Por los siguientes motivos y por otros muchos, y para llegar a entenderlos, necesito pedirles ayuda, que de antemano agradezco:
¿Es lógico y natural destruir el Planeta sin tener siquiera alguna alternativa de recambio?
¿Dónde queda el instinto de conservación de la humanidad?
¿Por qué hay tantos pobres, acaso los ricos esperan que aquéllos se resignen a morir de hambre y angustia?
¿A quién beneficia el consumo de drogas de todo tipo para las cuatro estaciones en una sociedad tarada?, ¿no son los primeros culpables los consumidores de las mismas?, ¿por qué no les basta vivir sin autodestruirse?
¿Por qué nos comportamos como voraces termitas o pirañas consumiendo todo lo que nos encontramos a nuestro paso, e incluso las despensas que habrían de reservarse para nuestros descendientes?
¿Acaso no hemos de dar un cambio de marcha hacia el eco/desarrollo sostenible?
¿Es que no nos ha enseñado nada, ni siquiera qué errores deben de ser corregidos para siempre?, ¿de qué nos sirven la historia, la experiencia y la memoria?
¿Cómo hubiera sido posible sin la complicidad de todos la interminable carrera de armamentos y guerras interminables que además dejan secuelas en el alma humana?
¿Cómo cierta de inmanencia se convierte en odio feroz contra la Trascendencia y en rabia contra los valores de humanidad en ella contenidos?
¿Tan poco valoramos la vida, el amor, la sabiduría, la amistad, el apoyo mutuo, en cuyo lugar nos atrapa la insolidaridad y el pesimismo?
¿Por qué nos entregamos jubilosos a la decadencia, con el consabido resultado de aquella pintada en una pared en Mayo del 68, “Dios ha muerto, el hombre ha muerto, y yo no me encuentro nada bien”?
Comprendo que no toda la gente del planeta Tierra se encuentra en condiciones de entender a estas alturas del siglo XXI lo que nos está pasando fuera y ni siquiera dentro de cada uno, pues las causas de esta situación son complejas. Hay también quienes carecen de capacidad mental, otros que no saben poner en orden su identidad afectiva, los terceros que no desean hacer el esfuerzo suficiente, o que ni siquiera han podido ir a la escuela, y no pocos a quienes las circunstancias vitales se lo han impedido, tantas situaciones como personas que lisa y llanamente no tienen ni la menor idea de las causas profundas de cuanto pasa en el mundo, que no entienden la existencia, y que ni siquiera se preocupan de saber por qué ocurre lo que ocurre, ni de por qué no ocurre lo que no ocurre. Esas personas están ahí cual Dasein seriado que se repite generación tras generación igual que el color de las hormigas.
La vida es para ellas cuestión de inercia; sufren tragedias, aunque no las viven como tales, pues carecen de sentimiento trágico de la vida (que no es desesperación), y pese a todo manifiestan irrefrenable alegría de vivir y confianza en aquello de lo que no habían desconfiado, porque bastante tienen con sobrevivir cada día, y por eso ni siquiera se plantean participar personalmente en orden a la creación de un bien común. Para ellas las cosas son como son, las personas también, y los terremotos o maremotos igualmente. Estar es aquí lo mismo que ser, y tanto el ser como el estar son entendidos como lo inexorable, lo que no puede ser de otro modo. Se adaptan a los grimorios por desentrañar y a los galimatías por descifrar: complicaciones las justas. La vida no ofrece apenas ningún interés para estas gentes, hacen huelga de brazos caídos, e incluso se enfadan cuando se les invita a aprender, pues infortunadamente no saben que han nacido para eso.
Por otra parte tampoco me siento capacitado para entender semejantes visiones de las vidas voluntariamente vegetalizadas. Después de haber pasado la vida tratando de aprender, no me encuentro en condiciones de saber por qué las escuelas y los centros de enseñanza son en general incapaces de actuar con la suficiente litotricia o fuerza para destruir las piedras que obturan el camino del saber. La mayoría de las escuelas no enseñan ni el diez por ciento de lo que deberían, y ni siquiera lo necesario para abrir las mentes abotargadas y los corazones caprichosos de los escolares.
Desde luego no logro descifrar los motivos por los cuales parecemos indiferentes ante los malos ejemplos que da la vida misma, desde los familiares más cercanos, hasta los estatales incapaces de propiciar el bienestar de sus ciudadanos. Si existe un Apocalipsis, los maestros vamos a tener que hacer acopio de inventiva para podernos defender de él.
Ahora bien, pensando en el mañana que ya ha comenzado, ¿acaso no está en nuestras capacidades la posibilidad de hacer algo que no sea llegar ebrios a la cita, ni abrirnos las venas? El incremento del acoso escolar, el bullying, hostigamiento, o violencia referido al uso repetido y deliberado de agresiones verbales, psicológicas o físicas para lastimar y dominar a otro niño sin haber sido precedidas de provocación y sin que la víctima tenga posibilidades de defenderse, produce baja autoestima, inseguridad, disminución en el rendimiento, deserción, aislamiento y dificultad para la socialización, represión, ansiedad y, en casos muy graves, homicidio o suicidio con actos de violencia extrema. Tamaña forma de acoso no viene sola ni surge por casualidad.
¿Por qué influye tanto en los pequeños todo lo dicho? Porque el alma del niño está desprotegida y resulta pasto fácil de seducir. Los niños tienen gran importancia como futuros consumidores, por eso las estrategias publicitarias generan en ellos una fuerte dependencia hacia el marquismo y el plusmarquismo compulsivo. Hay series que se crean para promocionar un juguete determinado. Los niños no descubren la intención persuasiva de los anuncios, ni la diferencia entre lo verdadero, lo símil y lo inverosímil, siendo especialmente sensibles a la idea de que quien no posee el producto publicitario es un perdedor, alguien menos querido que los demás.
¿Cómo hacer ante la infoxicación o intoxicación de la información manipuladora?, ¿Ppor qué a las cadenas de televisión, periódicos y medios en general sólo parece interesarles ganar audiencia a costa de lo que sea?, ¿por qué sexo a todas horas, violencia, concursos banales, películas degradantes, fútbol a mansalva, si todo eso es desfondante y sin fundamento, chabacano, y lo burdo toma el mando para pasar el rato? En esta máquina de picar carne humana los contenidos machacones son telebasura, desde los reality shows hasta los debates escandalosos con repetición de la misma fórmula: vender morbo disfrazado de interés público, sin que nadie allí pretenda educar. La televisión hipnótica configura durante horas y horas miradas pasivas e idolatras cautivadas sin argumentos sólidos e inteligentes, las exhibiciones de mal gusto las vemos en cadena, imperio audiovisual y apoteosis de lo ambiguo y de lo falso.
Sin dejar de ser adultos y padres, tendremos que seguir intentando hacernos niños y nacer de nuevo para renacer a lo mejor de nosotros mismos y de los demás, aquello que todavía late en nosotros cuando menos lo esperábamos. Sin los demás, no podríamos gestionar otras cosas que también nos gustarían.