Obama, presidente: Sí, se puede
miércoles 05 de noviembre de 2008, 06:10h
Barack Hussein Obama se ha erigido, después de una intensa campaña que comenzó hace más de dos años, como 44 presidente de los Estados Unidos. A pesar o, precisamente, según muchos analistas, el color de su piel, el Senador por Illinois ha vencido a cuantos se le han puesto por delante cuando nadie apostaba por ello en el momento en el que inició su, por aquel entonces, quimérica carrera hacia la Casa Blanca.
La victoria del ya presidente de los EEUU, inconcebible hace un año y medio, cuando todas las quinielas apuntaban a Hillary Clinton como más que probable candidata del Partido Demócrata, inaugura una nueva etapa en la historia de este país y, por ende, del mundo. La llegada de un negro al puesto más importante de los Estados Unidos, donde hace menos de 50 años aún existían leyes de segregación y, donde, aún hoy en día sigue existiendo una fractura social entre clases marcada, en gran medida, por el color de la piel, tiene un importantísimo componente simbólico y es el mejor ejemplo del sueño americano. Demuestra, sin ambages, la grandeza y la cara más positiva de un país lleno de contrastes y contradicciones pero en el que, como se ha demostrado en estas elecciones, son posibles hitos que en Europa aún quedan a años luz.
Ganara quien ganara estaba claro que estas elecciones eran, sin duda, las del cambio. Tanto Obama –obviamente- como John McCain, a pesar de que la campaña del primero se haya basado en relacionar constantemente al candidato republicano con George W. Bush, iban a traer una nueva dirección a un país exhausto y hastiado después de ocho años de gobierno que dejan como balance una crisis económica a nivel mundial y un mundo polarizado, en gran medida, por la insistencia del futuro ex presidente en anteponer la fuerza a la diplomacia. Será la historia quien deba juzgar, en un futuro la labor del presidente Bush, pero lo cierto es que, hoy por hoy, abandonará la Casa Blanca con unos de los niveles más bajos de popularidad y siendo denostado incluso por su propio partido. Sólo hay que ver que, en esta campaña ha estado prácticamente desaparecido.
Dicho esto, es necesario matizar que, a pesar de la enorme importancia simbólica de la llegada de Obama a la Casa Blanca, se equivocan aquellos que ven en el demócrata una especie de mesías que viene a cambiar por completo los Estados Unidos, tanto como aquellos que ven en él una especie de Fidel Castro que va a convertir el país en una “dictadura socialista”. Afortunadamente para EEUU y para el mundo, Obama combina su carismática personalidad con una gran inteligencia, una buena dosis de sensatez y un espíritu de trabajo y disciplina, que son los que, en última instancia le han dado la victoria. La palabra “cambio” ha sido el lead de su campaña y, es obvio que, repetimos, se abre una nueva etapa, pero hay que entender este cambio en el contexto estadounidense, es decir, en el contexto de un país que se puede enorgullecer de tener auténticos hombres de Estado como políticos. En otras palabras, la idea de hacia donde deben caminar los EEUU, a la cabeza del mundo está clara. Otra cosa son las formas o políticas concretas.
En lo que respecta a la política exterior, el cambio, como decimos más que probable, se traducirá en un nuevo liderazgo mundial basado en diplomacia y no en la fuerza bruta. Allá donde Bush se ha limitado a imponer el criterio estadounidense con el único respaldo del poderío militar y económico del país, Obama tratará de buscar consensos. Sin embargo, se equivocan aquellos que confunden la actitud dialogante del nuevo presidente –que ha asegurado que está dispuesto a dialogar con Hugo Chávez o a rebajar las condiciones impuestas a Cuba- con un ánimo pusilánime. La defensa de la democracia y del libre mercado como garante de la misma, están muy claras en la mente de los estadounidenses, demócratas o republicanos, y estos son criterios sobre los que no cabe discusión alguna para Obama. Es por ello, de esperar, que el nuevo presidente repiense su posición respecto a temas como los TLC con los países de América Latina y no sólo no los renegocie, sino que, además, saque adelante el pacto comercial con Colombia, vital para el desarrollo del país.
La gran incógnita es cómo va a afectar la llegada de Obama a la Casa Blanca a las relaciones entre EEUU y España, muy deterioradas en los últimos años debido a las desavenencias entre Bush y Zapatero. En España se respira un ambiente anti-estadounidense general, fomentado, en gran medida, por el mismo ejecutivo socialista que, incomprensiblemente ha cuidado más bien poco las relaciones con un país que, nos guste o no, es el más importante del mundo y, con el que, teniendo en cuenta la posición geopolítica española, debe existir una estrecha y fructífera alianza. Zapatero ha personalizado de forma irresponsable a todo un país en la figura de su presidente, George Bush, y ha jugado hacerle feos, con la intención de reforzar su imagen de cara al interior –en un afán de desmarcarse por completo de Aznar y, consciente, de la mala imagen de Bush en España-, sin importarle las consecuencias de cara al exterior.
De hecho, desde el Gobierno se han depositado muchas esperanzas en Obama, de cara a la reconstrucción de una buena relación con los EEUU. Esperemos que sí, que la diplomacia española y nuestro presidente sean capaces de rehacer los lazos con los Estados Unidos, más allá de la foto. Por valores, por posición mundial, por motivos de seguridad, España debe ser un aliado de los Estados Unidos, independientemente de quien lo gobierne. En eso consiste una política de Estado y eso es algo de lo que nuestros políticos deben aprender de los dirigentes estadounidenses.
Comienza una nueva época. El nuevo presidente del país más importante del mundo, Barack Hussein Obama, hijo de un keniata y una blanca de Kansas, tendrá que enfrentarse a muchos retos, el más importante sacar a los EEUU de la enorme crisis económica en la que se ahoga, reconstruir el liderazgo en valores de su país y, sobre todo, demostrar que detrás de las palabras bonitas y su excelente imagen hay un eficaz gestor que se merece la confianza que los estadounidenses han puesto en él. Sí, se puede.