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TRIBUNA

Amnistía

Juan José Vijuesca
miércoles 20 de septiembre de 2023, 19:31h

Permitan que no entre en el trazo fino de la cuestión. Prefiero ir al plumazo grueso. Nada de retórica ni disimulos que el tema se antoja claro y diáfano, o sea, en un castellano favorable al vocablo del que no precisa traductor. Del que se entiende a la primera.

Recuerdo una gráfica anécdota viajando en un tren de los años 70 entre Londres y Birmingham. Un acicalado caballero sacó de uno de sus bolsillos un exagerado puro haciendo ademán de encenderlo no sin antes, y de manera cortés, dirigirse a una dama de no menos charolada presencia. – Estimada lady, ¿le importaría si me fumo este puro en su presencia? La citada dama no lo dudó ni un instante: -En absoluto, caballero, mientras a usted no le importe que yo vomite”

Pedro Sánchez lo ha repetido cien veces como todo lo que promete y luego no cumple. Ahora con eso de mantener a cualquier precio sus posaderas en Moncloa nos advierte: “Sacaré de debajo las piedras los votos que necesito para gobernar.” Y por raro que parezca, en esta ocasión dice la verdad, que no es otra que su compulsiva traición a la España de casi todos y todas. La amnistía es el plato de lentejas que a Pedro en funciones le queda para socavar nuestra democracia y por ende cargarse la Constitución del 78, que para él resulta papel mojado. Es decir, quiere vender España al mejor impostor haciéndolo a cambio de un puñado de legumbres. Así, como suena, menospreciando a los españoles que, a la sazón, deberíamos ser los principales portavoces antes de celebrarse tal felonía.

Recalco lo de la vileza porque los españoles del 6 de diciembre de 1978 fuimos los principales actores de aquél referéndum para la ratificación del Proyecto de Constitución. El que suscribe, dicho con metódica humildad, presidió mesa y recuento cuyo resultado fue tan contundente como la respuesta de la dama del tren inglés. El 91,81% votó SI, frente al 8,19% que suscribieron el NO.

Ante tan magno ejemplo de democracia conviene resaltar la modélica conducta de las fuerzas políticas y civiles ante una transición tan llena de expectativas como de libertades. Y aquí seguimos dando sustento a cuantos votaron en contra o se abstuvieron, pero no por ello hemos dejado de ejercer de “pagafantas” a pesar de los improperios, desmanes y batucadas en contra de España y su Constitución. Y ahora llega don Pedro en funciones y quiere regalar la voluntad popular de manera unilateral y a fondo perdido. Ni en la época de Luis Candelas, que aun siendo famoso bandolero no abandonó su alianza romántica con la España de sus fechorías: “¡Adiós Patria mía, sé feliz!”, frase a modo de despedida estando al pie del garrote vil.

Por eso el ¡Basta ya!, que tan buen servicio presta para lo injusto en actos denigrantes, sería válido sacarlo en andas ante el ocaso de libertades que se cierne merced al afán de poder de Pedro Sánchez, como digo capaz de vendernos en el mercado de esclavos. Un país éste en donde la semilla de la prepotencia ha mutado el verbo y la obra, así como el juicio y la ley. En donde el concepto del entendimiento ha dado paso al modelo de la naturalidad irracional. Perdemos la identidad, la grandeza de nuestra historia, el ser español. Perdemos nuestro propio idioma, ese que lo hablan más de 600 millones de personas repartidas por el mundo entero. Se nos impone lo coercitivo a cambio de lo reflexivo. Lo blanco es negro sin ningún otro matiz porque ahora el anverso también es el reverso, de tal manera que a los prófugos se les llama “socios preferentes”; a los parados “fijos discontinuos”; al comunismo lo llaman “progresismo”; a la amnistía, un “alivio democrático”; al dinero público “barra libre”; al dúctil halago “cadena perpetua”; al Congreso de los Diputados “La torre de Babel” y a las personas correctas y de orden “los inadaptados”

La amnistía es la división de la cosa común. Esa y no otra es la finalidad de quienes tensionan el odio hacia España hasta que se rompa en pedazos el sistema constituyente para establecer una autocracia segmentada a capricho de los hostiles, vividores de lo ajeno y sórdidos de vocación movidos por la despiadada avaricia de un puñado de falaces apegados al poder omnívoro.

No es momento de flirtear ni con la esperanza ni con el devenir de la suerte. Se trata de evitar la mendicidad estableciendo de un modo apriorístico el uso de la razón y el entendimiento por ese gran lujo de permanecer siendo libres. No siendo así será la ruina. España será un nuevo país bananero. Por eso el ¡Basta ya! lleva consigo evitar la tropelía y la pérdida de libertad, esa misma que el profesor Enrique Tierno Galván, en una de sus clases en la universidad, les citara a sus alumnos: “Esta libertad que hoy ustedes disfrutan costó mucho sacrificio y lucha. No crean que fue regalada, y si no están ustedes alerta en cualquier momento les será arrebatada” .

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