El conflicto en Gaza, que amenaza con desbordarse por todo el Oriente Próximo, ha alcanzado a las rutas marítimas entre el Oriente y el Occidente que atraviesan el mar Rojo, enclave estratégico para el comercio mundial. Con el apoyo de Irán y en apoyo de los terroristas de Hamás, los rebeldes hutíes están atentando con misiles y drones contra los barcos que transitan la zona. Algunas de las principales navieras y la petrolera BP ya han anunciado que evitarán el mar Rojo, debido a que no pueden garantizar la seguridad de sus negocios. Tras los ataques de los milicianos hutíes, los barcos se ven obligados a desviar toda la ruta y rodear todo el continente africano, atravesando el Cabo de Buena Esperanza. La alteración de las rutas marítimas ha hecho saltar las alarmas y se teme que el impacto en los precios desestabilice la economía mundial.
La reacción de Occidente ha sido inmediata. Estados Unidos anunciaba que una flota internacional se desplazará al mar Rojo para garantizar la seguridad del comercio marítimo. Según el comunicado del el jefe del Pentágono, Lloyd J. Austin, además de por Estados Unidos, la coalición que actuará bajo el nombre de "Operación Guardián de la Prosperidad", está integrada por el Reino Unido, Francia, España, Italia, Países Bajos, Canadá, Noruega, Baréin y Seychelles.
Sin embargo, en España las cosas no están tan claras como en el Pentágono. Tras el Consejo de Ministros, el Gobierno reiteraba que las fuerzas españolas no participarán en la coalición internacional “unilateralmente” y se resguardaba “bajo el marco de la Unión Europea y de la OTAN”.
Por tanto, se trata de una actuación que continúa resultando opaca y cuyos detalles se escamotean a la opinión pública española y a las propias instituciones democráticas. El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha exigido que sea el presidente del Gobierno el que dé explicaciones en el Congreso de los Diputados.
Pero a Sánchez no le conviene ninguna explicación, ya que pondría de manifiesto las contradicciones y debilidades de su Gobierno, apoyado en un partido abiertamente pro-palestino, contrario a la OTAN y al militarismo. Se impone así el secretismo para evitar cualquier contestación, en lo que es una nueva muestra del desparpajo de Pedro Sánchez para saltarse cualquier control democrático y pasar su rodillo por las instituciones.