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DESDE ULTRAMAR

Assange

Marcos Marín Amezcua
jueves 22 de febrero de 2024, 18:17h

Amigos lectores en ambas orillas del Atlántico…y del Pacífico, decirles que entre la reboruja informativa que nos rodea y hemos normalizado, merece destacarse el caso de Julian Assange, a raiz de la muerte de Navalni. No son, en realidad, episodios similares –independientemente de que se puedan colegir lazos de unión– pero sí involucran Estados y eso torna la cosa más llamativa y nos pone en alerta a todos, o debiera. Es importante retomar el asunto, cuando el susodicho ha expresado que no considera que será juzgado de manera justa si se le extradita del Reino Unido a Estados Unidos, como ha publicado este su diario, El Imparcial, de Madrid.

Recordemos que Assange es el gestor de Wikileaks, ese quebrantamiento descomunal a los códigos de seguridad de archivos del Departamento de Estado estadounidense, revelando comunicados de sus diplomáticos que fueron remitidos a Washington durante 40 años o más y que reflejaban sin cortapisas ni filtros, el sentir de aquellos, expresándose en muchas ocasiones de manera despectiva, grosera, auténtica, desparpajada después de todo, sobre infinidad de personajes. Assange vulneró esa secrecía.

Todo ello implicó, además de colocar a EE.UU. en una situación de vulnerabilidad – exhibiéndolo ante el mundo en un cúmulo de acciones soeces, vulgares– la difusión de tales comunicados a escala planetaria resultando embarazosa al saberse lo que realmente pensaban sus diplomáticos acerca de diversas figuras de relevancia mundial. Una mezcla de vulgaridad y bajuno comedimiento por parte de los ordinarios diplomáticos yanquis. Muy lamentable todo este episodio, más por sus opiniones que por descubrirse, naturalmente, o por hacer sucedido.

Assange escogió a varios medios, incluído La Jornada de México o El País, de España, para ser la vía difusora. Cada cual escogió la información que le pareció más reconocible y pertinente o necesaria de divulgarse. Desató tempestades.

Para el caso mexicano, fue exquisito leer el comunicado del tarambana embajador yanqui de origen cubano-estadounidense, Carlos Pascual, propia de un funcionario fallido como tantos enviados por Washington en la escabrosa relación bilateral bicentenaria entre México y EE.UU. describiendo al priista Peña Nieto, entonces gobernador de una entidad y, claro, visitándolo porque se rumoreaba que sería el siguiente presidente. Se le veía fuerte y, en pocas palabras, el emisario lo describió como un priista joven de mentalidad retrograda, es decir formado en lo más putrefacto del PRI. Pero, y eso era lo destacable, con cabeza hueca, por usar un eufemismo ante su falta de ideas. Como nota al margen diremos que fama de lector no tenía, sino de pasarse horas frente al espejo. ¡Lo que nos hubiéramos ahorrado sabiéndolo a tiempo! No pudo ser. Ahí tiene usted, encabezó el peor sexenio priista, asaz corrupto e inoperante, torpe a cuál más. No para él siendo del PRI, sino injusto para México. Nada merecido, desde luego, y los mexicanos en 2024 tienen la oportunidad de votar contra el PRI y su regreso. Recuerden qué malamente, votar por Xóchitl Gálvez es votar por el regreso del PRI.

Assange es visto como paladín de la libertad expresión. Yo no lo enfocaría por ahí, porque se corre el riesgo de avalar tácticas ilegales, aunque sea periodismo. Lo que sí es verdad es que fue un obús directo al Imperio. Estados Unidos no se lo perdonará. Hace bien Assange en temer por no tener un juicio justo en ese país.

Como colofón, mencionaré dos cosas. Un defensor del sistema yanqui, un encandilado, alguna vez me replicó a la aseveración fundada de que Assange exhibió la cloaca diplomática yanqui, alegando que todas las diplomacias eran iguales, respondiéndole yo que tal vez, pero que la exhibida fue la yanqui quedando al descubierto, que es lo que cuenta. Lo demás, serían especulaciones. Recuerdo alguna conferencia intitulada “Los altos valores de la diplomacia estadounidense”. Un chiste mal contado, sin duda alguna, sabido lo sabido.

Por su parte, Correa, el polémico mandatario ecuatoriano, echó a la embajadora yanqui después de descubrirse los comentarios ordinarios hechos sobre su persona. Aquella solo pudo balbucear con absoluta torpeza que era información robada. Qué lista. Lo que ella no pudo desmentir fue que era información fidedigna, verdadera, sí generada desde su legación. Eran dos cosas distintas. La echaron.

Assange es una advertencia desde el poder, al pediodismo. A todo. Eso sí. Reta a que hay líneas rojas que no han de cruzarse. Assange, sorprende que siga vivo, es víctima, también, pues se le ha torturado de forma dosificada para disfrazarla de simple condena y es un clamor en pos de recordar su existencia, el motivo de su aprisionamiento y el veredicto todavía pendiente sobre su proceder.Todo ello también merece denunciarse.

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