Quiere la mala suerte que también los creyentes hablemos como sí, más con el aparecer que con el ser, como si fuésemos lo que no somos, como si sintiésemos lo que no sentimos, pero realmente con los garfios al asalto en goleta de piratas y corsarios creyendo cabalgar el ojo del ciclón con patente de corso, fun morality, como si lo maravilloso estuviera a la vuelta de la esquina. Todos parecemos bajo la misma bandera, simulación creída por los propios protagonistas, que no pasan de creyentes de sistemas de creencias adictivos.
El caso es que, allí donde Calderón dice que la vida es sueño, nosotros la vivimos como si fuera un juego en cuya ruleta lúdica algunos tienen suerte y hablan así de como si. Próceres libredisfrutadores que no pasan de estreñidos vejancones inestables con arterioesclerosis, y en eso iguales a nuestros hijos, los jovencitos narcisos, los nuevos sermoneadores, únicamente capaces de padecer la zozobra del “más vale que zozobre que no que falte”, y que por eso han venido a morirse ayer mismo, antes de la hora, los más cultos entre ellos, como estudiaron algo de latín mientras eran seminaristas antes de exclaustrarse, cuando olieron el mazapán, con sus cortas entendederas creen que el jurídico habeas corpus significa literalmente “tengas bien el cuerpo”, pues lo interpretan lúbricamente. Aquella santa patrona de la calle Meléndez 6, 3º C decía que mi compañero salmantino y dramaturgo Miguel Ángel Cobaleda era más persona, porque era más alto que los demás, ahora se lleva decir que tiene un corpachón, que es un pibón. Eso es lo que quiere y quiso siempre la mala suerte retratad por Quevedo: “ayer se fue; mañana no ha llegado; hoy se está yendo sin parar un punto; soy un fue y un será, y un es cansado”.
Sin embargo, quiere la buena suerte que vivamos para contarlo y para destrabarnos de las aburridas monsergas moralizantes del como si, sistemas de creencias adictivas y simulación no creída por nadie, excepto por los propios protagonistas. Por de pronto, y como siempre metido en las borrascas, a esta sociedad de autores del como si hay que oponerle una filosofía del como si no. Lo primero en defensa de la verdad es que no es lo mismo el huevo que la concha del mejillón, y que la perfección de sus formas pues verse destruida por un elefante que se pose encima del huevo, o por el zapato que estalla la concha del bibalbo, mire usted por donde la perfección pende del hilo de la araña: se acabó el énfasis de la soledad al por mayor y de garrafón.
Vivamos como si no el mundo de las risitas flojas contingentes y sustituyámoslas por sonoras carcajadas para reírnos del como si sí, no salvemos el mundo de la contingencia metiéndola bajo el ala para simular paraísos de chapapote, sino para figurarla de otro modo, es decir, trans/figurada y con fuerza suficiente para que algo hermoso suceda, tan hermoso que nos permita distinguir la risa humana del relincho del asno, el efímero matrimonio del coito al feliz alumbramiento de una relación de amor, y un concierto de Loquillo (que no lo es tanto, aunque se .lo haga entre estridencias y ocurrencias disparatadas) con el de una sinfonía de Beethoven. Pues eso es como si no. Y por lo tanto va a ser que no. De estas risitas jitanjafóricas lo menos que puede decirse es aquello de Juan Ramón Jiménez: que el primero que dijo “dientes como perlas” era un genio, “pero el último un imbécil”. Que no, que no, que el arte es una cosa y el artista, el mejor artista, es otra, y que el artista no son sus pinceles, y que eso es una cosa muy seria para diferenciar a un mono que a brochazos “pinta” chafarrinones y otra es van Gogh, incluso con una oreja de menos, o incluso sin orejas, ya vendrá Jaimito en nuestro auxilio en ese caso. Cuando un niño nació sin orejitas, su mamá le dijo: “mira, Jaimito, vamos a ver a un niño que no tiene orejitas, así que por favor no comentes nada al respecto”. Sí mamá, cómo crees. Antes de despedirse, y no pudiéndose sobreponer a su curiosidad, dijo: “señora, ¿su hijo tiene orejas? Pues como siga así vamos a tener que ponerle las gafas con chinchetas”. Sin menospreciar las razones de Jaimito, esto es una verdadera genialidad. Lo mejor del caso es que Jaimito era un genio por connaturalidad, ya que cualquier cosa que dijera la transformaba en genialidad similar a la de Picasso, del cual llegó a decirse que cualquier cosa que se le pasaba por la mente la convertía en una genialidad, aunque se tratase de un modesto urinario, aunque en eso se le adelantó antes Lenin. Al genio le pone furioso que le pidan repetir algo que salió de su cabeza puro y libre como a Palas Atenea, pero le pone furioso añadir una risita sobre otra risita hasta convertir el charco de risitas en u hediondo pantano de lágrimas estancado.
En su Philosophie des Als Ob, defendió Vaihinger que los seres humanos nunca pueden saber realmente la realidad subyacente del mundo, y que como resultado construimos sistemas de pensamiento y entonces asumimos que estos encajan con la realidad: nos comportamos como si el mundo encajara en nuestros modelos pero de ahí no pasamos. Este escepticismo tentativo, tan cercano al realismo tentativo, es algo que la mayoría de los filósofos sensatos han postulado desde epistemologías diferentes, en cuyo como si puede haber una sana convivencia con el como si no, pero rechazan toda frivolidad circense y empalagosa tanto en lo relativo al como sí como en lo relativo al como si no. La vida es así de como si no. Para eso
Pido a los Santos del Cielo
Que ayuden mi pensamiento:
Les pido en este momento
Y aclaren mi entendimiento.