La corrida mandada por la ganadería de Victorino Martín fue escogida con esmero: casi todos los toros de la misma camada, y de iguales hechuras. Listos, observadores y bastante celosos. Los seis toros demandaron las lidias y las faenas que se amoldasen a sus exigencias, y los diestros pusieron todo su valor y su saber para que la tarde fuera memorable. Los enfrentamientos de tú a tú fueron constantes. Los bichos empeñados en abreviar la faena, quitando al diestro de por medio, llenaron el ruedo de Las Ventas con el toreo de verdad. Sincero. Se agradece una pizca de sana rivalidad entre la terna: no hubo un solo toro sin quite. Entre los subalternos destacó J. Ángel Muñoz ‘Perico’, atento a los quites. El presidente se gustaba en el palco alargando hasta el momento del enganche la concesión de los trofeos. Desgraciadamente, no fue el único motivo de protesta.
Todo comenzó cuando Pedro José Morales, el picador, puso la vara a Gardacho (1° 12/18) , que se acercó andando y le dejo con todo el brazuelo abierto. El toro lesionado cambió a la defensiva y perseguía al diestro detrás del engaño. Román cosechó una gran ovación por llevar al victorino prendido de su capote. La faena compleja y arriesgada al toro escurridizo, que se ceñía en cada pase. Román apostó fuerte por domeñar al morlaco y fue empitonado. Lo demás fue una gesta: entró a matar con un torniquete puesto. Gran ovación mientras le llevaban camino a la enfermería.
Borja Jiménez se quedó de director de la lidia y apechugó con tres ejemplares de la A coronada. Magnifica tarde del torero: no solamente hizo las cosas bien, dándoles relieve, sino dio a todo un matiz personal. A los tres toros les descifró, les encontró el sitio y la altura para que cedieran ante su muleta. A Paquecreas (2° 12/18) Borja le descubrió el pitón izquierdo para llevarlo ceñido a la cintura por naturales. La brevedad en cuadrar y una oreja tras aviso. Patero (4° 2/18), altivo, largo y armado. El espada le ahormó con la muleta baja a trincherazos y llevó por naturales y derechazos hinchados de emoción. Un desplante en la cara del negro torazo. Tocó pelo tras aviso. Con Plazuelo (5° 12/18) siguió la estela de Valadez y se fue a la porta gayola. Con el triunfo asegurado, Borja Jiménez no cedió, no se amilanó, buscando atajos. Coronó su tarde con otra faena, enroscando al Victorino por la cintura. Imponiéndose al natural y mirando al tendido. El tercer trofeo. Es de destacar e insistir en la maestría que mostró Borja a la hora de la verdad: ponía a los toros en suerte con un solo y único pase, prolongación del muletazo al natural. Inolvidable.
Leo Valadez supo resolver las trastadas de Gallareto (3° 12/18) con torería. Ideó una faena por ambas manos, sobreponiéndose a las trastadas del animal y no dejándose desarmar a pesar de los fuertes cabeceos de su enemigo. Una obra de mucho mérito. Una estocada atravesada no hizo mucho daño, descabelló a la primera. Recibió a Venadito (6° 1/19) a porta gayola y suavizó la embestida descompuesta. Valadez no vio claro las cualidades del astado y la faena no llegó a adquirir la ligazón: el victorino anduvo amenazante en terrenos que no le gustaban y tomaba la muleta a la altura que no era de su agrado. Una media docena de intentos con el estoque.