Desde Hispanoamérica, también tenemos algo qué opinar al respecto. La prematura y atropellada designación del Mundial 2030, solo corona un proceso complicado, opaco, sí, donde la FIFA parece embrollarse en su propios principios, en sus propias palabras y no sacia su voracidad. Queriendo quedar bien con todos, no parece satisfacer a plenitud las aspiraciones de nadie.
Desde luego, puede celebrarse que sucediera la designación de los ganadores. Tanto de los que emprenderán la mayor parte del torneo, como de los países que serán periféricos en su celebración. Quién sabe de dónde alguien ha sacado que a la afición mexicana le ha molestado la designación, y afirmo que sí le ha sorprendido los confusos términos de tal. A un país que será pronto tres veces sede mundialista, no tiene motivos de queja por los futuros anfitriones de 2030. Yo no los he escuchado. Un “¿por qué a ellos?” no conozco y no veo razones para oponerse o quejarse. Por lo demás, México guarda excelentes relaciones con los 6 países designados y, por mí, en lo personal, me alegra que consiguieran la nominación.
En cambio, sí es verdad que la decisión de FIFA se muestra despatarrada, con más preguntas que certezas y eso que se lee, se aseguran cosas que todavía no constan. Algunos medios españoles sí que han cuestionado soterradamente la asignación a países sudamericanos. Otros, han sido más sensatos haciendo ver que el pastel se reparte entre más y dado el gigantismo que la propia FIFA ha provocado con 48 selecciones, no garantiza dividendos mejores, justo por esa repartición de sedes. No se aclara cómo puede ser exitoso jugar un solo partido en los países de América del Sur y que la fase de grupos concluya en el Viejo Mundo, exitosa, sin machacar a los jugadores haciéndolos brincar de continente a continente para su siguiente encuentro en la cancha, pasando del invierno austral al sofocante verano boreal, dándoles más días para adaptarse a horarios y clima.
Para quienes dicen que es una farsa para Conmebol la designación de solo unos cuantos partidos con sabor a migajas, no yerran del todo. En lo tocante a Marruecos, sorprende su designación cuando apenas hace unas semanas se decía que la catástrofe del terremoto sufrido recién, costaría 30 años remontarla, con lo cual es extraña e inaudita la inclusión del país y suena más a injusta. Si fuera por lo estrictamente deportivo, tendría mucho más mérito Argentina, campeona del mundo en 2022, que la semifinalista Marruecos, que pinta más a ser flor de un día, sin olvidarnos de su añeja vocación buscando ser sede africana, al menos, desde que se planteó la sede de 2002. Todos los involucrados tenían méritos, como para que ninguno alardee más que los demás, sin ser así, soberbio y petulante.
En esta ocasión, es para mí un honor darle la palabra y agradecerle que aceptara compartir su sentir, a Juan Manuel Abraldes, periodista deportivo argentino, quien desde Buenos Aires nos adelanta una visión puntual y certera sobre el particular.
“El Mundial de Fútbol es una de las máximas citas deportivas del planeta. Lejos de conflictos bélicos que nos entristecen, condenamos y nos llenan de incertidumbre, el deporte, como los Juegos Olímpicos (con su espíritu de hermandad y paz) nos unen en una ilusión y comunión planetaria. En casi todas partes de la Tierra, quienes lo siguen apasionadamente, olvidan toda diferencia y se abrazan a sus banderas, más patriotas que nunca. Obviamente, que no podemos dejar de lado que hay un negocio detrás: para la FIFA, organizadores, televisión, sponsors, etcétera. Pero a la hora de rodar la pelota, nace la pasión que une familias, amigos y países hermanos en un abrazo sincero. Ahora, esta decisión de hacer la Copa del Mundo en seis países y tres continentes, lejos de justicia u homenajes, termina de "manchar la pelota", decir es todo lo contrario de lo expuesto por uno de sus máximos exponentes como Diego Maradona, cuando al retirarse, por diversos motivos, sentenció: "la pelota no se mancha". Quiso decir que fuera de la cancha podía haber miles de situaciones que empañaban el deporte... hasta que el esférico comenzaba a rodar. En ese momento, eran once contra once en busca de la gloria eterna para su país.
En 1930 se jugó el primer Mundial en Uruguay, donde participaron trece equipos. El anfitrión y Argentina jugaron la final, quedando el trofeo para el país local. En 2030, en recordatorio a ese momento, cumpliéndose un siglo de aquel hito, en Sudamérica estaba el sueño de que aquellos finalistas de la primera edición, organizacen el certamen, nuevamente (Argentina lo hizo en 1978). Es obvio que la situación socio-económica de la región no es la ideal para la FIFA, ávida de recaudar. ¿En cuánto debería salir una entrada para que sea negocio? ¿Cuántos argentinos y uruguayos podrían llenar los estadios? ¿Cuántos europeos se animarán a viajar al sur del planeta? ¿Cómo sortear cortes por protestas sociales o inseguridad complicando la movilidad de planteles y turistas? Los números no cierran para la entidad madre del deporte. Lo sensato era dejar el Cono sur americano para otra oportunidad, pero no. La FIFA eligió pinchar el balón, destrozarlo, para tratar de quedar bien con quiénes más podía. Entonces, le dio dos partidos inaugurales a aquellos finalistas sudamericanos, otro a Paraguay ¿Por? Es la sede de la Confederación Sudamericana de Fútbol. Otras a la península Ibérica, así Portugal tenía su primer certamen; más España, donde están muchos de los jugadores más valiosos, y Marruecos, para integrar a África por segunda vez, en una elección hipócrita. Por ende, en el Mundial 2030, la pelota rodará por Sudamérica, África y Europa, por diversos intereses lejos del juego en sí, y en ese largo andar, entre tanto camino por recorrer sobre cantidades de polvo, la pelota, se terminará manchando”.
No puedo sino suscribir sus palabras. Y falta ver el insondable resultado logístico del Mundial 2026 que no promete del todo, como para complicarla en 2030. La cobertura de la designación ha dejado mucho qué desear, con encabezados que callan la lista completa de anfitriones. Y hay mucho por hacer. Unos a remozar estadios y ampliar aforos. Otros, a construirlos. Sacar a Chile de la contienda sí suena humillante, como dudar de si para entonces, existirá España. Burradas. Un medio mexicano ha apuntado que la FIFA incumple sus compromisos de emisión reducida de carbono con los traslados transatlánticos que provoca su decisión, amén de las distancias y los ajustes de fechas que prolongarán el Mundial entre el 8-9 de junio al 21 de julio, sin una sede de la final, definida, pese a que se asegure que será Madrid. FIFA y Marruecos no lo ven a sí. Se definirá en 2024. Nos queda la candidatura anunciada de Arabia Saudita, igual de atropellada con la guerra en sus fronteras y a saber el panorama de 2034. Mas como FIFA reclama rotación continental… Eso sí, este centenario ha sido tan opaco como lo fue el de 1996 para los Olímpicos. Tal vez, el tiempo nos revele las marrullerías que hay detrás de la asignación, como las hubo para los Juegos de Atlanta. Al tiempo.
Rinconete. La guerra entre Israel y Hamás no pasa desapercibida. El entuerto seguirá. La semana entrante abordaré lo tocante a México, donde una desfachatada oposición lucra con el tema sosteniendo burdas tonterías mezquinas.