Hace justo cien años, el día 21 de enero de 1924, murió Vladimir Illich Ulláanov, que se hizo famoso mundialmente bajo el apodo de “Lenin” (durante su vida revolucionaria Vladimir Uliánov tenía 147 apodos y seudónimos).
Lenin fue el principal líder bolchevique ruso, que encabezó en octubre de 1917 un asalto al poder demócrata, salido de la Revolución Burguesa de Febrero del mismo año, que había derrocado el poder del último Zar, Nicolás II. Aquel Golpe de Estado, protagonizado por los bolcheviques leninistas, fue denominado por sus protagonistas como “La Gran Revolución Socialista de Octubre”, para diferenciarla de la otra, la “burguesa” del Febrero, ya mencionada, que sí fue una Revolución democrática y no un golpe de estado comunista leninista.
Sabemos que aquella revolución socialista, producida en la sexta parte terrestre del planeta, cambió enormemente el destino de la humanidad, provocó los levantamientos populares dirigidos por los comunistas locales en numerosos países de los cinco continentes, dio origen a las guerras civiles, represiones, dictaduras, la Segunda Guerra Mundial y la formación de los bloques entre los países libres y los dictatoriales, enfrentados entre sí hasta hoy día.
No voy a relatar la biografía de Lenin y los pormenores de su protagonismo en la Revolución Bolchevique. De ello están escritos numerosos libros, ensayos, tesis doctorales y estudios socio- políticos. Quiero destacar en este artículo sólo unos episodios y algunos datos biográficos del “Caudillo del Proletariado Mundial”, que la propaganda y la historiografía soviética no quería difundir y los ocultaba durante mucho tiempo.
Sólo en la época de la “Perestroika”, iniciada por Mijail Gorbachiov y luego seguida por Borís Yeltsin, se abrieron los archivos más secretos y salieron a la luz del día los datos que contradicen en gran medida las versiones oficiales sobre la vida y la obra tanto del propio Lenin como de cómo realmente se produjo la Revolución Bolchevique.
Empezaré por las raíces étnicas del principal protagonista de la revolución “rusa”.
¿Era Vladimir Ulliánov un “ruso eslavo”, como indican su nombre y apellidos? Pues, resulta que no, en la sangre de Lenin no hubo ni una gota de la sangre eslava. El padre de Vladimir Ulliánov era calmyco por parte materna y chuvasio (los tártaros del Volga) por parte materna. Pero más “escandalosos” son las raíces de la madre de Lenin, que tenía la procedencia judía alemana por parte de su padre de apellido Blank (Blanco) y sueco-alemana por parte de su madre. La propaganda bolchevique consideraba que este origen tan poco “ruso-eslavo“ de Lenin era totalmente inadecuado para un pretendido Caudillo de la Gran Revolución Socialista “Rusa” y lo ocultaba, presentando a Uliánov-Lenin como un ruso de pura cepa y no como un medio judío Uliánov-Blank.
¿Fue Lenin un marxista convencido y consecuente que había desarrollado y enriquecido la doctrina marxista, como siempre lo aseguraba la propaganda “oficial” soviética?
Al principio de su actividad revolucionaria, a finales de los años 90 del siglo pasado, Lenin se proclamaba a sí mismo como un marxista convencido. Pero dentro de poco, ya en 1903, en el Segundo Congreso del Partido Social-demócrata de Rusia, él y sus seguidores rompieron con el resto del partido – llamados los “mencheviques”, quienes sí estaban siguiendo una línea del marxismo “clásico” – y formaron su propio partido, el “bolchevique”.
He aquí unos ejemplos de estas discrepancias de Lenin con la teoría marxista.
Según Marx, la sustitución de una formación económico-social por la otra puede producirse sólo cuando las fuerzas productivas ya no pueden desarrollarse en el marco de las relaciones productivas existentes. Por tanto, la revolución socialista puede producirse sólo en los países capitalistas más desarrollados. Lenin rechazó este postulado marxista y creó su propia teoría que aseguraba que la revolución socialista puede triunfar en un eslabón más débil de la cadena imperialista.
Marx consideraba imposible una unión entre el proletariado y el campesinado, pero Lenin, contrariamente, apostaba por esta alianza.
Marx consideraba al proletariado como una fuerza motriz en una revolución socialista (la proletaria) en un país capitalista altamente desarrollado, mientras que Lenin consideraba que en un país capitalista no muy desarrollado, con poca población proletaria y mucho más campesina, como Rusia, podría producirse una revolución socialista a base del establecimiento de una dictadura conjunta del proletariado y del campesinado más pobre. Y una vez en el poder, utilizándolo con toda la dureza necesaria (dictadura), se podría realizar el experimento comunista sin seguir a rajatabla la teoría marxista.
Ahora hablaremos brevemente sobre algunos aspectos de la Revolución Socialista en Rusia.
¿Esperaba Lenin que en el año 1917 se produciría tal revolución?
La respuesta es que “no”, ni esperaba ni estaba preparado para ella. La Revolución Democrática Burguesa, que se produjo en Rusia en febrero de 1917, como resultado de la abdicación del Zar y del traspaso del poder a la Duma (el parlamento de entonces), cogió a Lenin y sus seguidores totalmente desprevenidos. El líder bolchevique se encontraba en el exilio en Zúrich (Suiza), dedicándose a escribir y publicar sus teorías acerca de la revolución socialista. Por ejemplo, en sus intervenciones ante los jóvenes obreros suizos, él se quejaba de que durante su vida no llegaría a ver la victoria del proletariado suizo, pero que ellos, sí, en un futuro, finalmente, serán protagonistas de una triunfante revolución socialista.
Y, de repente, llega a Zúrich la noticia de que en Rusia se ha producido una revolución. Lenin estaba perplejo y asombrado. Los bolcheviques no tenían nada que ver con aquella revolución. La protagonizaron otros partidos del espectro político burgués. Pero, el máximo líder bolchevique comprendió rápidamente que esta revolución burguesa podría servir de trampolín para una revolución socialista, si los bolcheviques fuesen capaces de organizarla. Para ello había que regresar a Rusia lo más pronto posible para actuar a consecuencia.
¿Pero cómo hacerlo? Europa estaba en guerra. Lenin se encontraba en un país neutral y para volver a Rusia desde Suiza, el único camino era a través de Alemania, que luchaba contra Rusia, y cualquier ciudadano ruso, que intentara pisar el suelo germano, en seguida estaría detenido e internado en uno de los campos de concentración en Alemania.
Y aquí llegamos a un episodio más oscuro y fascinante de toda la “revolución leninista”: cómo Lenin y sus seguidores pudieron regresar a Rusia, atravesando sin problemas y sin ser detenidos el territorio enemigo alemán.
Durante la “Perestroika”, al abrirse, como ya he comentado anteriormente, los archivos más secretos, se conocieron muchos detalles de aquel viaje de Lenin a la capital rusa, el Petrogrado. Resulta que el propio Estado Mayor alemán organizó el traslado de Lenin y sus más cercanos colaboradores, en un vagón “sellado”, acompañado por los oficiales alemanes, a través del todo el territorio germano, hasta la Suecia “neutral”, y de allí, vía Finlandia, Lenin llegó al Petrogrado y, en seguida, empezó a preparar el golpe contra el Gobierno Provisional de Kerenski.
Los alemanes no sólo ayudaron a Lenin y los suyos volver a Rusia, sino también proporcionaron a los líderes bolcheviques grandes sumas de dinero, para que ellos las gastaran en la propaganda contra la participación de Rusia en la guerra contra Alemania y en los preparativos para el asalto al poder, entre ellos para la compra de las armas para la “milicia revolucionaria obrera” (la guardia roja).
La idea de utilizar a los bolcheviques para la derrota del ejército ruso en la entonces Guerra Mundial, surgió entre los estrategas del Estado Mayor alemán, cuando la situación en el frente ruso-germano empezaba a ponerse muy desfavorable para el ejército de Kaiser. Es que en aquel momento los intereses de los bolcheviques y de los militares alemanes coincidían: tanto alemanes como los bolcheviques estaban interesados en la derrota de Rusia. Para los bolcheviques la derrota militar rusa serviría para organizar una revolución (un golpe de estado) contra el debilitado régimen Zarista.
Después de la abdicación del Zar, como resultado de la Revolución burguesa de Febrero, los alemanes decidieron actuar y propusieron a los bolcheviques el trato: los militares alemanes ayudarían a los líderes bolcheviques volver a Rusia desde el exilio y proporcionarían fondos necesarios para derrocar el Gobierno Provisional que era partidario de continuar la guerra contra Alemania.
Una vez en el poder, los bolcheviques sacarían a Rusia de la guerra, firmando el armisticio con el gobierno de Kaiser. Y así sucedió: los bolcheviques cumplieron el trato y, una vez en el poder, firmaron el famoso Acuerdo de Paz en la ciudad de Brest, muy desfavorable para Rusia y bastante ventajoso para Alemania que estaba perdiendo la guerra frente a la coalición anti germana, “Entente”, formada por la Gran Bretaña, Francia, Rusia, los Estados Unidos, Italia y Japón.
El Gobierno Provisional de Kerenski tuvo conocimiento de este pacto entre los bolcheviques y los militares alemanes y proclamaron a Lenin “traidor y espía alemán”, emitiendo la orden de su detención. Para evitar ser arrestado y juzgado, Lenin tuvo que abandonar el Petrogrado y esconderse en un remoto lugar de la vecina Finlandia.
Precisamente por esta razón, cuando se organizaba el golpe militar bolchevique contra el Gobierno Provisional, Lenin no participaba en él directamente y todos los preparativos, especialmente, el asalto al Palacio de Invierno, la sede del gobierno de Kerenski, lo organizó Lev Trotski y no Lenin, como aseguraba la propaganda soviética. Lenin apareció cuando todo ya había sucedido.
Otro tópico a desmentir es la leyenda de que el principal organizador del sanguinario “terror rojo” en Rusia fue Stalin. Pues, no es así. El principal ideólogo del exterminio de las clases enteras de la población rusa: nobleza, burguesía, intelectuales, campesinos, obreros, políticos, militares, filósofos, escritores… de cualquiera que no comulgaba con la dictadura bolchevique, fue precisamente Lenin.
El creó la Checa, el principal instrumento del terror y del exterminio de todos los que no estaban de acuerdo con la política dictatorial del gobierno bolchevique, encabezado por el propio Lenin. Se calcula que el número de víctimas directas de aquel terror, organizado por las checas leninistas, alcanza un millón de personas.
Stalin, como un buen alumno, luego siguió los métodos terroríficos de su gran maestro. Como lo hicieron posteriormente todos los grandes seguidores leninistas a nivel internacional, allí donde los comunistas llegaban al poder: Pol Pot (Camboya), Mao Tse-Dung (China), Kim Er Sen (Corea del Norte), Ho Chi Minh (Vietnam), Fidel Castro (Cuba) y en otros países de la órbita comunista. Siempre con el mismo “sello” leninista: terror y exterminio de cualquier oposición. Hubo, incluso, un “Lenin español”.
Hay que destacar que Lenin no estuvo mucho tiempo en el poder, unos escasos 6 años, pero el baño de sangre que organizó contra su pueblo fue monumental. Sólo la guerra civil, desatada por los bolcheviques y que había durado 4 años, costó al pueblo ruso cerca de 10 millones de vidas humanas (mientras el número de víctimas durante la Primera Guerra Mundial es de 1,5 millones). La más brutal represión sufrió la Iglesia: centenares de templos fueron destruidos y saqueados, fueron asesinados más de 7 mil clérigos.
Lenin no escatimaba víctimas en la lucha de los bolcheviques por el comunismo mundial. A él pertenece la frase: “No importa si el noventa por cien del pueblo ruso perezca, siempre y cuando el diez por cien llegue a vivir la revolución mundial”.
Lenin murió bastante joven, tenía 54 años. Sobrevivió un atentado, pero no pudo con la aguda enfermedad coronaria cerebral. Los últimos dos años de su vida (1922-24) fue prácticamente apartado de la dirección del país, sufría tremendos ataques de dolor y pedía veneno para morir y acabar con los sufrimientos. Después de dos derrames cerebrales, que paralizaron su cuerpo y le dejaron sin habla, se convirtió en un vegetal. Posiblemente, esta agonía fuera el castigo “divino” por los tremendos crímenes que él ha cometido y por el desprecio total a la vida de los demás.
Al morir el “Caudillo del Proletariado Mundial”, sus camaradas del Buró Político y del Gobierno bolchevique montaron un verdadero “show” con su “entierro”. Se ha decidido, en contra de la voluntad de la esposa de Lenin, no enterar a Illich (así le llamaban a Lenin en su círculo más íntimo y cercano) como a un simple mortal, sino depositar su cadáver embalsamado en una cripta, instalada en un Mausoleo, una especie de la pirámide en que enterraban a los faraones. Y que el sarcófago con el cadáver momificado sea transparente para que el pueblo pudiera venir y ver a su nuevo dios casi “vivo”. De allí se nació una canción con las estrofas: “Lenin siempre está vivo, Lenin siempre está contigo, es nuestra bandera, fuerza y el arma”.
El mausoleo lo construyó uno de los mejores arquitectos rusos de la época Alekséi Schúsev. Y esta obra, más bien rara, levantada al lado de la muralla del Kremlin en la Plaza Roja de Moscú en cercanía de la más importante torre del conjunto kremlineano, la de San Salvador, con el gran reloj en su fachada principal, se convirtió en un lugar de peregrinaje, tanto del pueblo soviético como de todos los comunistas-leninistas del mundo. También es un lugar de visita para los curiosos turistas que pasan por Moscú.
Durante la época soviética (hasta el 1991) el Mausoleo estaba abierto a diario y lo visitaban, día tras día, millones de visitantes, formando unas larguísimas colas que atravesaban toda la Plaza Roja y los espacios a su alrededor. Curiosamente, como la escasez de productos y artículos de consumo popular originaba numerosas colas en las tiendas moscovitas, alguien denominó la cola al Mausoleo como “la principal cola del país”.
Con el descalabro de la Unión Soviética y la transformación de Rusia de un país “la cuna del socialismo” en uno del capitalismo habitual, el número de visitantes a la tumba del primer artífice del socialismo en el mundo se disminuyó drásticamente. Últimamente está cerrado al público y sólo se organizan unas visitas puntuales para unas delegaciones importantes y unos ilustres visitantes.
La paz solemne que reina en el interior del Mausoleo sólo fue interrumpida en tres ocasiones. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1941, cuando las tropas alemanas se encontraban a sólo a 25 kilómetros de la Plaza Roja y Moscú estaba a punto de caer en manos del ejército hitleriano, se decidió evacuar la momia de Lenin, como a la mayoría de los edificios administrativos moscovitas, a un lugar más lejano al Este del país.
Luego, cuando el enemigo fue vencido y alejado de la capital soviética, Lenin fue devuelto a su lugar habitual. La segunda vez fue, cuando, al morir en marzo de 1953, el otro Gran Caudillo del pueblo soviético, el camarada Stailn, sus compañeros del Buró Político decidieron repetir el ritual y depositar el cadáver embalsamado de Stalin al lado del que fue su maestro y camarada en vida.
Así, en la fachada del Mausoleo, donde figuraba un gran letrero gravado en el granito, LENIN, apareció otro, por debajo del primero: STALIN. Pero este dúo sepulcral no duró mucho tiempo. En 1956, cuando el sucesor de Stalin, Nikita Jruschiov, empezó la “desestalinización” del país, acusando a Stalin de los crímenes contra el pueblo soviético, la momia de Stalin fue sacada (en 1961) del Mausoleo y enterrada en una tumba “normal”, al lado del propio Mausoleo, en una alameda a lo largo de la muralla kremlineana, donde se estaban enterando a los más destacados dirigentes de la URSS. Y de nuevo, Lenin momificado se quedó como el único habitante de la pirámide de Schúsev y el escrito STALIN en la fachada del Mausoleo fue quitado, quedándose sólo el de LEININ.
Es digno de comentar que para mantener el cadáver de Lenin en un perfecto estado, evitando los efectos de la pudrición temporal, fue creada una institución específica, que sigue funcionando hasta hoy día, y los maestros del embalsamiento han logrado, durante los cien años pasados, a mantener el cuerpo de Lenin tan “fresco y guapo”, como en el primer día de su ya centenaria momificación. Y allí está, en la plaza más céntrica del país, esperando su suerte y a lo mejor a permanecer en el Mausoleo otros cien años.
Un sacerdote de la Iglesia Ortodoxa rusa me comentó: “Hasta que el Satanás del Mausoleo no fuese enterrado como Dios manda, a Rusia seguirán sucediendo muchas desgracias y desastres”.
Y voy a terminar con un chiste, nacido en los tiempos del “deshielo” de Nikita Jruschiov:
Después de XX Congreso del PCUS, Jruschiov decide sacar a Stalin del Mausoleo y empieza a ofrecer su momia a diferentes países. Nadie la quiere acoger, sólo Israel da su visto bueno.
- ¡A vosotros, jamás! - dijo Jruschiov - ¡Y si resucita!