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TRIBUNA

El Niño Jesús de la Semana Santa sevillana

martes 30 de enero de 2024, 19:44h
Actualizado el: 30/01/2024 20:01h

El Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla encargó el cartel de la Semana Santa de 2024 con la imagen de un Cristo resucitado al pintor Salustiano García que lo define como ”joven como metáfora de la pureza y bello, porque belleza y bondad son la misma cosa”. Dado el aspecto aniñatado de la figura del Cristo del cartel, Salustiano García también cuestiona alguna de las críticas que más le han llamado la atención relacionadas con que la figura de Cristo esté depilada: “no doy crédito cuando lo leo porque ningún Cristo tiene vello”.

Tanto las Hermandades Cofradías como el alcalde de Sevilla y el colectivo LGTBIQ+, han salido inmediatamente a reivindicar el lienzo en cuestión. Siendo así, nada extrañará la entusiasta adhesión “académica” de Isidoro Moreno, antropólogo de la Universidad de Sevilla: “lo más interesante no es lo que se opine del cartel, sino lo que se ha activado en relación con el mismo. En Sevilla hay un sector muy integrista dentro del mundo cofrade, que siempre que hay algo que se sale de ese patrón salta a la palestra porque se consideran defensores de las esencias. Esa pluralidad de miradas y esa tensión entre la oficial y la integrista de la Semana Santa y esa más abierta, parte del siglo XIX, donde las cofradías servían de refugio para los homosexuales que sí tenían un papel en las hermandades que se le negaba en la sociedad. Ahora esto se está acentuando, de ahí el sesgo homófobo de muchos comentarios”.

Hasta ahí la cultura oficial que hay en una parte de España, la cual marca la pauta de todo lo divino y lo humano, una especie de “religión del gusto”: si algo me complace y además pasa el fielato de la cultura hegemónica, santo y bueno. ¿Qué alguien no comparte ese peculiar criterio? Pues anatema sit. Esta cultureta viene de cuando los carteles de Semana Santa se servían de playas y “tías buenas” con capirote como trasfondo de la resurrección de Jesús. Faltaba el niño gay y ya está en Sevilla 2024. ¿Y quién explica a estos currutacos cómo tiene lugar la resurrección de Jesucristo? La próxima Semana Santa será anunciada como una carnavalada con el Resucitado haciendo esquí o eslalon, según caiga el tiempo. Lo importante es que salga sin pelos en el pecho, suavecito, juvenil.

Afinando y afinando el florido pensil, lo que se lleva este año es una Semana Santa con un Niño Jesús, un error cronológico sin la menor importancia al fin y al cabo, mejor un niño haciendo pinitos para cuando se luzca en el día del orgullo gay que un adulto divino. Qué más da que sea el no el Jesús del madero, ni siquiera el que anduvo en la mar, sino un Jesusito Pepote de fino cartón piedra. Semejante camelancia ¿tiene algo que ver con la pasión, muerte y resurrección de Jesús?

El lenguaje no es indiferente, y cuando el pintor Salustiano García habla del “renacimiento” de Jesucristo evidencia su desconocimiento de lo que se trae entre manos, pues no es lo mismo “renacer” que resucitar. ¿Será por eso por lo que en lugar del Cristo de la semana Santa le ha salido un Buda de corta edad? Si mis sospecha son falsas, a cambio, vigente como está la técnica del chivo expiatorio, y para que no se victimicen a sí mismos, ofrezco mi sacrificio vicario para el madero, a ver si terminamos ya con las guerras de “religión”.

Al Jesucristo que pasa su vida haciendo el bien no tardan mucho en matarlo. Habla Caifás, el representante del pueblo: “conviene que muera un hombre solo por el pueblo (hypèr tou laou)”. Pero el pueblo elige el perdón de Barrabás y no el de Cristo. “Díceles Pilato: ¿qué haré, pues, de Jesús, el llamado Mesías? Dicen todos: que sea crucificado (staurozéto). Él dijo: pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban más y más: que sea crucificado (staurozéto)”. Pilatos se lava las manos: ‘soy inocente (azos eimi) de la sangre de este justo”. Pedro reniega: “comenzó a echar imprecaciones (anazematítsein) y a jurar: no conozco a ese hombre que decís. Y al punto cantó un gallo por segunda vez”. El pueblo prefiere salvar a Barrabás, un zelote de vida oscura en lugar de elegir la salvación de Jesús el inocente.

En su juventud, Dios es visto por Ortega como “lo mejor del hombre, símbolo del torrente vital, perspectiva de perspectivas, suma de las perspectivas individuales”, es decir, como mero “punto de vista”. Paralelamente a la superación de su primera idea laica de Dios, donde lo religioso era primero entendido culturalmente y luego religiosamente, en La idea de principió en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva afirma: “sostenía Malebranche que si nosotros conocemos alguna verdad es porque conocemos las cosas en Dios. Más verosímil me parece lo inverso: que Dios ve las cosas al través de los hombres, que los hombres son los órganos visuales de la divinidad. Por esto conviene no defraudar la sublime necesidad que de nosotros tiene”. Y en Dios a la vista define a la religión como “un repertorio de actos específicos que el ser humano dirige a la realidad superior: fe, amor, plegaria, culto”. El valor religioso se capta como el amor de forma intuitiva, emotiva, con solicitud y esmero y nunca con negligencia: “cuando el hombre cree en algo, cuando algo le es incuestionable realidad, se hace religioso de ello. Religio no viene, como suele decirse, de religare, de estar atado el hombre a Dios. Lo contrario de religión es negligencia, descuido, desentenderse, abandonarse. Frente a relego está neclego; religente (religiosus) se opone a negligente”, indiferente, aseguró después Zubiri.

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