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TRIBUNA

Hartos de sangre: menos halloween y más santidad

miércoles 08 de noviembre de 2023, 18:35h
Actualizado el: 11/08/2023 18:40h

Ruego, a modo de prólogo galeato, que no se me condene antes de comenzar a escribir sobre el presente asunto, y que se me conceda al menos el mismo crédito que a los medios de comunicación, cuya dedicación al asunto es omnipresente. No acepto que como católico se me relegue a la sacristía, ni que se me calle la voz de soldado raso de la institución católica, ni que me hagan aceptar la voz de su amo hegemónica en la España laicista. Muchas gracias.

Difícilmente se hallará en cualquier religión peor escándalo para los fieles que el de la pederastia. Debajo de tantos botones de la sotana de algunos perversos se abría la voracidad patológica de un mismo predador verde y viscoso tan devastador. Por otra parte, quiero invitar –y que cada palo aguante su vela- a que hagan lo propio con sus mismas miserias quienes debelan la monstruosidad que les horroriza en los demás, y a que miren debajo de su propio felpudo y de su propia alfombra, pues hay mierda para todos aun endosando a cada uno lo suyo. Que dejen a las cifras de víctimas hablar por sí mismas, sean las que fueren, que no las deshinchen ni las hinchen, que su cerebro reptiliano no siga macrocéfalo, que el miserable escándalo social no embosque el propio escándalo personal.

Hoy se puede hablar de todo lo religioso, sobre todo si se habla mal, aunque exista grave fundamento para ello. La inquisición católica, que aún sigue, ha sido sustituida por la inquisición laicista, que ha crecido. Pienso sin embargo en los curas y en los creyentes que han dado su vida y siguen dándola abnegadamente y sobre los cuales caen inmerecidamente todo tipo de sospechas. Hoy sería difícil distinguir entre cainitas y abelitas, para unos la amnistía y para otros la amnesia, tendremos posguerra y pertinaz sequía para rato, memoria histórica y memoria histérica.

En medio de esta situación me complace traer a colación este texto inédito de Francisco Cano, un digno sacerdote entre los emigrantes más pobres: “vivimos una encrucijada que presenta como síntoma general la desafección y, dentro de este mal de nuestro tiempo que se caracteriza por el narcisismo, el individualismo y la autosuficiencia, también la desafección de la Iglesia católica es un hecho creciente. Y aquí no se trata de poner parches, sencillamente se abandona la institución. A muchos la Iglesia no les aporta nada, ni su ambiente comunitario, ni sus prestaciones, ni sus celebraciones: la oferta no les interesa. Tenemos el mejor producto, la fraternidad, y la peor estrategia, de marketing, ya que el consumismo y el narcisismo chocan directamente con los modelos que promueve la Iglesia católica, y esta no puede competir con las costosas campañas publicitarias de imagen. Pensemos también en los contrastes que se han vuelto más patentes en los últimos tiempos en relación con la moralidad de ciertos comportamientos sexuales, etc.

¿La oferta de la fraternidad tiene cabida? Si no se ha hecho siquiera inicialmente la experiencia de Dios, que libera de la soledad, la desesperanza y el miedo, ¿cómo entender la fraternidad como el compromiso radical de la fe? Cualquier título de superioridad que se introduzca sobre los otros va contra la fraternidad. En la Iglesia no debería haber títulos, prerrogativas, honores, escalafones ni dignidades, ni méritos adquiridos, ni aspiraciones de grandeza, de poder, ni maestros, ni tampoco “padres”; nadie se tiene que imponer desde arriba sobre los demás. Pero en la Iglesia no hay meros igualitarismos: hay diversidad de carismas y ministerios.

Jesús enseña a los que le siguen a que se distingan por lo contrario, a saber, por perder el honor según los cánones sociales, por comportarse como quien no tiene honor social, convencidos de que Dios da honor a aquellos a quienes no se les reconoce, ni se les otorga. Pero lo que nunca prohibió fue la libertad para pensar y decir lo que se piensa. ¿Dónde están estos hombres y mujeres cristianos que actúan así?, ¿a qué se debe la desafección de la Iglesia? Tenemos dirigentes que no hacen lo que dicen; defensores de un orden de vida desordenada; proclamadores de la justicia que están al margen de lo que es justo; educadores cuya conducta deseduca; reformadores incapaces de reformar su propia vida; revolucionarios que no se plantearán una transformación radical de su vida; padres y madres que no son ejemplo; el momento político que estamos viviendo es escandaloso, etc. Pero tanto en la clase política como en la social son admiradas las personas que no se aprovechan de su condición política de privilegio para su propio beneficio o el de sus amigos o familiares.

A los seguidores de Jesús se nos pide que seamos coherentes entre lo que hacemos y decimos. Jesús censura la vida de aquellos dirigentes religiosos que ‘no hacen lo que dicen’ y ‘ponen cargas a los demás’. Hay que discernir entre lo que es propuesto y lo que es impuesto. El respeto que merecen los demás nos pide no engañarlos aparentando y mostrando lo que no somos. Nosotros estamos llamados cada día a dar testimonio de quién es el verdadero Señor de la historia y cuál el servicio que los seguidores debemos dar. Hemos sido llamados a vivir ahora lo que estamos llamados a vivir para siempre. Lo importante es el substantivo ‘hermano’, lo demás son adjetivos que se pierden con el tiempo. Lo único que queda es ser hermano para siempre.

Construyamos fraternidad, como el proyecto para la humanidad, más urgente y necesario creando ambientes de encuentro y compartiendo, donde se escucha y se acompaña en la oración. Llevemos mensajes de alegría, creemos ambientes de inclusión y colaboración con todos, no pretendamos tener siempre la razón, y menos presentarnos como institución distante, comprendamos los motivos de los demás, y conectemos con la mente y el corazón de los destinatarios. Seamos sinceros, no busquemos grandes manifestaciones y librémonos ya de la ley del número y del ‘¿cuántos sois?’ ¡Cómo nos gustan las manifestaciones numerosas, para decir: “las cosas no van tan mal!”. ¿Creamos fraternidades o nos dedicamos a otras cosas?

Y, en cuanto a los predicadores de palabras hermosas, menos palabras y más ejemplos que impulsen una transformación social. Sí, necesitamos maestros de vida, creyentes de existencia convincente, cordiales, sinceros, que desintoxiquen la atmósfera en la Iglesia contaminada. Estamos llamados a vivir la experiencia auténtica de hermanos. Hemos sido llamados a vivir como hijos y hermanos para siempre. Nadie se puede apropiar en exclusiva el título de hermano, se nos ha dado a todos gratuitamente, porque todos somos hijos del mismo Padre”.

Por mi parte suscribo totalmente estas palabras selladas con la vida de su autor. Por eso pido que caiga la ira sobre los pecadores, si así lo necesitan los puros, o al menos la justicia y la reparación severas en cuanto sea posible, y ello sin impurificar el corazón de los más amigos del perdón; y, del mismo modo, que agradezcamos la vida de los mejores, como también nosotros queremos reconocer sus propias vidas mejores, que veneramos. Pido, en nombre de la reconciliación de la memoria histórica, que seamos capaces de reconocer y loar personal y comunitariamente, aunque no institucionalmente, a los muchos buenos, a todos los santos en el buen sentido de la palabra santo, y que ningún halloween borre su ejemplaridad. Que por encima de los laudatores et denigratores patrióticos, de la patria que fuere, sea bendito el nombre de quienes dan su vida por la matria de todos, por la belleza, por la justicia, por el perdón y por la dignidad de los pueblos y de sus habitantes. Demasiada sangre en halloween, no me encontrarán en sus procesiones degradatorias. Hay que lavar la sangre de los corderos violados, pues la sangre con más sangre no se cura.

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