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Biografía

Josep Guixá : Balañá

domingo 22 de octubre de 2023, 23:07h
Josep Guixá : Balañá

Almuzara. Córdoba, 2023. Edición ilustrada. 336 páginas. 21,95 €.

Por Carlos Abella

El periodista Josep Guixá acaba de publicar en la editorial Almuzara Balañá, el mayor espectáculo del mundo, una biografía sobre el empresario barcelonés, Pedro Balañá, que fue un dinámico emprendedor de distintas facetas de la vida cultural de la Ciudad Condal y en concreto de los cines y los toros. Pedro Balañá Espinós nació en Barcelona en 1883, y dado el origen humilde de su familia gestionó una lechería en el barrio de Sans, conoció el oficio de tratante de carne y fue así como contactó con el mundo de los toros, al hacerse cargo de las carnes de los toros de lidia que se lidiaban en las plazas de Las Arenas y Monumental.

Su eficaz gestión y su olfato especial para los negocios, le llevó a conseguir primero la gerencia y después la propiedad de la plaza de toros Monumental, y a ser el más importante empresario taurino desde los años treinta hasta los sesenta del pasado siglo, situando la plaza de toros de Barcelona como la más importante del mundo de los toros y a gestionar directa o indirectamente otros cosos de la categoría de Madrid, Sevilla, Jerez, Linares, Palma de Mallorca. Su máximo esplendor coincidió con su relación con el gran torero Manuel Rodríguez, “Manolete”, quien llegó a torear setenta y dos corridas en Barcelona entre 1939 y 1947 y que fue un diestro muy bien relacionado con la sociedad barcelonesa, como el empresario y mecenas Alberto Puig Palau, el aficionado Ignacio Sagnier, y el ganadero salmantino Pepe Martin.

La gente sabía en qué hotel se alojaba- el Hotel Oriente en Las Ramblas-, a qué restaurantes acudía a cenar - El Canari de la Garriga, Las Siete Puertas, La Puñalada-. En 1944 aparece el mexicano Carlos Arruza, y juntos formaron una de las grandes parejas de la historia del toreo, llevando su rivalidad con una gran categoría y sellando una sólida amistad que se trasladó a las aficiones de México y España. Pero en agosto de 1947, “Manolete” cayó herido de muerte en la plaza de toros de Linares y después de unos años de transición, el 7 de marzo de 1954 debutó en Barcelona un novillero de Huelva, Antonio Borrero, “Chamaco”, que consiguió entusiasmar al público barcelonés hasta el extremo de que en 1954 y 1955 toreó veinticuatro novilladas cada año en La Monumental, llegando a tomar la alternativa en 1956.

Balañá fue el primer empresario que en los años sesenta reunió en el mismo cartel a los tres toreros cuyo enunciado se hizo popular incluso entre los no aficionados: “Puerta, Camino y El Viti” para simbolizar la conclusión de un debate o discusión.

El periodista Josep Guixá ha publicado en esta documentada biografía que Balañá fue “uno de los más grandes empresarios españoles del mundo del entretenimiento, pues junto a su faceta empresarial taurina, el autor resalta su condición de organizador de espectáculos de circo, pistas de hielo, combates de boxeo en su ciudad natal… Supo rentabilizar tanto la plaza de toros Monumental como la de Las Arenas para otros eventos que fueron signo de identidad de la Barcelona dinámica y pujante. Guixá se distancia en muchas páginas de esta biografía del empresario taurino para realzar e investigar su condición de concejal del ayuntamiento de Barcelona, en varias etapas y figurando en las listas de distintas formaciones políticas, lo que en su opinión acredita su camaleónica personalidad.

Las vicisitudes y peripecias como concejal ocupan gran parte de esta biografía, pues la vida de Pedro Balañá transcurrió bajo los mandatos de la monarquía de Alfonso XIII, la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la Guerra Civil y el franquismo. Esta variable política no penalizó la gestión de los negocios de Balañá y sólo el terror imperante en Barcelona y Cataluña por organizaciones anarquistas, propiciado por la debilidad de los poderes públicos, le obligó a ausentarse de Barcelona durante unos meses, colaborando desde Marsella y otros enclaves en la salida de toreros y otros personajes para librarse de esa anarquía.

Guixá es prolijo en detallar la personalidad de Balañá como empresario de cine y le atribuye el mérito de conseguir estrenar las mejores películas, de ofrecer las más modernas y confortables salas con una gran cafetería en la entrada hasta el punto de que se le atribuye el eslogan “visite nuestro bar”.

Para deleite de quienes nacimos y vivimos en la Ciudad Condal, el libro tiene el aliciente de evocar la creación de salas tan emblemáticas como la Avenida de la Luz, Tivoli, entre otras muchas y los estrenos de películas que han hecho historia y el placer de quienes asistíamos a la magia de que, al apagarse las luces de las salas, se proyectara la bola del mundo de la Universal Pictures, el distintivo de la Warner Bros o el rugiente león de la Metro Goldwyn Mayer.

El gran escritor y crítico taurino, Néstor Luján, le definió como “el empresario de más recursos y fantasía de España; más que un aficionado auténtico y platónico de los toros, era un aficionado a organizar corridas”.

Guixá precisa en su documentada biografía que Balañá “fue un hombre con una desbordante imaginación al servicio del espectáculo, que se movía como un felino en los pasillos del poder” y que “si no ha sido el empresario catalán más importante del siglo XX, sí el más popular. Hacía obras benéficas y todas las convertía en fenómenos ciudadanos, lo que le proporcionaba popularidad”.

Balañá falleció en Barcelona el 24 de febrero de 1965 y con él desapareció una de los más sagaces, avispados y solventes empresarios de la España del siglo XX y desde luego de la tauromaquia.

Libro bien escrito, ilustrado con imágenes de su polifacética trayectoria empresarial, y que recrea con solvencia una época irrepetible, abierta, y mundana de la sociedad barcelonesa.

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