En Un pueblo de Ucrania. Krakovets y las tempestades de la historia el historiador Bernard Wasserstein nos presenta un libro que recorre el pasado para entender el presente, en una obra necesaria para evitar el olvido y la ignorancia. Un relato que es una reconstrucción de la historia, repleta de datos, investigación y trabajo meticuloso, de “un pequeño sitio del que no habrá oído hablar”, como decía el padre del autor, y al que Wasserstein nos invita.
Decía Jorge Luis Borges que “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”, y es desde esa memoria, el lugar que marca el punto de partida del autor para escribir este libro. Apenas un recuerdo infantil, el nombre de un pequeño pueblo de la Europa del Este, Krakovets, que ya no dejaría, casi de manera misteriosa, de “perseguir” al autor hasta formar este álbum de la historia de su familia y su relación con el lugar.
La obra hace un recorrido histórico que parte de la detención del abuelo del autor, Berl Wasserstein, junto a uno de sus hijos, por parte de la policía berlinesa y acusados de ningún delito. Formaron parte de la ilógica macabra del gobierno de Hitler que comenzó en aquel tiempo una serie de detenciones que acabarían, poco tiempo después, en detenciones masivas y en campos de exterminio. El recuerdo, en esos días de incertidumbre, acercó a Berl a Krakovets, el pequeño pueblo en el que había nacido, también como un lugar de esperanza.
Con una narración que combina la Historia y la novela, el autor hace un relato por la vida de este pueblo, que se convierte en reflejo de una época y en la excusa para comprender el transcurrir de la Historia. Cómo una pequeña comunidad, eminentemente judía, se mueve por algunos de los episodios más determinantes de nuestra historia reciente: la Primera Guerra Mundial, el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial. Narrado en primera persona, Wasserstein ofrece un relato de la Historia entremezclado con la vida de su familia consiguiendo que, para el lector, se convierta en un recorrido cercano, próximo y emotivo.
«En abril de 1944, tres meses antes de la liberación de Krakowiec, delataron a Berl y su familia y los entregaron a los nazis. Parece que los obligaron a cavar sus propias tumbas cerca del lago y luego los mataron a tiros […]. Como es natural, me he preguntado muchas veces qué fue lo último que pensó Berl. No tengo la menor duda de que intentó consolar a su mujer y a su hija con palabras de ternura. ¿Pensó también en su hijo y se preguntó qué habría sido de él?» (pág. 216), cuenta el autor.
Sin lugar a dudas, esta obra es un compendio de historias de vida ya que no sólo aparece la historia de la familia del protagonista, sino que también recorre la de otros vecinos de Krakowiec, en el intento de mostrar una perspectiva de la realidad lo más acertada posible. Los viajes del autor a este pequeño lugar no hicieron sino acercarlo más aún a la necesidad de contar su trayectoria y de plantearse, aunque fuera de manera imprecisa, su fututo. Porque qué porvenir podría tener este pequeño lugar del mundo. «Depende en gran medida, por supuesto, de que Ucrania pueda construir una independencia sostenible, a pesar de estar atrapada entre la alianza de la OTAN y una Rusia renacida y dispuesta a reafirmar su dominio sobre su “vecindad”» (pág. 268), explica el autor.
La invasión por parte de Rusia de Ucrania el 24 de febrero de 2022 ha cambiado la historia de Ucrania y, por ende, la de Krakovets. «El hogar de mis antepasados no es mi hogar, pero Krakovets, en cuya historia llevo tanto tiempo inmerso, ocupa un lugar especial en mi conciencia», concluye el autor.
En resumen, Un pueblo de Ucrania es un canto a recuperar la memoria, a volver a las raíces y a entender de dónde procedemos. Un libro que permite enlazar la emoción y la historia, en un relato indispensable.