No sé si estaré teatralizando, pero ayer, harto de tanta banalidad, por primera vez en mi vida, me vi escribiendo irónicamente sobre tetas, y la verdad es que me estaba quedando bastante bien. Imploré para mis adentros cuando estaba terminando que lo escrito no se me borrara del ordenador –pues soy tan tonto que doy a una tecla y se me va todo, un par de libros completos incluidos-, y, en efecto, la tecla maldita se llevó todo. Estoy acostumbrado a este género de cosas, y me las tomo con bastante filosofía, así que con un suspiro cerré mi ordenador. Sin embargo, esta mañana me he levantado inquieto, pues el subconsciente no se había resignado y me instaba a reintentarlo, y aquí está el resultado, no tan bueno como el anterior, pero se hizo lo que se pudo.
Incluso las narcocleptodictaduras han perdido la hegemonía para el foco mediático en favor de las teteras y de las perreras. ¿A quién le importa que los pobres de la tierra atraviesen fronteras exhaustos y deshidratados para morir sin llegar a su destino? Eso ya no es noticia. Ahora lo que más preocupa es el nexo entre el maltrato animal y el maltrato femenino, ya que el primero es una ventana abierta al maltrato de las mujeres, para justificar la continuidad entre ambos géneros, a la que denominan ampulosamente cultura de la violación.
El actual machirulismo cutre se ha vuelto rosa ridículo. Lo del toples ya forma parte del paisaje, ahora lo son el remodelado de los nueve tipos de pezones, el implante de masa corporal en los traseros, la silicona, etc. El magma de la cultura de la teta se ha vuelto ridículo y cansino. Los pijoprogres llenan de teta sus bocas de albañal y, a pesar de la que está cayendo, ahí siguen las tías buenas en lencería y las representantes hispanas enviadas a Eurovisión en tanga, y eso por no hablar de las niñas de siete años en las piscinas con bañadores con relleno, así como de los canales, canalillos y canalones entre las reinas de las marujas, siempre con el piloto automático del lenguaje patriarcal en la boca, que es venéreo (de Venus/Veneris, la venérea que viene, según el Dante), a pesar de la que está cayendo, digo, no va a ser nada fácil reconducir a nadie al seso, que hoy es lírico bailable con dulzaina segoviana, fiesta nupcial, tarta y música de “lave su ropa con Persil”. Y luego a la luna de miel en las Tetas de Liérganes, montañas de ese bello municipio cántabro que no tienen la culpa de la visualización obscena de sus cerros por los ojos del macho alfa.
En esas estamos en este atorrante calentón de verano, si vis pacem para tetam. La ciudadana Amaral hizo el agosto el 12 de agosto cantando con ellas al descubierto para reivindicar a muchas otras que tal bailan, entre ellas a Rocío Saiz, a quien la policía detuvo sin camiseta cuando cantaba Como yo te amo durante la celebración del Orgullo en Murcia. Así que cuidadín con el Iñaki, cuidadito también con las canciones del Dúo Dinámico, tan sanadoras durante la pandemia vírica, pues ensalzaban cual pioneros “esos besos robados y tantas cosas”; y más cuidadín aún porque alababan la forma de bailar de Lolita, aunque todavía no iban en bolas con sus lolas.
Lo de cantar por las fiestas de verano de los pueblos en déshabillé, sin los avanzados y pícaros sujetadores Lola, está en su apogeo y en su apogineo. Adelante con las farolas. Esto no deja de recordarme cuando a mí mismo, sin destape siquiera, me vigilaba la policía durante mis conferencias (¿para ver si era tetudo?) durante la ominosa. Como fuere, semejantes melindres no llegan a los talones de las Femen, que van a la revolución social con las tetas fuera, como el robot Mazinger Z: hay que ahorrar munición, pues las trincheras se han vuelto bastante peligrosas.
De todos modos, la cosa viene de lejos, recordemos los primeros destapes, y a la actriz Susana Estrada allá por el 1978 recibiendo no sé qué premio político con un pecho fuera ante la mirada pícara y brillante de don Enrique Tierno Galván, el viejo profesor canalla, que sabía hasta latín. La fuerza de contagio ha llegado a ser tanta y tan arrasadora, que crece la expectación sobre si los próximos premios nobeles irán con sus pectorales al aire a recoger los premios, o marcando paquete con la minga fuera para reivindicar la dignidad de sus oficios. Si ellas enseñan lo suyo, ¿por qué no enseñamos nosotros lo nuestro? Ha llegado el día: las “animadoras culturales” de las barracas de feria entonan ya sus canciones del verano con las tetas al aire, más como mujeres esculturales que como mujeres culturales.
Yo mismo, a pesar de mi ostentosa panza, me estoy planteando acudir a los foros académicos para disertar con mi pajarita y mi torso flamboyantes. Digo torso, aunque eso ya suena demasiado carcamal, y la que se armaría si dijera que pretendo deleitar a mi público “con los senos al aire”, pues eso suena a una clase de trigonometría en Vetustilandia. Demasiado manoseo: el pulpo no debería ser animal de compañía, ni el tótem de la teta. Además, eso de lo de senos, cosenos, tangentes y cotangentes podría prestarse a segundas intenciones, pues seno es a co/seno lo que tangente a co/tangente, y nos importa tres senos que nos cierren la edición.
Ya sabíamos que la española cuando besa es que besa de verdad, y a ninguna la interesa ser besada por frivolidad. Este gárrulo Rubiales es un orangután, una vergüenza nacional, pero no sólo él, sino con él nación entera, porque eso del pico bilabial te puede caer encima en cualquier momento en que te descuides, ya sea boda, bautizo, entierro, o despedida de soltera. Rubiales es la representación de la España bilabial por la espalda.
De todos modos, se nos predica para edulcorar la mamandurria que una teta no es más que una teta, pero quiá, es el vidrioso ludibrio, la mente enferma del libidinoso la que pone en la contemplación de la glándula mamaria elementos eróticos desorbitados. Los muy cerdos lo primero que hacen es echarse las manos a los genitales para celebrar cualquier cosa, cual campeones del mundo de la zafiedad y de la ordinariez.
Reeduquemos la mirada infantil, sin pecado original, se nos dice como solución a esta hiperlibido machista. ¿Pero por qué cada vez que el adulto contraviene sus propios postulados pone a un niño por delante a modo de barrera expiatoria, con esa manipulación típica de los impuros? Hagámonos como niños, se nos propone, y, si no podemos, que las mujeres desaparezcan bajo el velo islámico para no escandalizar a los infantes. El problema es que eso de desexualizar la teta no va de consuno con la naturaleza animal, pues más tiran dos tetas que dos carretas, con perdón para Atahualpa Yupanqui, cuyo eje personal suponemos lo llevaba bien engrasado.
Al macho le pone todo, especialista en no ver lo visible y en ver lo invisible en estos terrenos espinosos. Nature has no malice, decían equivocándose los moralistas ingleses ilustrados, la naturaleza no tiene maldad. Pero ese pudor es falso. La naturaleza no es púdica ni impúdica, estuvo en las Guerras Púdicas y en las Púnicas. ¿Cómo explicar de otro modo qué se les había perdido a los españoles en la capital de Francia durante la España de la censura yendo en sus piojosos Seats 600 a ver El último tango en París, cuando Marlon Brandon estaba cachas? El macho ibérico no está siquiera a la altura del sabroso cerdo ibérico, rezuma sexo hasta por los tachines. Lo suyo no son las cochinadas de los cochinos, sino el gorrineo de los guarros, a no confundir: todo lo usa para dar rienda suelta a su impudor.
Siempre he dicho que me hubiera gustado poder elegir entre los dos sexos, pues casi estoy seguro de que me hubiera decantado hacia el gusto de ser mujer, aunque al rato me hubiera arrepentido y deseado regresar a la condición de varón. Pero me hicieron macho, y aquí estoy, me alegro de no haber sido hermafrodita, o de no ser un topo ibérico femenino, tan odiado por los agricultores castellanos por sus enormes testículos (los del topo o la topa, no los del campesino).