¿Por qué los españoles comunicamos tan mal?Comunicamos menos bien de lo que nos creemos porque en las escuelas esta asignatura no se explicó, ni siquiera en las de Periodismo. De niños no nos hacían salir a la pizarra a diferencia de otros países, porque es una escuela menos participativa, porque nuestra relación con el profesor era escuchar y luego escribir y devolverle nuestra respuesta por escrito.
¿Hay quien nace con ese don?Gabriel García Márquez dice que las personas se dividen en las que saben contar historias y las que no saben contar historias. Además de las dotes naturales es muy importante el microclima familiar, laboral y escolar, que puede hacer que surjan buenos comunicadores de forma espontánea.
¿Cómo se está comunicando sobre la “primera gran crisis de la mundialización”?La crisis se está comunicando de manera deficiente, a mi juicio. Se está creando una especie de crisis psicológica añadida por un exceso de alarmismo. Me sorprende ver a una veterana comunicadora en un programa de máxima audiencia diciendo que tendremos que guardar los ahorros debajo del colchón como nuestros abuelos. Es un riesgo y, sin embargo, es una gran oportunidad para que los medios recuperen credibilidad.
A micrófono cerrado solemos escuchar expresiones, véase el “coñazo” de Rajoy, que, si bien parecen una metedura de pata, humanizan al personaje político. ¿Cree que hace falta más lenguaje coloquial o lo considera un error?Creo que no hay que dramatizar ese incidente. En general, los políticos y los empresarios en España le tienen respeto a los micrófonos y han de pensar que pueden estar grabando o transmitiendo siempre. En este caso concreto, la capacidad de comunicación de Rajoy es muy alta, está por encima de toda duda y es uno de los mejores parlamentarios de este país.
¿Rajoy interpretó el papel de Nixon en el debate que usted moderó?Las comparaciones siempre son complicadas, creo que los dos estuvieron muy bien. Hay quien piensa que Rajoy hubiera ganado el debate por la radio porque la imagen tiene una gran importancia. Personalmente, no comparto las encuestas que dieron, incluso en medios de comunicación conservadores, una victoria abrumadora a Zapatero. Creo que fue un relativo empate técnico.
Aquel debate fue positivo por novedoso, pero, ¿cree que estuvo a la altura? Fue un debate que estuvo bien. Probablemente se pueda hacer otro con mayor calidad pero hay que desmitificar los debates norteamericanos. He seguido atentamente los tres debates entre Obama y McCain y el primero y el tercero han sido como el español, sólo el central fue diferente. Estuvo interesante, los candidatos paseaban por el escenario y se admitieron preguntas de votantes indecisos vía mail. Creo que lo podríamos incorporar.
En su libro, alaba la figura de Alfonso Guerra en su papel de mano dura del Ejecutivo e Felipe González.Alfonso Guerra pagó el premio de ser el número dos de cualquier partido. El secretario general siempre tiene que dar las malas noticias y ser el azote del partido de enfrente, pero es verdad que Guerra era y es un personaje muy ingenioso y muy culto, con una capacidad de generar titulares como pocos. Quizá esté emergiendo ahora Esteban González Pons como una persona capaz de generar titulares.
¿En qué falló Aznar?Aznar tiene un corte a mitad de su legislatura que empieza con la boda de su hija en el Escorial. Después viene el Prestige, algunos desaciertos de sus ministros como el euro que le tira rodando por encima de la mesa Federico Trillo a una periodista, etcétera. El desconcierto del 11-M fue, por encima de cualquier otra consideración política, un caos informativo.
Actualmente la televisión es su vida. ¿Cree que el periodismo se ha perdido en este medio?En la televisión se hace mucho periodismo. Me gustaría desde luego que hubiera más contenido periodístico, pero lo hay. En este momento, hay varias cadenas que ofrecen constantemente noticias, por tanto, la presencia informativa es muy alta.
¿Qué poder real tiene la Academia en los contenidos?Poco. En crear y favorecer una ética y un sentido responsable en los profesionales, bastante, y en eso estamos.
¿Qué espacios le parecen más sobresalientes en la televisión actual?Me gusta mucho Informe Semanal, un programa de reportajes con un formato que lleva tantísimos años y se mantiene firme en sus modelos informativos. Y me gustan todos aquellos telediarios que no han desnaturalizado el producto, es decir, que no han hecho demasiadas concesiones a espacios más propios de un magazine.
¿Tenemos la televisión que merecemos?Tenemos una televisión mejor de la que percibimos, el problema es que muchos programas muy aceptables están demasiado escondidos en la parrilla, demasiado alejados de las horas principales, demasiado metidos en la madrugada. Tengo la secreta esperanza de que, cuando haya más cadenas, algunos de sus buenos espacios vayan a horas más asequibles, sin desafiar al sueño.
¿Es partidario de Joe el “plomero” o de la niña de Rajoy? Rajoy intentó humanizar el final de su discurso. La opinión pública es más inteligente de lo que creemos los periodistas y los políticos. Resuelve bien, administra y opina, colectivamente hablando, con buen criterio.
¿Obama es el paradigma comunicativo de nuestro tiempo?Es un extraordinario comunicador pero, en los debates, quien ha sido verdaderamente su profesora ha sido la señora Clinton. En aquellos debates en los que Clinton le acorraló, nació el gran Obama comunicador, que ya lo era pero que sin embargo ha tenido un entrenamiento extarordinario.
¿Retos?Hacer lo que hago pero mejor. El gran reto de todos los periodistas es escuchar, es muy importante aprender, y aprendemos todos los días.