EL "YES, WE CAN" DE GALICIA
sábado 08 de noviembre de 2008, 11:44h
La ola de entusiasmo general que ha bañado a medio mundo tras la victoria de Barack Obama en las elecciones estadounidenses ha llegado también a Galicia. Sus líderes políticos han alcanzado un inusual nivel de coincidencia deshaciéndose en mensajes llenos de alborozo nada más conocerse que el demócrata será el nuevo presidente de la primera potencia mundial.
Pero ha sido sin duda el vicepresidente de la Xunta, el nacionalista Anxo Quintana, quien más se ha visto empujado por esa ola, que lo ha lanzado incluso a importar el “Yes, we can” (“Sí, podemos”) de Obama a la Comunidad gallega. Tal vez el líder del BNG se vea de alguna forma reflejado en esa imagen de cambio ilusionante que el afroamericano ha sabido proyectar y se recuerde a sí mismo hace algo más de tres años, cuando también él construía su campaña electoral a base de consignas de cambio político y de nuevas formas para que Galicia emergiera “democráticamente y con ella un país nuevo, abierto y solidario, orgulloso de su personalidad y convencido de sus potencialidades”, tal como quedó plasmado en el acuerdo de Gobierno que firmó con el socialista Touriño para, en teoría, materializar el “Yes, we can” de Galicia y, en la práctica, repartirse los despachos y los Audis.
No es de extrañar que tal recuerdo emocione a Quintana, pues aunque no ha pasado demasiado tiempo, poco queda, más que la rememoración y las hemerotecas, de aquel compromiso, y el verdadero cambio vivido en Galicia ha sido el de opinión y actitud de sus actuales gobernantes respecto a cuando eran oposición.
Iban a traer la transparencia y la eficiencia en el gasto público, y lo que llegó fueron millones de euros gastados en reformar despachos, en comprar coches oficiales, en contratar muchos más asesores de los que antes les parecían un escándalo y en organizar viajes de lujo con excusas culturales. Iban a acabar con la por ellos bautizada como “Administración paralela”, y han acabado creando más organismos, de forma que los “chiringuitos” que tanto denostaban se llevan el 40 por ciento del presupuesto para el próximo año. Para hacerse una idea, el último de estos inventos, la Agencia Gallega de Emergencias, supone, sólo en sueldos, 500.000 euros para el 2009, de los que casi una tercera parte se la embolsan sus dos principales directivos. Con ellos, la propaganda institucional no iba a existir en este rincón del noroeste español. Y, ciertamente, desapareció, porque pasaron directamente a gastarse nuestros cuartos en hacer propaganda política desde las instituciones, qué grandes creaciones aquellos anuncios radiofónicos que hablaban sin pudor de “la Vicepresidencia de Anxo Quintana” para no anunciar nada.
La Sanidad iba a reducir y a dar a conocer con detalle sus listas de espera. Las listas crecen, los datos se ocultan, se bloquean las citas con especialistas y en los ambulatorios faltan médicos y hay demoras de varios días incluso para obtener una baja laboral. El paro iba a pasar a la historia. Y lo que está consiguiendo es alcanzar datos históricos: en el último mes ha logrado aumentar más que en el resto de España, con casi 400 nuevos parados al día.
Para vender su “Yes, we can”, pintaron una Galicia ennegrecida y en retroceso por culpa del fraguismo. Y se comprometieron a cambiarla, a revitalizarla, a impulsarla. Escuchándoles entonces, parecía imposible que los gallegos pudiéramos vivir peor de lo que, según ellos, vivíamos con sus antecesores. Y, sin embargo, ahora somos muchos los que tenemos que decir eso de “pues sí, resulta que podemos”, dándole la vuelta al mensaje que Quintana quiere importar mientras se olvida de sus promesas ilusionantes de hace poco más de tres años.