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DESDE ULTRAMAR

Migración desbordada

Marcos Marín Amezcua
jueves 16 de noviembre de 2023, 19:47h

Cierto es que el ser humano siempre ha migrado, su movilidad jamás se ha detenido y las causas de hacerlo suponen ser muy diversas: desde el recolector hasta una guerra de exterminio. A veces en masa, a veces a cuentagotas. Y es indiscutible que así ha sido. Ya a finales de la centuria pasada, la CEPAL advirtió que se había producido el desplazamiento de 60 millones de personas tan solo en la segunda mitad del siglo XX y preveía que se visualizaba la movilización de ingentes cantidades ante la evidente e incesante desigualdad prevaleciente. Y que las motivaba ese espejismo de riqueza inalcanzable para ellos en su entorno, alimentando el imaginario acerca de sitios donde se barre el dinero en las calles y priman los derechos a todo y de todos, vistos cómo indomables, eternos, superiores y respetados por todas las instancias, como se mira con su dotación de realidad a Europa Occidental o a los Estados Unidos, abrazando el deseo irrefrenable de alcanzar sus fronteras al costo que fuera.

Y en esas estamos de manera creciente, mientras se multiplica exponencialmente el drama de migrantes en condiciones tan precarias, inauditas, injustas y lastimeras que se alejan diametralmente del elemental concepto de la migración segura y ordenada. El panorama se presenta cada vez más complejo, rebasadas las instancias, sorteadas y superadas las fronteras, los limitantes naturales –da igual si son selvas inexpugnables, desiertos u océanos– y la masa de migrantes ni cesa ni hay para cuándo lo haga.

De nada sirve que el alcalde de Chicago diga estar hasta el tope de migrantes y, desbordado por ya no poderlos ayudar, tanto como el caso del alcalde neoyorquino en ese estira y afloja recibiendo todo lo que le manda el impresentable gobernador texano para sensibilizarlo de frenar la migración; y de nada sirve recibir más y más cuando están rebasados los albergues de migrantes que no cesan de llegar. Como de nada sirve que las ciudades fronterizas mexicanas se llamen desbordadas por las cuantiosas cantidades de migrantes que en caravanas de a 5 mil por turno, cruzan la frontera sur de México y avanzan por ese país con la idea fija de solución a su demanda de pasar a Estados Unidos, atorándose en esa frontera norte que García Márquez llamó “un error de Dios”, en tanto EE.UU. hace campaña mediática también en México y antes en Centroamérica para inhibir la migración. Y parece funcionarles en parte, advirtiendo que sí ha disminuido tal deseo. Así, se incrementan las campañas yanquis para decirle a los centroamericanos y a los mexicanos que se queden en sus países vía los medios masivos de comunicación.

Mas hay un detalle: a México ya llega gente de muchas más partes del mundo para ingresar a EE.UU., pues allí no entienden que la pobreza está generalizada y la economía yanqui sigue requiriendo mano de obra ante su avejentamiento. Oferta-demanda.

De nada sirve la agreste selva de Darién, los desiertos africanos, el mar picado en el norte de África y el Mediterráneo, pues las hordas de migrantes no se detienen ante todo ello ni las detienen discursos rijosos, muros, puentes, verjas o medidas coercitivas, animados a lanzarse desde todas las latitudes de ese tercer mundo que los internacionalistas se ufanan de decir que ya no se llama así, pese a que sigue siendo el mismo de siempre, pues la pobreza multicausal no termina y los migrantes seguirán migrando. No hay manera de detenerlos, por lo visto. Y podemos pasarnos la vida contando cuántos cayucos, cuántas personas más, cuántas caravanas se organizan para dirigirse a ese mundo percibido como inagotablemente rico, esa tierra prometida que tampoco es la panacea, que nos recuerda que donde comen 78 no comerán 954 –pese a las jeremiqueadas de los defensores de migrantes– pero que no parece importarles eso, y donde ni xenófobos ni sensatos, leyes, garitas, rejas y migratorios mal encarados detendrán, por lo visto, el coraje, la decisión, la hambruna. El empecinamiento o la desesperanza que catapultan a contingentes de hambrientos, descorazonados y necesitados hacia ese mundo rico que los observa entre incrédulo y aterrado, mediando la conmiseración, el asistencialismo, la buena voluntad o el rechazo abierto, es decir, la respuesta múltiple a esa migración, que nos recuerda que el fenómeno posee tantas caras que lo atienden y describen tan complejo, que se ha ido de las manos a todos.

Lejos quedan de ser la solución ideal los programas de ayuda, de inversión en las zonas expulsoras, como la cándida idea de detener a los necesitados. Esfuerzos reunidos para atender el fenómeno migratorio que tanto enoja al yanqui, que, como la Cumbre de Palenque, proponen la corresponsabilidad de los destinatarios, como cocausantes del fenómeno con su demanda de mano de obra, que en las Américas se plantea como un asunto multinacional, no solo de unos cuántos o de los países expulsores. Y donde si Estados Unidos no crea bases, alternativas, programas de migración, una revisión de su política migratoria, entonces el problema no se detendrá, sino que, al contrario, pintará para no detenerse y sí para incrementarse. La ecuación es muy sencilla.

El fenómeno migratorio es una realidad inocultable. No lo frenan las profundidades del Mediterráneo ni los arrebatos del gobernador texano que es un impresentable en sus métodos de contención fracasada, después de todo. Tal vez no entren a Texas, pero deambulan por el resto de su país, lo que supone ser una política de rotundo fracaso.

Y no queremos parecer disco reyado, estólidamente repetitivos, a vueltas con el mismo tema, pero el escabroso e incómodo asunto no por obviarlo, desaparece per se. Ya no sabemos cuál otra expresión emplear que no sea la de crisis humanitaria, descriptiva de la actual crisis migratoria acuciante, imparable, lacerante y peligrosa al final de cuentas, pues genera desasosiego, la incertidumbre, la aparejada desesperación y el reclamo que estalla de cuando en cuando, empujando las puertas de ese mundo rico idealizado y sin olvidarnos de las desigualdades del desarrollo, van de la mano las mafias reclutadoras que lucran con la carne humana –de ambos lados de las fronteras abatidas– y no son ni menores ni inocentes, coludidas con autoridades corruptas que agrandan el problema.

El Banco Mundial (BM) en un informe reciente, aquí, reiterado a lo largo del año 2023 ya próximo a terminarse –menudo año, trepidante, violento, complejo– explicó que el envejecimiento acelerado de la población mundial apuntaba al requerimiento de mano de obra. Es decir, que se quiera o no, hay tal demanda para sostener determinados estándares de bienestar de ciertas regiones “ricas” para que no peligren tales beneficios y sobra la oferta, dependiéndose cada vez más de la migración. Añadamos que la ultraderecha no propone algo mejor para paliarla. Señala tal informe que al detenerse el crecimiento poblacional de ciertos países –incluye a México, pero es dudoso que no siga aumentando su población– cada vez más, necesitarán de esa mano de obra sustituta. Si bien, el BM no repara en cómo detenerla, reconoce que 3500 millones de personas viven en zonas vulnerables al cambio climático, que las colocan como potenciales migrantes. En medio, la fuga de cerebros resultante y nos recuerda que el tema reclama la corresponsabilidad de países expulsores y receptores, apostando por soluciones con un enfoque integral insalvable. Igual que el asunto de las drogas, deberán implicarse ambas partes, dado que ningún enfoque unilateral ni unidireccional atenderá las verdaderas causas y soluciones de este fenómeno.

El horizonte no pinta nada bien. Si migrar es por necesidad y por precariedad, no puede ser una noticia buena en sí misma. ¿Estamos haciendo lo debido para evitarlo?

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