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Ensayo

Antonio Elorza: El ocaso de Occidente

domingo 17 de diciembre de 2023, 21:56h
Antonio Elorza: El ocaso de Occidente

Renacimiento. Sevilla, 2023. 244 páginas. 19,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En El ocaso de Occidente. Del sueño americano al regreso de los imperios (2001-2023), Antonio Elorza nos ofrece una obra dinámica y bien argumentada, estructurada alrededor de una serie capítulos integrados por artículos que escribió en diferentes periódicos y revistas (El País, El Correo, Letras Libres…), en los que diseccionó en tiempo real acontecimientos fundamentales de la historia reciente. Así, encontramos análisis relativos a episodios concretos, como los atentados del 11-S, la invasión de Irak y la aparición de Podemos, junto con otros más generales, sobresaliendo las excelentes reflexiones sobre la situación actual de la democracia (y sus enemigos).

Al respecto, permea por todo el libro un conocimiento sobresaliente de la historia, ocupando un espacio significativo la relativa al siglo XX. Esto le permite explicar el surgimiento de totalitarismos de distinto tipo (como las experiencias liberticidas lideradas por Mao), describir la política exterior de Estados Unidos en los años finales de la guerra fría (trazando diferencias entre Carter y Reagan) o desarrollar con amplitud la aparición de un proyecto neoconservador en los años noventa del pasado siglo (que la Casa Blanca trató de poner en marcha durante las administraciones encabezadas por Bush jr en el contexto de la guerra contra el terrorismo).

Un tema recurrente en la obra es el comunismo. Esta ideología ni provocó la emancipación de la humanidad, ni desapareció en 1991, como certifican las loas de hace bien poco a Lenin proferidas por Alberto Garzón y Pablo Iglesias. Elorza reivindica la figura de Gorbachov y su defensa de la palabra frente a las armas, un modus operandi que Putin desprecia. Asimismo, las experiencias comunistas de este siglo XX han tenido un elemento caracterizador: el ejercicio de una represión brutal contra cualquier tipo de disidencia: “En la revolución cubana se repitió un fenómeno ya registrado en la rusa de 1917: sucedió a un régimen político caracterizado por una intensa represión, y en brevísimo tiempo multiplicó las cifras de muertos y encarcelados” (p.93).

El reto yihadista también es abordado en esta obra. En efecto, el autor se muestra tajante y, frente a las tesis progresistas que apostaban por el diálogo con el Dáesh, argumenta con criterio que “las creencias preestablecidas de los yihadistas, orientadas exclusivamente a la victoria divina, recusan todo procedimiento democrático” (p.132). En ese sentido, la respuesta militar al ISIS supuso una acción necesaria y obligatoria.

¿La democracia está en crisis? El profesor Elorza afronta sin titubeos esta espinosa cuestión: en determinados países (Venezuela, Rusia, Turquía, China o Egipto), la respuesta es afirmativa y una de sus manifestaciones ha sido la consolidación de hiperliderazgos que instrumentalizan un sentimiento cada vez más amplio de inseguridad entre la ciudadanía. Además, en algunos casos, como el que ilustra la Rusia de Putin, el rechazo de la democracia va acompañado de una política exterior agresiva, siguiendo aquél unas lógicas propias de la URSS y más tarde de Yeltsin, recurriendo al nacionalismo como herramienta al servicio de la cohesión social. De hecho, el actual jerarca ruso “está dispuesto a entrar en juego con la fuerza, asumiendo el riesgo de guerra, que es escaso ya que sus adversarios desechan de antemano responder a las armas con las armas” (p.198). No obstante, dentro del mundo occidental tampoco pueden lanzarse las campanas al vuelo, tal y como refrendan los casos de Italia, Estados Unidos durante la administración Trump o incluso la España de Sánchez.

En la parte final de la obra, Elorza desmitifica a la actual China. La represión contra los manifestantes en Tiananmén en 1989 demuestra que la democracia no tiene cabida en la agenda del PCCh. Es más, derechos humanos y libertades fundamentales son despreciadas por Xi Jinping, para quien, desde su particular entender, tal binomio sólo provoca el caos: “El dominio y la desnacionalización de Tíbet vienen del maoísmo. El grado de represión y persecución religiosa sobre los uigures, con su asimilación forzosa, es responsabilidad de Xi, y al ser programada, constituye un genocidio” (p. 191). Nada que objetar.

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