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ORIENT EXPRESS

Recuerdo de Manouchian y sus compañeros

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 25 de febrero de 2024, 19:15h

Se llamaba Missak Manouchian (1906-1944) y había sobrevivido a un genocidio. Armenio nacido en el sureste de Turquía, su origen lo condenaba a muerte en el Imperio Otomano de las Masacres Hamidianas (1894-1896), la Matanza de Adana (1909) y, en fin, la destrucción de los armenios entre 1915 y 1922. Manouchian vino a nacer, pues, en un tiempo terrible. Huérfano de padre y madre, terminó en un orfanato francés en Siria junto a su hermano. De allí pasaron a Francia en 1925. Trabajó de carpintero, de tornero, de lo que pudo. Asistió como oyente a clases de literatura, filosofía e historia. Fundó dos revistas literarias. Era poeta y obrero. Se quedó sin trabajo cuando las consecuencias del Crack del 29 llegaron a Francia.

Todo parecía abocarlo al comunismo. En 1934 entró en el partido. Destacó pronto. En 1935 lo nombran miembro del Comité de Auxilio a Armenia en el seno del gran sindicato que agrupa a los trabajadores inmigrantes en Francia, que a su vez está afiliado a la internacional comunista. En esa militancia conoce a la que será su esposa, Mélinée Assadourian (1913-1989). En Alemania, Hitler ha llegado al poder en 1933. La militancia comunista se confunde con la militancia antifascista y antinazi. Los judíos del Reich se identifican, de algún modo, con los armenios exterminados por los otomanos. Franz Werfel (1890-1945) acaba de publicar “Los cuarenta días de Musa Dagh” (1933), que se convierte en una lectura formativa dentro de las organizaciones sionistas. Como el polaco Leopold “Domb” Trepper (1904-1982), líder de la mayor organización de espionaje soviético contra los nazis -me refiero, naturalmente, a la Orquesta Roja- Missak y Mélinée quedarían desconcertados por el Tratado de no Agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de 23 de agosto de 1939. En Francia, donde se habían ido encontrando judíos huidos del Reich, republicanos españoles, antifascistas italianos y, en general, enemigos de Hitler que veían a la URSS como el bastión contra los nazis, la confusión es enorme. Algunos creen que Stalin sólo gana tiempo. Otros piensan que, después de los Acuerdos de Múnich, la URSS se había quedado sola. El Reich invade Polonia el 1 de septiembre de 1939 y la URSS hace lo propio apenas dos semanas más tarde. Francia entra en la guerra, pero cae en 1940. La patria adoptiva de Manouchian queda dividida en dos zonas: una bajo ocupación alemana y la otra controlada por las autoridades de Vichy, que irán estrechando su colaboración con los ocupantes hasta confundirse con ellos.

En 1941, el Reich invade la URSS. Los partidos comunistas de toda Europa obedecen la consigna de Moscú: hay que pasar a la resistencia contra los nazis y golpearlos en la retaguardia. Era el momento que aquellos militantes estaban esperando. A los resistentes de la primera hora se les suman, a partir de junio de 1941, comunistas que vienen de años de clandestinidad en las décadas de los años 20 y 30. Sus redes son enormes. La Orquesta Roja envía información estratégica a Moscú acerca de los movimientos alemanes en Europa occidental: Bélgica, Alemania y, por supuesto, Francia. A Missak lo detienen al poco de comenzar la invasión de la URSS. Todo comunista es sospechoso en Francia. Gracias a gestiones de Mélinée lo dejan en libertad. Sigue vinculado al sindicalismo de los trabajadores inmigrantes en Francia. Vive en la clandestinidad. En 1943, se integra en la resistencia armada. El poeta armenio usa pistola y se dedica al sabotaje. A partir de junio o agosto de aquel año, manda un grupo operativo de 50 resistentes que vuelan trenes y matan a oficiales alemanes. Entre el verano y el otoño de 1943 dan más de treinta golpes a los ocupantes. El 28 de septiembre de 1943 una célula dirigida por Manouchian tirotea al coronel de las SS que trabaja en la deportación forzosa de trabajadores franceses a las fábricas de armamento del Reich.

Sin embargo, en Francia, a pocos meses del desembarco en Normandía, la presión sobre la resistencia es insoportable. Caen numerosas células. La policía de Vichy y los alemanes ya vienen a ser lo mismo. A cada acción de la resistencia le siguen represalias despiadadas contra los franceses: deportaciones a Alemania, encarcelamientos, fusilamientos. La tortura de los detenidos es habitual. El 16 de noviembre de 1943 caen en una redada 23 miembros de la resistencia; entre ellos, Missak Manouchian. Mélinée se salva por los pelos.

A los detenidos los tortura la policía de Vichy y después los entrega a los alemanes. Vichy ve una oportunidad de explotar las detenciones y el juicio políticamente. Se imprimen miles de copias de un cartel que muestra a diez de los detenidos como si fuesen terroristas. El rojo y el negro son los colores predominantes. Pasa a la historia como “El cartel rojo”. Entre los detenidos, además de Manouchian mismo, hay varios judíos polacos y un republicano español: Celestino Alfonso, natural de Ituero de Azaba (Salamanca), emigrado a Francia a principios de los años 30, carpintero, comunista y comisario político en las Brigadas Internacionales. A todos ellos los someten a un juicio farsa. Los carteles propagandísticos se complementan con los boletines de noticias en la radio y los cines y la cobertura en los periódicos. Se pretende presentarlos como terroristas. Se recurre a todas las consignas del fascismo: judeobolcheviques, comunistas, asesinos… Se los llama “El ejército del crimen”.

Huelga decir que el juicio es una puesta en escena. Dura cuatro días y concluye, por supuesto, con penas de muerte para todos los acusados. A 22 de ellos los fusilan el 21 de febrero de 1944 en Mont Valérien. A la única mujer del grupo, Olga Bancic, no pueden ejecutarla en Francia así que la deportan a Alemania y la decapitan en Stuttgart. Hay dudas sobre si fue guillotinada o decapitada con un hacha. Mélinée logrará huir y sobrevivirá a la guerra.

Manouchian, superviviente de un genocidio, dirigirá estas palabras a Mélinée en su última carta:

“Hoy hay mucho sol. Es mirando al sol y a la hermosa naturaleza que he amado tanto que diré adiós a la vida y a todos ustedes, mi querida esposa y mis queridos amigos. Perdono a todos los que me han hecho daño o que han querido hacerme daño, excepto al que nos ha traicionado para redimir su piel y [a] los que nos han vendido. Te doy un fuerte abrazo a ti, a tu hermana y a todos los amigos que me conocen de lejos o de cerca, los abrazo a todos en mi corazón.

Adiós. Tu amigo, tu compañero, tu marido”.

El pasado miércoles los restos mortales de Missak Manouchian entraron en el Pantheon. Junto a él yace su esposa, Mélinée, que falleció en Erevan en 1989 sin haberse vuelto a casar. En ese mismo lugar reposa también Jean Moulin (1899-1943), el primer presidente del Consejo Nacional de la Resistencia.

Hoy esta columna recuerda a Manouchian y a sus compañeros.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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