Gastón Segura (Villena, 1967) es editor, novelista, amén de un conversador muy gratificante es un hombre culto y activo en el mundo de los libros. Desde la Editorial Drácena llega con tres libros propios: Las cuentas pendientes, Un crimen de Estado y Los invertebrados; y también rescata los textos perdidos de Valle Inclán con Jardín peregrino (relatos dispersos y extraviados) y la figura del peruano Antonio Gálvez Ronceros con Perro con poeta en la taberna y Los ermitaños.
Parece que llega con los Reyes Magos con los últimos libros que ha sacado la Editorial Drácena. Un Jardín peregrino con relatos dispersos y, aquí viena la palabra mágica, extraviados, de Valle Inclán, además de publicar a Antonio Gálvez Ronceros, fallecido hace poco.
Son proyectos de orden bien distinto. Gálvez Ronceros es un cuentista peruano al que en este volumen hemos reunido la primera colección de cuentos que editó, que son Los ermitaños, donde ya se ve su estilo, que es muy singular. Es decir, la singularidad de Gálvez Roncero está en su humorismo, que no es frecuente en la narrativa peruana. Yo recuerdo otro caso extraordinario que es Gregorio Martínez, que tiene una novela soberbia que es Canto de sirena. Los otros narradores peruanos en general suelen ser bastante serios. Quiero decir, su estilo suele ser desgarrado, incluso contenido, como son Ciro Alegría o José María Arguedas, que en Drácena también hemos publicado. Las personas conocen mucho más aquí a Vargas Llosa, no solo porque viva en Madrid sino por el Premio Nobel. Y, si no me falla la memoria, tiene una sola novela de humor que es Pantaleón y las visitadoras. Con lo cual, Gálvez Roncero tiene esa peculiaridad. Es un estilo muy localista por un lado pero en todo momento tienes la sonrisa en los labios porque son historias muy desdichadas, pero contadas con enorme humor. Y aquí El perro con poeta en la taberna es una historia absurda de un señor que va a dar un recital de poesía a una ciudad peruana y pierde la dirección. Va por toda la ciudad hasta que acaba en una taberna donde le sucede de todo. Esa fue su última novela, una novela breve, ya que este verano, desdichadamente, murió. Ya era un hombre un poco mayor, es una desgracia siempre perder a un escritor de esa talla. Aquí en España es la primera vez que se le edita.
¿Por qué lanzar este Valle Inclán extraviado?
Hay una serie de relatos primeros que no son nada fáciles de encontrar. Están en la prensa del momento y después hemos escogido y buscado todos los otros relatos que de alguna manera forman parte de los ciclos y fueron desechados. Tanto del ciclo de La Guerra Carlista, donde hay uno que se desechó, como después del conocido El ruedo Ibérico. E incluso la novela final, que es difícil de encontrar, El trueno dorado, que es una novela curiosa y que tiene también que ver con el resto de los relatos porque estos personajes últimos de madurez de Valle Inclán se repiten y pasan de un relato a otro. Es importante porque no en todas las obras completas aparecen estos relatos. Unas veces aparecen unos y otras no. Los hemos acabado de reunir para que especialmente los aficionados a Valle Inclán pudiesen completar la bibliografía valleinclanesca. El profesor Monbelli hizo el estudio previo donde explica todas las génesis de los relatos.
¿Cómo es posible que en un escritor tan canónico, tan visitado, con decenas de tesis doctorales… aún queden estos márgenes que todavía tú has espigado a estas alturas?
Es posible porque lo que sí hacía Valle Inclán, que es absolutamente curioso, es utilizar parte de estos relatos en las novelas, como por ejemplo, en El ruedo Ibérico. Algunos de estos relatos dan pie a los capítulos. Es verdad que ahí están trastocados, pero también es verdad que nunca dejó de reescribir sus propios cuentos. Alguno de los cuentos que aparecen aquí están desechados del jardín novelesco. En la primera edición aparecen pero luego los quita porque hace una segunda y una tercera edición. Les va cambiando el título y va añadiendo otros cuentos. Es una peculiaridad de Valle Inclán, que era un trabajador infatigable sobre el estilo. Además, esa es una de las virtudes que tiene esta colección, porque uno se da cuenta que parte de un Valle Inclán más o menos cercano a Zola en el estilo, después se encuentra un Valle Inclán que ya se ha introducido en el Modernismo y finalmente se encuentra el Valle Inclán que a todo el mundo le parece más reconocible, que es del estilo del esperpento, con el que está construido el ciclo novelesco de El ruedo ibérico. Un ciclo que nunca concluyó por razones de salud y económicas. Conforme entra la República, va postponiendo el ciclo a la vez que va realizando cosas por necesidades económicas como el viaje a Roma para dirigir la Academia Española. A su vez el cáncer se le va agravando y le impide acabar el ciclo. Aún así, él escribe una novela, también recogida aquí, El trueno dorado, pero muere antes de que se publique en la prensa. Todos estos relatos, como parte de la obra de Valle Inclán, aparecieron en la prensa, a modo de folletín o directamente.
¿Cómo se llega al título Jardín peregrino (relatos dispersos y extraviados)?
Lo de Jardín peregrino, que a mí me llamó la atención porque en principio íbamos a poner solamente Relatos dispersos y extraviados, lo escogió el profesor Monbelli porque Valle Inclán a las primeras series de cuentos, salvo Femeninas que es del siglo XIX, las llamó jardines: jardín novelesco, jardín umbrío… Entonces el profesor sugirió llamar a la colección Jardín peregrino por aquello de que peregrino tiene algo de errabundo.
Tanto Jardín peregrino como Perro con poeta en la taberna y Los ermitaños son las dos novedades que la Editorial Drácena saca para esta temporada.
Han salido a finales del año pasado y ahora también vamos a sacar un libro muy importante para la Generación del 27, El humo dormido, de Gabriel Miró. Me ha correspondido hacer el prólogo, que me ha costado bastante porque he querido hacer una serie de comparaciones en el uso que hace del tiempo Gabriel Miró y la influencia de ese tomo en concreto en poetas del 27 como Jorge Guillén, Salinas, Gerardo Diego y Dámaso Alonso.
Con tanto estímulo literario, usted es también creador de tres novelas como Las cuentas pendientes, Un crimen de Estado y Los invertebrados. Un crimen de Estado, además, que combina narrativa con un trasfondo de dossier importante.
Así es, anduve de la Ceca a La Meca para poderlo hacer. Es la historia que me contaba un gran amigo mío, Luis Valencia, que desgraciadamente ha fallecido. Fue testigo de un asesinato que sucede en Barcelona en el año 47. Yo no daba crédito a que el asesinato fuera como él narraba y cuando me puse a investigar en los archivos militares de Barcelona, porque el cadáver lo secuestró el ejército, todo casaba. A su vez, tuve la fortuna de ver el expediente laboral en Correos del asesinado, que es un personaje muy curioso. Es el hermano de Rafael Martínez Nadal, al que le debemos que rescatara El público, de García Lorca, en la edición que conocemos. La edición que pudo publicar, o le permitió a la familia publicar, era un ejemplar que él tenía que no estaba terminado del todo. Y bueno, la consecuencia es que la dictadura, yo no sé si por orden directa del General Franco o por esos favores que le suelen hacer a los dictadores la corte de alrededor, se vengó de Don Rafael, que había hecho una entrevista importantísima al Conde de Barcelona para The Observer donde pedía en el año 46 -publicado en el 47- la instauración de la democracia en España. Como consecuencia de esa entrevista, que también acaba en las portadas de The New York Times y el Washington Post, alguien tiene la idea de asesinar al hermano del entrevistador, Alfredo. Y así fue. Mi amigo Luis me machacaba con este asunto porque trabajaban juntos en la estafeta de Barcelona de la calle Diputación. A este señor lo asesinaron en el frontón de la plaza del Buen Suceso delante de 400 personas.
Recoge una época en la que había un cierto eco en la prensa internacional de una necesidad de democracia. De una España, como comentas, reconciliada y democrática.
Ese es el impulso que en ese momento toma el Conde de Barcelona. Que las personas en este momento no lo recuerdan, pero fue así. El año 46 se inicia con el bloqueo a la dictadura. Se acaban de fundar las Naciones Unidas y Francia promueve el bloqueo por el fusilamiento del coronel que toma París tras entrar con los maquis por la frontera. Ese bloqueo es apoyado por la Unión Soviética, todo el mundo se abstiene y se hace efectivo. Solamente se quedan en España las embajadas de Suiza, el Vaticano y no recuerdo que otro país. Y luego Argentina abre la suya. Por eso la fotografía es Evita cuando llega a España bajando del avión, en el año 47. El asesinato se produce simultáneamente a la visita de Evita, que recorre España tras traer el trigo y la carne gracias a la que los españoles comieron. Mientras ella viaja por España es asesinado aquel hombre. La novela no deja de ser una historia de varias personas alrededor del crimen.
Junto a Un crimen de Estado, también ha publicado Los invertebrados y Las cuentas pendientes, ambas en Drácena. Una editorial con editores independientes que pelean por la investigación y convertir además en literatura muchas cosas que se van perdiendo, como el caso de Gabriel Miró, que es uno de los grandes y apenas ya nadie se acuerda.
Es que Gabriel Miró tiene una sombra malvada encima que es el prejuicio que se ha extendido sobre su obra de que es un autor de difícil lectura, lo cual es falso, y que sus argumentos eran débiles, también falso. Hemos editado este verano, unidas, sus obras El obispo leproso y Nuestro padre San Daniel. Y ahora vamos a sacar El humo dormido porque es una obra paradigmática de la Generación del 27. Es más, recuerdo esto que decía Jorge Guillén “todos los días leemos el Evangelio de San Gabriel, el humo dormido”.
Transcripción de la entrevista realizada al editor y escritor Gastón Segura por el colaborador de El Imparcial David Felipe Arranz en su programa El Marcapáginas, en Radio Intereconomía.