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La amenaza del paro

José Carlos Rodríguez
lunes 04 de febrero de 2008, 21:15h
Este lunes se nos atragantaba el desayuno con el peor dato de paro en 24 años: 132.378 personas han sido arrojadas a las colas del INEM en el mes de enero, en línea con la situación que mostró la última encuesta de la EPA; y le estallan a la cara al Gobierno cuando queda apenas un mes para las elecciones generales. No hay que ser un as del análisis económico para ver que la situación es preocupante, pero su verdadero significado parece que se le escapa a muchos, Gobierno incluido.


En los últimos meses han crecido a la par el empleo y el paro. Parece contradictorio, pero no lo es si pensamos que, simplemente, hay más gente que está buscando trabajo. Unos lo consiguen y los otros aparecen en las estadísticas del paro. Esto es típico de las épocas de bonanza, cuando las buenas perspectivas animan a muchos a entrar en el mercado laboral. ¿Por qué ocurre ahora, cuando los españoles encuestados por el CIS dicen que la situación de la economía va a empeorar y su primera preocupación, junto con el terrorismo, es el paro? Porque esa misma situación es la que nos asusta y está forzando a muchos españoles a lanzarse al mercado de trabajo para generar ingresos mientras se pueda.


Lo malo es que a nuestra economía le cuesta crear empleo más de lo que parece. Desde 1995 hemos podido hacerlo porque hemos encadenado una docena de años con alto crecimiento económico, pero cuando volvamos a ritmos cercanos al 2 por ciento, y no habrá más que esperar un año, en lugar de crearse empleo se destruirá. Y esto está a la vuelta de la esquina. El lunes se sabía también que el número de afiliados a la Seguridad Social caía en enero en más de 200.000 personas. Átense los machos, que van a ser legión los que se encuentren en la calle sin comerlo ni beberlo.


¿Por qué cuesta tanto al mercado español crear empleo? Porque es uno de los mercados laborales más reprimidos del mundo, una herencia del paternalismo franquista que nadie, aunque sea en nombre de la memoria histórica, se ha molestado en cambiar. No lo hizo el PP, con Zaplana de ministro de la cosa, que se arrugó ante la sugerencia de la advertencia de la amenaza de huelga por los sindicatos, si liberalizaba los contratos. Y no lo ha hecho el Gobierno socialista, que no le tiene menos temor a hacer que el mercado funcione en las relaciones entre trabajadores y empresas. Súmese a ello que las cotizaciones a la Seguridad Social son un impuesto al trabajo, y el nuestro es muy alto.


Por desgracia tendremos que llegar a la tragedia para que los políticos se armen de valor, sean sinceros con los ciudadanos, y tomen las medidas que todos los analistas, desde todos los foros, recomiendan para nuestro mercado de trabajo. Claro, que entonces será ya tarde.

José Carlos Rodríguez

Director del Instituto Juan de Mariana.

JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ es director del Instituto Juan de Mariana.

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