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TRIBUNA

Los refractarios

lunes 13 de noviembre de 2023, 19:36h

Parecen lo mismo, pero no lo son. Antes de que hagan más ruido las bisagras, permítaseme recordar que una cosa es el contreras de turno, y otra el refractario, aquél es un neurótico obsesivo dependiente de su propia afirmación, un mediocre con pretensiones de rebelde, éste un disidente que sólo rechaza el cum superiorum permissu aunque también tenga problemas con la autoridad, lo cual puede llevarle a excesos por empecinamiento. El contreras es un niñato malcriado, que actúa como títere revolucionario articulado embozándose en una bufanda y quema contenedores, el refractario es un militante contra la sumisión y contra la servidumbre voluntaria que culmina en el Estado. Refractario a todos los grados de enseñanza que dispensa el Estado, ante ellos se niega a prosternarse. Refractarios fueron los anarco/individualistas(1) y la sabia filosófica del refractarismo fue la insumisión frente a la opinión pública manipulada por los poderes hegemónicos estatales: “un anarquista no es diputado, ni magistrado, ni policía, ni millonario y, si posee algún dinero, le llevará a gastarlo en beneficio de las ideas que ama. Su simplicidad no esté reñida con un bienestar intenso, sano y gozoso, que nada tiene que ver con los groseros apetitos de la vida burguesa; por obligado que esté a vivir en una sociedad cuya constitución le repugna, el refractario será en su fuero interno un irreductible adversario, un inadaptado a toda dominación”(2).

Si no fuese por su desinterés por la dimensión social de la persona, este anarco/individualismo no estaría nada mal, desde luego mil codos por encima de comunismos totalitarios con piel de galápago. Con su actitud retadora, irónica, deconstructiva, afirman que los organizadores de los males de la humanidad suelen ser algunos internos del manicomio y el Gobierno Civil. El refractario, entre cientos de personas “de color”, se convierte en el “blanco de todas las miradas”, aunque también pone negros a cientos de blancos, según el cantar del gaucho: “mi gloria es vivir tan libre como pájaro en el cielo; no hago nido en este suelo, ande hay tanto que sufrir; y naide me ha de seguir, cuando yo remonto el vuelo”.

Ubi sunt? Están hartos, y por eso actúan, sin quedarse en casita zumbando refunfuños como borrachos a caballo del sofá, ni como sabios certificados y toisonados ante un mundo que suponen no estar a su altura, ni como niñatos pijoprogres arrojando adoquines a la policía. Son gente de verdad, y se toman en serio la lucha y sus riesgos: “no me cites otro hecho/ que no resisto en mi pecho/ las ansias de pelear./ Pues vamos a la pelea/ y verás cómo la idea/ no se puede derrotar”(3). Son individualistas en muchas cosas, quizá en demasiadas, pero no lo son para actuar en favor de todos, y hasta pretenden cuadrar el círculo de la revolución social individualista. Lo que hace revolucionaria a una vida no es la algarada, sino el cambio del corazón del propio corazón. Pongamos tres ejemplos de este refractarismo insobornable a las presiones sociales y a los dogmas masivos.

El primero, el del feminismo ideológico/genérico: “el anarquista no establece diferencias de sexo, sino que se interesa ´únicamente por los seres libres. Su propaganda crítica apunta igualmente al hombre y a la mujer y socava los cimientos de la autoridad y de la explotación de que ambos son víctimas a la vez”(4). Menos mal que esta tesis la defendieron los refractarios el siglo pasado, ¡la que se les vendría hoy encima a tenor de la chatarra ideológica del famoso “género”!

El segundo, el del hipervegetarianismo esotérico. Frente al snobismo de los parvenus y de los próceres del vegetarianismo científico, que un día dicen una cosa y al siguiente la contraria, religión de millones de caballos enganchados al carro sin que uno solo indio escape de las riendas, los refractarios dicen desde hace un siglo: “un anarquista individualista no es alcohólico ni vicioso, no hace excesos de mesa, ni intelectuales, pero sobre la cuestión del vegetarianismo, de la hidroterapia o del alcohol, considerado como alimento, no se priva de escuchar a los contrarios, conforme a los primeros rudimentos de la educación ácrata. El anarquismo no es una colección de teoremas geométricos, o una sabiduría de recetas culinarias, o un entusiasmo de los baños y duchas. Muchos son fieles hidrópatas, intransigentes vegetarianos, bebedores de agua filtrada, higienistas insoportables que creen que todo está bien en el mejor de los mundos, pero a pesar de su buena salud jamás tuvieron un movimiento de rebeldía contra la autoridad y hasta aceptan muy bien ser sus agentes ejecutivos; algunos son moralistas tan insípidos como peligrosos y a veces también delatores. Estamos hartos de saber que hay multimillonarios que se visten con tejidos ultra/higiénicos, que calzan sandalias, que son abstemios de tabaco y alcohol y que llevan la cabeza al aire para evitar la calvicie, nada de lo cual les impide hacer buenas jugadas de bolsa y ejercer la explotación del hombre por el hombre”(5).

El tercero, el de la salud social: “mirad con el microscopio de la sociología las joyas con que se engalana la burguesía y veréis que en esas joyas se encuentran los glóbulos rojos que faltan en la sangre de los proletarios. Aplicad el mismo instrumento al examen de sus palacios, sus catedrales, sus prisiones y sus cuarteles, y en la cal que se encuentra en sus muros hallaréis la que procede de los huesos de los esclavos, de los siervos y de los asalariados, del eterno paria, en fin, que es quien lo ha producido todo para los demás a costa de su salud y de su vida”(6). Ni el escenario ni el márquetin lo curan todo.

Y todo eso lo defienden dando la cara: “los que algo grande hicieron –decía Fermín Salvoechea- perecieron en el combate, Los que hemos quedado, por haber quedado, no valemos gran cosa Cuando comprometamos al pueblo en la lucha, seamos los primeros de fila, y si algunos caen, seamos nosotros”(7). Salvoechea había pasado veinte años de cárcel. Y además sin perder el sentido del humor: “estando preso en Ceuta tuvo durante cierto tiempo como compañero leal a un mono. A cierto visitante no grato que le tendió la mano entre barrotes el macaco se la estrechó, pero entre los dientes”(8). “Nunca he olvidado a un compañero, el corpulento albañil Ramiro, panza voluminosa dotado de un corazón de niño. Como lo atraparon con medio ladrillo oculto en la faja, declaró al inspector con toda formalidad que como constructor de casas, solía llevar alguna muestra de material encima”(9).

1. Merece la pena recordar la existencia de La asamblea de los refractarios (L'Adunata dei refrattari), que se publicó en italiano en Nueva York entre 1922 y 1971, primero semanal y luego quincenalmente, obteniendo resonancia dentro y fuera de los círculos anarquistas, especialmente por su apoyo al comité a favor de Sacco y Vanzetti. Colaboradores importantes fueron Camillo Berneri, Armando Borghi, y sobre todo Errico Malatesta. Era un “lugar de encuentro” para intercambios culturales y para la organización de eventos sociales anarquistas en sentido lato, no necesariamente ligados a la ideología política.

2. Armand, E: El anarquismo individualista. Lo que es, puede y vale. Editorial Pepitas de calabaza, Logroño, 2019, p. 96.

3. Ibi, p. 308.

4. Armand, É: El anarquismo individualista. Editorial Pepitas de calabaza, Logroño, 2019, p. 150.

5. Ibi, pp. 158-159.

6. Ibi, p. 301.

7. Vallina, P: Crónica de un revolucionario. Editorial Renacimiento, Sevilla, 2012, pp. 135 y 155.

8. Ibi, p. 178.

9. Ibi, p. 225.

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