www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La caída de Nagorno-Karabaj: (La Rusia de Putin pierde sus posiciones en el Cáucaso)

lunes 16 de octubre de 2023, 20:08h

En mi artículo del 2.12.2020, publicado en este periódico, bajo el título “El gambito caucásico”, acerca de la entonces guerra entre Azerbaiyán y Armenia, he explicado con muchos detalles los pormenores de aquel conflicto bélico entre estos dos importantes países del Cáucaso del Sur.

Aquel enfrentamiento armado, de hace pronto tres años, duró 44 días y fue la segunda guerra entre las dos ex repúblicas soviéticas. La “primera” guerra había empezado en 1988, cuando Azerbaiyán y Armenia todavía formaban parte de la extinta URSS.

Ha durado más de cinco años y su fase más caliente tuvo lugar en los años 1991-1994, cuando ambas repúblicas soviéticas, después del descalabro de la Unión Soviética (a finales de 1991), se convirtieron en dos países independientes. (Las causas del enfrentamiento armado de entonces, entre las dos Repúblicas Socialistas Soviéticas que formaban parte de la URSS, lo he descrito detalladamente en mi libro: “La Caída del Imperio Soviético”, publicado por la editorial madrileña ACTAS, en 2021).

Todas las batallas en aquel periodo se habían desarrollado por la disputa sobre el territorio de Nagorno-Karabaj, un enclave dentro del territorio de Azerbaiyán con una predominante población de origen armenia. Son tierras santas para los armenios, que por los caprichos históricos – guerras y revoluciones ocurridas en la zona a lo largo de los siglos – se quedaron aislados de su madre patria Armenia, rodeadas por la población azerí, de una religión musulmana hostil a la cristiana de los armenios.

Aquella “primera guerra” por Nagorno-Karabaj terminó en mayo de 1994, con una relevante victoria de las milicias armenias, que habían logrado no sólo defender el territorio del “enclave”, sino conquistaron cerca del 9-10% del territorio de Azerbaiyán fronterizo con Nagorno-Karabaj.

Este “status quo” ha permanecido intacto, a pesar de todos los intentos de Azerbaiyán de cambiarlo a su favor, hasta el 27 de septiembre de 2020, cuando el ejército azerí atacó inesperadamente a los territorios ocupados por Armenia en la guerra anterior y también al propio Nagorno-Karabaj. Esta guerra recibió el nombre de la “segunda guerra de Karabaj” y las tropas azeríes, esta vez, han logrado una victoria contundente, ya que Azerbaiyán se había preparado muy bien para su guerra de “reconquista”.

El ejército azerí recibió el más moderno y sofisticado armamento, suministrado por su aliado Turquía, y al mismo tiempo sus soldados y oficiales fueron sometidos a un adiestramiento de acuerdo con los modernos “cánones” vigentes en todos los ejércitos de la OTAN, cuyo miembro es Turquía.

A propósito, en esta “segunda guerra de Karabaj” por primera vez fueron utilizados los drones turcos por las tropas azeríes, con un éxito y eficacia que permitieron a las tropas de Azerbaiyán, en un mes y medio, a recuperar los territorios perdidos en la “primera guerra” y conquistar parte del propio territorio de Nagorno- Karabaj.

Las tropas azeríes, incluso, podían haber llegado a tomar todo el territorio del enclave armenio, pero tuvieron que pararse en su ofensiva triunfal, debido a las presiones por parte de los países que formaban el grupo de los “Acuerdos de Minsk”, cuya misión era mantener el “status quo” y la paz en la zona: Rusia, EE.UU y Francia. Especialmente Rusia, la única del “Grupo de Minsk”, que tenía la potestad de garantizar el alto el fuego y la paz entre las partes beligerantes, por medio de un contingente militar establecido en puntos clave dentro y alrededor de Nagorno- Karabaj.

¿Qué ocurrió y por qué Rusia, teniendo un destacamento militar en la región, no había cumplido su misión y permitió que se estallara la nueva guerra armenio-azerí? Lo explico detalladamente en mi artículo, mencionado anteriormente, y por tanto no lo voy a repetir aquí, ya que a los que interesa conocer el asunto más a fondo pueden encontrar y leer el artículo mencionado: “El gambito caucásico”. Únicamente destacaré algunos aspectos más importantes de aquellas conclusiones mías.

Putin estaba tremendamente enfadado con el entonces primer ministro armenio, Nikol Pashinián, quien había desbancado del poder en Armenia – por medio de la “revolución naranja” – a los anteriores líderes armenios, Kosherián y Sargsián, dos amigos personales de Putin y unos títeres políticos del Kremlin, que mantenían en Armenia un régimen corrupto y represivo calcado del de Putin en Rusia.

Para vengarse, el presidente ruso había decidido no intervenir, cuando las tropas azeríes atacaron Nagorno-Karabaj. Con la supuesta derrota de las tropas armenias, abandonadas por Rusia a su suerte, Putin pensaba crear problemas a Pashinián dentro de su propio país, incluso, esperando que la indignación del pueblo armenio por la derrota en Nagorno-Karabaj desbancaría al propio Pashinián del poder y presentaría a los amigos de Putin y sus seguidores la ocasión de volver a gobernar Armenia. Pero no ocurrió y Nikol Pashinián se mantuvo en el poder, siguiendo la aplicación de las reformas con fin de convertir a Armenia en un país más democrático, menos corrupto y más abierto al mundo que cuando lo gobernaban los corruptos amiguetes de Putin.

La derrota armenia en la “segunda guerra de Karabaj”, ha permitido a Turquía, por primera vez desde hace más de cien años, entrar a jugar un papel directo en el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, en detrimento de Rusia, que hasta ahora tenía bajo su control total toda la zona. Es que, por primera vez, en el grupo de observadores del alto el fuego, fueron admitidos, bajo la exigencia de Azerbaiyán, los oficiales turcos.

Este hecho significaba que la Rusia de Putin estaba empezando a perder su dominio total en esta región del Cáucaso, un dominio que a los Zares de Rusia les había costado conseguirlo durante varios siglos de guerras con los pueblos locales y con Turquía, el principal contrincante en el área.

Los bolcheviques, los herederos del Imperio Ruso, mantenían este dominio con la misma mano dura que los zares. Y quien podía imaginar, que dos siglos más tarde un “gran estratega kremlineano”, por sus enfados y venganzas personales, haría perder a Rusia la influencia en la tan importante zona del Cáucaso del Sur a favor del eterno enemigo turco. Este fue el resultado principal de la “segunda guerra de Karabaj”.

Pero, todavía no fue la pérdida del dominio absoluto, sino parcial. La pérdida del control total vendrá con la “tercera guerra de Karabaj”, que ha empezado hace muy poco, el 19 de septiembre de este año, con el bombardeo por las fuerzas armadas de Azerbaiyán de la capital del “enclave”, la ciudad de Stepanakert. Los azeríes llamaron su intervención militar “una operación antiterrorista”, cuyo objetivo fue el desarmar a las milicias de Nagorno-Karabaj. Y, realmente, no fue una guerra, ya que había durado menos de 48 horas.

En esta ocasión, las fuerzas armadas armenias no tuvieron tiempo ni entrar en acción, ya que los combatientes de Nagorno-Karabaj se rindieron en seguida, sorprendidos por la inmensa superioridad de las tropas atacantes y una total pasividad del contingente militar ruso en la zona, cuya misión era, precisamente, prevenir una agresión de este tipo de parte del ejército de Azerbaiyán.

Armenia tampoco movió sus tropas, viendo la “traición” de Moscú y la imposibilidad, esta vez, enfrentarse con éxito contra las tropas azeríes muy superiores a las fuerzas armadas armenias. Bakú se había preparado muy fuertemente durante los últimos tres años, pasados desde la “segunda guerra de Karabaj”, con una amplia ayuda de Turquía, que había decidido seguir metiendo su cuña en esta estratégica región del Cáucaso del Sur.

Así que, Turquía, moviendo hábilmente a su peón azerí, ganó finalmente la partida del ajedrez político-militar a su eterno rival ruso, acabando el “gambito caucásico” que había durado varios siglos.

La pregunta es: ¿Por qué Putin no movió sus figuras y permitió a su rival ganar tan fácilmente el final del partido? Es que bastaría con que los soldados del contingente “pacificador” ruso, instalado por el perímetro de Nagorno-Karabaj, hubieran ofrecido la resistencia, dando a entender al dúo turco-azerí que Rusia estaba dispuesta a mandar sus tropas a la región para proteger a su aliada Armenia, que forma parte de la “Organización para la Seguridad Colectiva” (junto con Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Tayikistán y Kirguizia), para que Azerbaiyán no se atreviera a atacar a Nagorno-Karabaj.

La respuesta tiene varios componentes, tanto personales como políticos. En primer lugar, Putin estaba de nuevo cabreado con el presidente armenio. Es que Pasninian, viendo la pasividad de Rusia en la defensa de los intereses políticos de Armenia en el ámbito tanto interno como externo, empezaba a buscar apoyos por otros lados, intentando cierto acercamiento a la Unión Europea y a los EE.UU.

Entonces el dueño del Kremlin había decidido castigar al presidente armenio – lo mismo y por la misma razón lo que hizo, en su momento, en Georgia (en 2008) y ahora lo está haciendo más brutalmente en Ucrania – dejando a Armenia sin apoyo en el conflicto en Nagorno-Karabaj. En segundo lugar, Putin, metido de lleno en la devastadora para el ejército ruso guerra en Ucrania, no tenía suficiente fuerza militar para enviarla en la defensa de su aliada Armenia. Y, en tercer lugar, el presidente ruso está demasiado comprometido con Turquía, que hoy en día desempeña el papel del único interlocutor directo de Putin aislado y rechazado por la mayoría de las potencias democráticas a causa de su descarada agresión a Ucrania.

Una vez caído Nagorno-Karabaj en manos de Azerbaiyán, Rusia ha perdido el “pretexto” para seguir manteniendo su presencia en el suelo azerí y tendrá que retirar su contingente militar del territorio de Nagorno-Karabaj, estacionado allí bajo el paraguas de la “fuerza pacificadora”. Con ello, la presencia rusa en Azerbaiyán y su influencia sobre esta ex república soviética finalmente se reducirá al cero.

Pronto vendrá el turno de Armenia, que, viendo la “traición” de Rusia, redoblará sus esfuerzos para reducir su excesiva dependencia de Moscú, tanto económica como militar, y ampliará los lazos con la Comunidad Europea – principalmente con Francia, donde vive una considerable diáspora armenia – y con los EE.UU. Por tanto, más pronto que tarde, Rusia perderá su control centenario en un país cristiana, cuyo rito es muy próximo al “ortodoxo ruso”.

El único país en la región, que todavía queda bajo el control y la influencia del Kremlin, es la también cristiana Georgia, donde Rusia tiene instalado un contingente militar en los territorios de las autoproclamadas repúblicas separatistas “prorrusas” de Osetia del Sur y de Abjasia, cuya misión es impedir a Georgia recuperar estos territorios por la fuerza, como ocurrió en agosto de 2008. Pero estoy seguro de que esta situación no durará mucho tiempo. Conozco muy bien a Georgia – estuve allí muchas veces – y he visto que la mayoría de la población georgiana tiene bien claros sentimientos anti rusos, lo que, curiosamente, de momento no está reflejado en la política pro Putin del propio gobierno georgiano

Una vez derrotada Rusia en la sangrienta guerra en Ucrania, estas tendencias anti rusas ganarán en Georgia y el país recuperará su integridad territorial, echando fuera de sus legítimas fronteras a los ocupantes rusos. Es sólo cuestión de tiempo. Y con ello Rusia perderá su último eslabón en la cadena del dominio en el Cáucaso del Sur.

Así que, la agresiva política imperialista de Putin y su guerra en Ucrania, en lugar de reforzar la influencia y la presencia de Rusia en los territorios de su entorno, está llevando al país a retroceder de sus posiciones geoestratégicas en las regiones, donde permanecía durante siglos.

También será un comienzo de la pérdida de la influencia de la Rusia putinesca en el mundo entero y, posiblemente, de su integridad como país. Como, en su momento, la guerra en Afganistán había precipitado el descalabro de la URSS.

La Historia no perdona las agresiones y los crímenes de guerra. Siempre viene el castigo. Como en la famosa obra del gran escritor ruso, Fiódor Dostoyévski: “Crimen y Castigo”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios