Víctor Hernández, uno de los novilleros más premiados recientemente, ya es un matador de toros. El Fandi ejerció de padrino y Javier Cortés de testigo en sustitución del convaleciente El Cordobés. Los toros de Virgen María cumplieron con creces, destacándose en nobleza que rozaba la bondad en el caso del 1° y el sobrero. Las reses cumplieron en el caballo. El público de La Estudiantil feliz y condescendiente con todo, lástima que no llenó ni la mitad del coso a pesar de que Guadalajara, la patria chica del toricantado está bien cerca. La presidencia sin criterio, se rendía al son del griterío. Las cuadrillas algo flácidas en general, sin nervio, no pendientes del quite.
Doblado (1° 1/19) fue un toro soñado. Recibido por una gran variedad de lances: una larga cambiada, tafalleras, afarolados, revoleras… La faena de la alternativa comenzó con pases cambiados de rodillas. El toro se arrancaba al primer toque y no veía más que el paño rojo. Más avanzaba la faena, menos distancia quedaba entre los contrarios. Las manoletinas, unos pases de rodillas, un desplante epilogaron la obra. La estocada que hacía guardia fue aplaudidísima por el respetable. Un aviso y otra caída y atravesada. Un trofeo. Imperdible (6°) fue sustituido por Vazqueño. Éste salió de la contienda completamente desorejado. Víctor Hernández aprovechó a placer otro toro excepcional. Los que aguantaron el aguacero pudieron ver pases largos que acompañaban una embestida suave, acompasada y noble. En cuando este torero olvide los lugares comunes del toreo actual y deje tanta parsimonia entre tanda y tanda, podrá conjugar el mando con la estética.
El Fandi es un valor seguro: allí donde está El Fandi, hay voluntad de sobreponerse a cualquier morlaco que salga por los chiqueros. Cangrejero (2° 1/19) desestribó al piquero en un certero arremeter y anduvo desarmando a los de a pie hasta que el diestro le puso en su sitio: con la cabeza ahormada, le dio largas tandas por ambos pitones, esquivando las tarascadas. Agilidad y dominio. La estocada defectuosa, entera. Un trofeo. No se agotó aquí el caudal de adornos, faroles, molinetes y otra bisutería taurina. El cuarto par de banderillas puso al respetable de pie. Boceto (4° 9/18) se quedó sin orejas, aunque el presidente concedió la segunda cuando al toro se lo llevaban las mulillas.
Javier Cortés siguió el tono de la tarde en adornarse y poner estocadas caídas y atravesadas. Soleares (3° 12/18) no paraba ni siquiera para tomar la vara. Con su empuje, sacó al jaco con su jinete casi al centro de la plaza. Javier Cortés construyó una faena en dos partes: una de tandas redondas, pases largos, garbosos a ambas manos; otra tirando del animal que se oponía protestaba. Con la muleta y la ayuda sobre el albero, Cortés dejó la faena por acabada. Una oreja. Su segundo, Lenitivo (5° 10/18), colaboró, sobre todo, por el pitón izquierdo. Los flexionados para dominar al astado y los naturales de firme trazo fueron jaleados por los tendidos. La estocada entera. Un trofeo.