Un verso de pie quebrado, delulu is the solulu, se ha convertido en el nuevo mantra de los jóvenes de la Generación Z. El “coach y filósofo” Carlos García lo ha convertido en viral para engañar a la tosca y desagradable realidad. Tanto a nivel sentimental como profesional, la novísima filosofía asegura que lo mejor está por llegar al alcance de tu imaginación, basta con que le des al chip del “espejo, espejo, espejito mágico” para que la bruja fea mute ante tus atónitos ojos en glamurosa y operadísima actriz de culto. Delulu is the solulu, basta con que musites confiadamente “quiero, dame, cómprame” para que obligues ejecutivamente al genio de Aladino a subvenir con perentoriedad tus deseos en la Era del Postrabajo. En adelante nadie se atreverá a negar que semejante poder de tu bendita imaginación es lo más característico del paso del mito a la razón. Que trabaje Rutton, decía el viejo anuncio de lavadoras de los tiempos de Maricastaña; yo no sigo a Segismundo en que la vida es sueño, o en todo caso los sueños no son meros sueños. Lo pienso, lo quiero, luego lo hago existir en la medida en que puedo.
Hoy sin embargo, a lo que parece, La realidad está bien como está, y no corráis que es peor. Finjo, luego existo se ha convertido en la novísima fórmula que ha dado capote y degollina a aquella otra intocable “Tesis XI sobre Feuerbach” de Karl Marx: “si hasta ahora los filósofos se han contentado con pensar la realidad, de ahora en adelante hay que transformarla”.
En este nuevo Edén juvenil de última generación la fruta del árbol cae sola, está más barata que nunca; contra las leyes del mercado, tú la puedes alcanzar en un abrir y cerrar de ojos sin moverte del sillón frente a tu televisor. Quien no progresa es porque no quiere o porque le faltan uno o dos hervores. Los jóvenes que, después de pagar sus alquileres sólo cuentan con sesenta euros al mes para todo lo demás, son unos gilipollas por negarse a pensar según la infalible delulusolución.
¿Por qué, pues, los realistas se han vuelto tontos, si la economía ha demostrado que se puede gastar lo que se quiera con tan sólo darle un poco más de fuelle a la máquina de la inflación, de manera que cuanto más debamos, más ricos seremos y más podremos gastar sin doblar el tirante?, ¿acaso no son los EEUU de Norteamérica los que más dinero deben al mundo entero y sus deudas nos convierten a los demás en deudores de quienes nos deben? ¡Mejor para ellos cuanto más nos deban! Si vives como pensionista, si no has cotizado, si eres anciano, y debes ochenta y seis euros al casero (y este no es un caso único), entonces cae sobre ti el famoso peso de la ley y te desahucian en un abrir y cerrar de ojos, pero si un potentado debiera decenas o centenas de millones a Hacienda, está facultado para pleitear hasta que logres evitar o aminorar el correspondiente pago. Cuanto más moroso entre los morosos, más asegurada tienes la permanencia en el ranquin de los muy famosos, en su caso la deuda forma parte de la fama. Y si además de eso perteneces a la casta, pues ya ni digamos: serás perdonado, amnistiado, enaltecido bendecido, beatificado y promovido finalmente a la santidad social.
Qué vulgar, que envidioso debo estar volviéndome por decir estas cosas, con lo calentito que podría estar a estas alturas con mi vaca, mis boñigas, mis albóndigas, mi mamandurria, mi moqueta, mi sillón, mi despachito, y mi pluma de escribir. Debo de estar muy mal de los nervios.
Pero volvamos al delulu is the solulu, nuevo ungüento amarillo, cuyo “imagina que algo queda” ha llegado a ser tan triunfante y demoledor, que ríete tú del viejo “calumnia que algo queda”. No hace falta ciscarse en el prójimo, es suficiente con echarse a dormir en los laureles, como aquel Santiago Casares Quiroga republicano que, ante el levantamiento de la insurgencia, respondió pachón: “¿ah sí? Pues yo me voy a dormir”. ¿Para qué las barricadas, si las ideas se defienden solas? Argumento ontológico: piensas en Dios, y Dios existe, o ni siquiera hace falta que pienses, basta con que te lo envuelvan en papelines de colores esta Navidad. Vivir como si fuéramos guapos para ser guapos, sin necesidad de ser cerdos para ser cerdos, ahí lo tienes.
Y además está la ciencia pura cabeza de Extremadura para fundamentar el delulu is the solulu. En efecto, según el citado coach y filósofo, “hoy día sabemos que esa confianza segrega en el cerebro dopamina, oxitocina y otras sustancias que estimulan la salud de las células, así como su regeneración. No es magia. Está comprobado que nuestro organismo funciona mejor desde un pensamiento que se anticipa el éxito. Hay estudios que relacionan este tipo de pensamiento con algunas enfermedades y su curación. No es que pensando positivamente nunca te constipes, pero será más fácil para tu organismo defenderse de determinadas agentes”. Qué fuerte. Va a ser que nuestro coach y filósofo, físico, metafísico y patafísico, después de sus brillantes cursos de doctorado en la Universidad Camilo José de Cela, tan aficionada a los títulos mágicos concedidos por alquimia, es la panacea o, si estudió en el Ceu, la panaCeu...
En fin, ya está, no le demos más vueltas: para Antoñita la fantástica anything goes, todo vale, lo mismo las sonrisas que los llantos y ríos de lágrimas, las carcajadas que las sonrisitas, todo lo fingido es real, y todo lo real es fingido. Lo sabe mejor que nadie el coach y filósofo de cinco estrellas Michelín, el bello y nuevo kalokagathon Carlos García, la nueva versión del como si de Vaihinger. Tal es la pregnancia de tal mentalidad que hasta la revista Fortune se ha hecho eco de que una nueva hornada de aguerridos profesionales de la nada se apunta a la filosofía delulu para conseguir puestos de trabajo superiores a lo que les correspondería por formación o edad.
“¡Cómo subo, cómo subo, de prisionero a verdugo!”, la cosa está chupada: agarras una flauta, te pones en posición de flor de loto, y con tu santo turbante conviertes en una serpiente rampante imantada por los armoniosos sones de tu dulzaina que era una simple cuerda enrollada. ¿Hay quién dé más? Queridos delulus, ánimo: con un poco de práctica seguramente terminaréis diciendo algo sumamente inteligente. Desde luego, nadie podría negaros que también tenéis la cara perfecta para salir por la radio.
Y adiós a las armas, nos habéis derrotado dialécticamente con vuestro plectro sonoro. Confesemos que los discursos filosóficos precisados de largas incubaciones no pasan de ser radicalizaciones meramente discursivas, argumentos especiosos de filosofías raquíticas, cicatrices mal cerradas por el resentimiento, ciencias mercenarias, tradiciones que sólo se conservan por pereza. Rotos todos los tabúes, y con grandísima habilidad habéis logrado evitar pulmonías con tan sólo el collar y el taparrabos. Lo importante es la gestualidad, la nube, y el modelo Caperucita Roja (o mejor Caperucita amarilla en la prensa rosa de nuestros días), las cremitas, la captación de fans a golpe de un solo click. Hoy enardecéis a la juventud y a los adolescentes de espíritu (es decir, a los carentes de él), pero mañana el Reino de los cielos es vuestro. El paso de la democracia a la memocracia está asegurado por vuestra delulucracia. Gracias. A golpe de los clarinazos de vuestras trompetas caerán por sí solas las murallas de Jerusalén. Con vosotros nace la Nueva Era, la verdadera Era de Acuario, una nueva Cienciología superior a la de las estrellas de Hollywood sobre sus moquetas rojas. No podemos imaginar lo que nos espera a golpe de deseos, sin barrer con ninguna escoba, todas cuantas cosas sucias se ven por los bajos mundos. La escoba, al museo de la rueca.