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Republicanos y juancarlistas

Aurora Nacarino-Brabo
sábado 01 de noviembre de 2008, 18:01h
Confieso que, como buena republicana, me declaro juancarlista. Un progre puede identificarse de muchas maneras, pero considero un error la actitud antimonárquica como pose izquierdista. A los amigos que me han tachado de carca por defender a los actuales reyes, siempre les contesto lo mismo: en este país son precisamente los más escorados a la derecha los que atacan al monarca. Y mi defensa de Don Juan Carlos es una forma de rechazo a la nueva ideología conservadora y a todos los nostálgicos de turbias épocas pasadas, que son, al fin y al cabo, los que más rencores guardan hacia una persona que desmanteló, sin rupturas ni sobresaltos, casi 40 años de fascismo.

Por eso nunca he disfrutado con los chistes fáciles sobre la familia real ni he aplaudido la quema de fotos que algunos jóvenes, más desinformados que maliciosos, han protagonizado en los últimos tiempos. Más que constituir un alarde de progresismo, un desafío antisistema, estas acciones son el regocijo de los más ultraderechistas.

En cuanto al último libro publicado sobre la figura de Doña Sofía, yo prefiero tomarlo con muchas reservas. ¿Qué sentido tiene que una reina que siempre se ha caracterizado por su discreción se ponga ahora a ‘rajar’ sin mesura? Me disculparán mi desconfianza, pero las cosas no me cuadran, y menos cuando la fuente, Pilar Urbano, bebe de las aguas opusinas.

Aun así, todos los partidos se han retratado al abordar el espinoso asunto: es curioso que haya sido precisamente el PSOE, formación de tradición republicana, el único que haya cerrado filas y apoyado sin fisuras a la reina. O tal vez no sea curioso, sino la consecuencia lógica, pues ya he dicho que el juancarlismo es un rasgo característico de los republicanos de pro. La democracia le debe mucho a Juan Carlos y los que han luchado por ella y padecido su ausencia bien saben valorarlo. Más a la izquierda, lo típico: ataques pacatos, casi inocentones, que reflejan más estulticia o ignorancia que mala baba. Y a la derecha del Gobierno, en el PP, no han tardado en darse por ofendidos, poniendo en evidencia las reservas que despierta la realeza en muchos de sus miembros. Los populares nunca superaron que el rey quisiera más a Felipe González que a Aznar.
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