Con las elecciones autonómicas catalanas a la vuelta de la esquina, Puigdemont y Junqueras pugnan por atraer el voto independentista con Pedro Sánchez como sparring. Ambos saben que el presidente en funciones está dispuesto a todo con tal de complacerles y ser investido. Yolanda Díaz ya prepara una amnistía de los condenados por el 1-O, que se presentaría como proyecto de ley con carácter de urgencia en el Congreso para saltarse al Consejo de Estado y al Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta. Pero, de momento, parece encallar en la fórmula para garantizar a los golpistas la celebración de un referéndum de autodeterminación. Pero sólo es cuestión de tiempo.
Junqueras ha aprovechado el fin de semana para recordar que la amnistía no es suficiente, mientras Puigdemont ha exigido llevar personalmente las negociaciones con algún dirigente de la coalición. Dicho y hecho. Deprisa y corriendo se ha apuntado Yolanda Díaz para visitar al prófugo en el Parlamento europeo para hacerse la foto con su posible socio. Y no hay que descartar que el propio Pedro Sánchez se reúna con el prófugo antes de la sesión de investidura. El presidente en funciones sabe que ahora más que nunca se tendrá que humillar ante los dirigentes secesionistas. Pero, a cambio, mantendrá la poltrona en Moncloa.
También es consciente de que para ello necesitará arramblar con la Constitución si quiere complacer a sus futuros socios, pues ninguna de las exigencias de Junts y ERC, además de las de Bildu y el PNV, es compatible con la letra y el espíritu de la Carta Magna. Ello no supondría un problema para el futuro Gobierno, pues ya concedió una amnistía encubierta a los condenados por el golpe de Estado con los indultos y la reforma del delito de malversación.
Pero, como decíamos, más que en la investidura de Pedro Sánchez, Junqueras y Puigdemont piensan en las elecciones autonómicas catalanas. Y ese escenario puede encarecer los pactos con el PSOE. Los dirigentes de Junts y ERC saben que el presidente en funciones es presa fácil por su adicción al poder. Y van a someterle a un tercer grado antes de apoyar su investidura. De ahí, la última astracanada del prófugo al exigir que acudan a Bélgica a rendirle pleitesía. Y Yolanda Díaz ya lo ha hecho.