deseable. La geopolítica promete ensañarse más con aquellas latitudes, pues los intereses en juego son muchos. ¿Se imagina dejarle a los africanos sus recursos para su futuro? ¡Jamás!