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TRIBUNA

Filosofía política pura: J.L. Cebrián y Sánchez

viernes 16 de febrero de 2024, 19:32h

No suelo sumarme al lema “contra peor suena, más le gusta a la gente”, pues los escritos incendiarios donde ruedan cabezas me hacen perder la mía. No pocos columnistas, que se dicen politólogos sin pasar de psicopompos, se olvidan de cómo se asa el pollo de tanto pelearse por las plumas. Me desagradan los escritos jabalí donde todo está dicho antes de ser dicho, por tanto redicho, cansino, sin recorrido. La tinta con sangre no entra aunque sea uno de los juegos de desfogue más incultos y estériles. Sobran dedos de mi mano para contabilizar los escritos que yo haya dedicado a bajar de su peana a los políticos y bufones mediáticos. ¿Cómo perder mi tiempo atacando o aplaudiendo al Gran Hermano Pedro Sánchez, que ni siquiera vale para Monstruo de las galletas, siendo tan breve la vida? Que lo hagan los artistas menores si les place y tienen quien les jalee.

Esta vez, sin embargo, voy a entrar en faena haciendo excepción y capirote para no presumir de la limpieza de que carezco, pero lo haré yendo al toro sin embestir con mi propia testuz, sino con la de Juan Luis Cebrián contra el toro enamorado de la luna alias Sancho Sánchez que está hecho un mulo pibón. Comience, pues, la tauromaquia.

El señor Juan Luis Cebrián ha venido actuando siempre desde El País -poder paraestatal del PSOE- de forma intrigante, tapada y al amparo de Polanco, el Jesús del Gran Poder. Cebrián ha venido siendo un maniobrero oportunista, una especie de Cirano de Bergerac y de Arlequín ambicioso lábil y proteico entre bambalinas y bambalinos, con el respaldo y el prestigio que por si fuera poco le otorgó su sillón en la Real Academia de la Lengua gracias a méritos propios dudosamente atribuibles como periodista bifaz. Genius malignus con bifaz rostro de Jano.

Sin embargo, no complaciéndome crucificar a nadie, no tengo empacho en agradecerle su última comparecencia pública en El País[1], donde arremete con harta razón contra el miserable y artero socialismo sanchista. Si el lema sapientis mutare consilium es correcto, y es de sabios cambiar la mala opinión, el señor Cebrián ha devenido profético gracias a las siguientes tarascadas contra el socialdemócrata Megapresidente que navega con la patente de corso de Europa. En efecto, “lo obviamente contrario al principio moral -dice Kant- es cuando la felicidad propia se convierte en motivo determinante de la voluntad”. Excelente declaración de principios al que añade otra no menor, a saber, que “cualquier tramposo en el juego, aunque se enriquezca, debe despreciarse a sí mismo por inmoral y no enorgullecerse de su inteligencia o habilidad para ganar haciendo trampas”. Por su ataque al filósofo de la escuela cínica doctor Sánchez, el licenciado Cebrián se ha vuelto kantiano.

Habría que suscribirse, pues, a El País por este giro copernicano de su antiguo director, el problema es que en este momento el señor Cebrián no nos serviría de avalista, habida cuenta de la escasa fuerza de la rebelión declinante que él mismo lidera contra los traidores a su propia obra, de la cual ha devenido pre/póstumo. Iniciemos al menos su proceso de beatificación como mártir de la Santa Causa por él fundada, a la que ahora acusa de haber mutado en Santa Inquisición su antigua Obra Redentora. Hay que subirle a los altares “más pronto que tarde” pues por menos se ha subido a otros. Llevado a hombros en rogativa este periodista de secano demostrará su santidad sobrevenida con alguna lluvia milagrosa como la que cayó cuando enterraron a Manolete, que la caja era de plomo y flotaba. Perdonen la auto/referencia nominal, pero me ofrezco como andero de la Santa Cofradía de Porteadores Cebrianos pese a la evidente declinación de mis fuerzas.

Lo confieso humildemente, me ha conmovido la conversión del académico Cebrián, cuyas palabras espero sean secundadas por sus obras, ya que no coronan los dichos, sino los hechos. Sólo héroes como él osan hoy hablar en El País de la “continua zarabanda de estupideces que se manejan en una discusión que versa sobre cualquier cosa menos sobre un proyecto político”. Más aún, añade el levantisco Cebrián, “Sánchez pasará a la historia como el presidente que más ha dividido a los españoles, al frente de una impostada mayoría progresista que no es más que un sindicato de intereses entre sus miembros, a los que primordialmente une el reclamo del poder”.

Por si fuera poco, también denuesta la imposición de “sus particulares obsesiones ideológicas, a costa del ejercicio de la libertad” por parte de los plumillas del diario El País “siempre obedientes a recitar el voto imperativo que sus jefes imponen”, y que además “han legalizado el voto de trueque que, como en todo intercambio, muestra un interés propio: la prolongación de su propia reproducción”, para lo cual “utilizan la educación y las lenguas a fin de adoctrinar a las gentes en vez de para ayudar a que se comuniquen entre sí”. El escrito culmina su vómito sobre “Sánchez y sus cuates”, camada de la cual afirma sin que le tiemble el pulso que “la obsesión por el poder es un síntoma de debilidad”. Sentencia de muerte contra las podredumbres… ajenas. Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón.

Yo, que presumo de saberlo todo del pez espada, siempre me equivoco respecto del imprevisible político, donde el vencedor mejor hace bueno al malo perdedor. Siempre espero que gane el más malo para que, extinguida la maldad radical, no vuelva a aparecer, pero la fuerza del mal es tanta que el ángel exterminador resurge de sus propias cenizas como presidente del Nuevo Partido Doblemásbueno. El maniqueísmo es la razón de ser de personas e instituciones en pugna infatigable, pero siempre acaba en tablas, tregua que aprovecha para rearmarse y exterminar a sus antagonistas, et ita porro. ¿Cómo explicar si no la reviviscencia del nazismo, del fascismo, del leninismo, del estalinismo y de los ratones coloraos?

De todos modos, ojalá que esta vez el alfil Cebrián se coma al rey Sánchez y de este modo no pueda casar con ambiciosas reinas empapadas en gasolina y sobre un surtidor con cerilla en mano gritando: “¡mira mamá, qué empoderada estoy!”. Cuidado también con lo reinón que los reyes machos llevamos dentro, feo mocoloco republicano. En un hombre también reina un zorro deseoso de ingresar en el zorrológico. Zorra ni es empoderamiento para las mujeres, ni feminismo, es poder y astucia

Menos mal que los madridistas ya hemos ganado la liga, nuestro relajatorio bélico. Liderados por Vinizius, que tiene nombre de gladiador romano y toca las maracas mejor que Machín, queda abatida cualquier forma de supremacismo, excepto el nuestro, claro. De donde colijo kantianamente que ni Cebrián ni Sánchez son del Madrid.

[1] Cebrián, J-L: Claves de razón práctica (sobre políticos y filósofos. El País, 12/02/2024.

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