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ESCRITO AL RASO

El ojo de Gutenberg por el que mira Guillermo Busutil

David Felipe Arranz
miércoles 21 de febrero de 2024, 18:03h
Actualizado el: 21/02/2024 19:04h

Es una ventana que es siempre diferente y sorprendente, entre automóviles, jardines, plazoletas y recodos. Allí está al pairo El Ojo de Gutenberg en plena marea informativa, en un remanso frente a la circulación del lujo, el turisteo y la propensión al exabrupto digital, pilotado por el capitán Guillermo Busutil. Hace dos años Busutil, junto con la malagueña Librería Luces, puso en marcha este canal, pequeños vídeos en los que el escritor y periodista recomienda un libro y lee un pequeño fragmento que sintetice, en palabras de su timonel, “la poética de la historia que contiene”. Busutil, como buen “viejoven” ejerciente y con éxito, se ha hecho youtuber “relacionando la temática de cada novela, poemario o ensayo con un lugar cuya estética o simbología dialoga con cada uno de los libros. De ese modo, cada libro tiene su escenario malagueño, y aúna a la vez un espacio identitario de la ciudad o lugares cotidianos o profesionales con las lecturas que realiza”, nos dice.

El batiscafo digital que se alza por entre las olas es de planteamiento sencillo, estilizado según la moda del dandismo, pero en el siglo XXI –Busutil es uno de los últimos seductores y rebeldes modernos–, y nos trae aires de cuando la literatura y el periodismo eran otra cosa. Cuando la vida se nos enturbia un poco con la cotidianidad política, nos asomamos un momento por este ojo de buey al jardincillo de las delicias literarias que reúne y espiga Guillermo de entre tanta espesura editorial, y con eso basta. Allí, en “El ojo de Gutenberg” es otro día, otra hora, otro deleite; el día y la hora de la literatura, de su tiempo poético, esperanzado, eminentemente universal. Hemos llegado al submarino, al barco, al ingenio náutico del impresor con urgencia de estar precisamente allí, entre los grandes; pero el capitán tiene prisa, es hombre inquieto y zarpa cada semana, de aquí para allá, y sonreímos porque después de partir con él todo es sosegado y, pese a lo que pase o deje de pasar, completamente feliz, bien acomodados en esta cita semanal a espera del libro que entre en cubierta el martes de cada semana, y en cuya tripulación colaboran Berni Naharro, Carlos Bahía y Paula Babot.

Es selectivo también en sus escenarios de ruta y tránsito. Por ejemplo. El teatro romano. El jardín botánico de La Concepción. Los Baños del Carmen. La plaza de toros. Los Museos Picasso, Pompidou, del Automóvil y del Vino. El Mirador de Gibralfaro. El parque del oeste con el bestiario de esculturas del artista Stefan Von Reiswitz. La tumba de Jane Bowles en el cementerio románico de san Miguel. Una estación del metro de Málaga. La cofia de La Farola de Málaga. La plaza de la Merced junto a la escultura de Picasso. La imprenta Dardo del Centro Cultural Generación del 27. El Jardín del Colegio de Arquitectos. La estación de Renfe María Zambrano. El Centro de arte contemporáneo. La sede de la Asociación de la Prensa. El Ateneo. Lugares emblemáticos, a los que también les ha sumado una casa en construcción, el muelle de La Marina del Real Club Mediterráneo y su gimnasio, una conocida pajarería, una farmacia del barrio de La Malagueta, el interior de un kiosco de flores de La Alameda, una consulta ginecológica, la cocina del restaurante Los Delfines, la tienda de disfraces de Carrasquilla, una galería de arte, una cerrajería, el puente de Los Alemanes, la terraza del Hotel AC, la casa de vinos La Odisea. El Café Central días antes de su cierre.

Porque todos estos lugares se acomodan con los escenarios de libros inmortales, más de cien ya, aunque novedosos. Por entre el embruzamiento de los anaqueles y el empesteñado de los huertos y jardinillos, con el oleaje del mar de fondo, atraviesan seres literarios, unas veces más líricos, otras más reflexivos, siempre reconfortantes, enseñándonos, recordándonos diríamos, a través de las letras impresas por Gutenberg, que la vida no es otra que la que fue siempre. El Ojo de Gutenberg –por eso es el Ojo– sigue observante siempre su rápido curso, engrandeciéndose su mirada con cierta ligereza simpática y derrochona –siempre la tuvo, porque al fin las propuestas de Busutil acaban en nuestras estanterías– y su río, que comenzó en fuentecilla en el ojo del agua de un remanso malagueño, se desparrama en orgullosa cascada universal. En el pequeño navío hay un respiro de buena época y se está libre de contagios y arrastres necios. Suban a bordo, por favor.

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