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TRIBUNA

Pomos de esencias, jarrones de flores

martes 12 de marzo de 2024, 20:10h

Valga esta quintilla de Aza para describir el fondo de armario de los cagamendioses: “por cuestión de negra honrilla/ me propongo demostrar/ que el hacer una quintilla/ es la cosa más sencilla/ que se pueda imaginar”. Publicada en 1641, el Diablo Cojuelo es la obra más conocida de Luis Vélez de Guevara, prolífico dramaturgo (compuso más de cuatrocientas comedias, de las que pocas se conservaron) y novelista del Siglo de Oro. El protagonista Don Cleofás, huyendo de la justicia, se refugia en la buhardilla de un astrólogo y libera al diablo encerrado en una redoma. El diablo, en prenda de agradecimiento, le ofrece una panorámica de la sociedad desde la hipocresía de la nobleza hasta la miseria de las clases más humildes, entre ellas los mendigos ciegos, objeto del tranco VI.

En la Españaeterna sigue imperando aquella misma dialéctica entre quienes presumen de no haber roto un plato político en su vida, como el filósofo curioso hasta la desazón que nos dio clase de Lógica utilizando el escolástico texto latino del Padre Gredt, y que -fuerza es reconocer su personalidad y su agudeza- escribe: “cuando se celebraba un Congreso de Filosofía a la luz de numerosas lumbreras llegadas de todo el mundo, y al que tuve que asistir yo en calidad de luciérnaga, vino a vernos en un intervalo de las sesiones el representante del Instituto de la Opinión Pública del país, rogándonos que le descubrieran nuestra filiación política. Jamás me vi en tal aprieto. Salí del paso como pude diciendo que yo era hombre sin fanatismo que lee a Kant”(1).

No hay verdad ni mentira cuando lo que prima es la vacuidad. La vacuidad ha llegado incluso a los aspectos más superficiales. Sin acrimonia, hoy las cosas no se discuten se enredan, como en aquella La Pulga de las tonadilleras, donde “para localizar a la famosa pulga hay cupleteras que, nerviosas, empiezan a quitarse y ponerse prendas de vestir –más quitarse que ponerse- a fin de que el endiablado y diminuto animalito no escape”(2).

Yo me apuntaría a una tertulia entre el Cervantes manco de Lepanto, el Valle-Inclán sin brazo, y el Millán Astray pletórico de prótesis y garfios de fierro. Sin embargo, pasado ya del lectorado al acolitado, no me lisonjea ir de la idea a la contraidea en un debate entre pulgosos posmodernos. No es que pueda predicarse de mí, lo que Alcalá Galiano, que había heredado la lengua de los ángeles, pero a alguna tertulia o debate entre espadachines no falto. En el guirigay de los gritos y en la interrupción de los discursos la noche es bella capa de facinerosos. Se habla a gritos si se piensa a gritos, pero esto ¿qué significa? Ejercicio de charlatanes. Siempre quedan partidarios de la dialéctica de Engels que intenten venderte la moto averiada del marxismo científico, o frailes coñazos entusiasmados con el tomismo inerrante, insoportables tonos de domine muertos en la luz de la verdad, que viven en la mentira. Épocas tanatófugas y otras tanatópedas conviven en estas alfombras rojas y en estos cruzados mágicos a los que asisto en alpargatas.

El arma más utilizada sigue siendo el fastigio o remate de una cosa elevada que termina en punta o en puta, como hijo de puta, lo que queda cuando solo se sabe tocar el solfeo y otros dorremifás. El tuáutem de todo esto es el “y tú más”, o el “y tú menos”, cuatro reglas de tres por cuatro que estos caballeros replican día y noche cual amborrada de Calanda. Como los toritos de lidia y dada su condición de taurómacos, se asemejan a los animales en que vuelven a rebullir la fiera. Sobre todo, estos pollos se dedican al visiteo de palcos yendo y viniendo como los antiguos serenos: “esté lloviendo o nevando/ o sople el molesto viento/ el barrio estoy vigilando/ puertas abriendo y cerrando/en continuo movimiento”.

Si algún libro caracteriza de forma excelente a estos colegas es el Lazarillo de Tormes: “salimos de Salamanca, y llegando a la puente está a la entrada de ella un animal de piedra que tiene forma de toro, y el ciego mandome que llegase cerca del animal, y allí puesto me dijo: ‘Lázaro, llega el oído a este toro y oirás gran ruido dentro de él’. Yo simplemente llegué creyendo ser así; y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada; y díjome: ‘necio, aprende; que el mozo de ciego un punto ha de saber más que el diablo’, y rió mucho la burla”. En estos berenjenales un ciego guía a otro ciego y ambos van a la zanja.

Ahí andan de oca a oca: “me extraña mucho su juicio, porque él no le corresponde a usted en su admiración”, a lo que Voltaire replicó: il est possible que nous nous trompions tout deux. No se matan entre sí con sus embestidas de salón, a los que apuntan después de todo: “caballero honorable necesita señorita de compañía que hable francés y tenga cultura, pero de no poseer dichas condiciones, preséntese si es agraciada”(3). Siendo ésta la única cera que arde, ¿quién podría ser españolista de esta España? Si el director del periódico/ no nos aumenta el jornal/ vamos a acabar muy mal/ de algún espasmo espasmódico. No hay ni uno en esta camada que no vaya del porro al porrón, “tu adorado novio Pacho/ como siempre está borracho/ no te extrañe que no suba/ a visitarte, Carola,/ pues ya no está en la Española/pero sigue estando en cuba”. Otra versión del Dante extasiado ante su Beatriz: “a la salida de misa/ me basta con tu mirada/ adorada Basilisa”. O más cutre aún: “caballero honorable necesita señorita de compañía que hable francés y tenga cultura, pero de no poseer dichas condiciones, preséntese si es agraciada”.

Ellos, cagamendioses que se chancean de lo religioso deberían aplicarse a sí mismos este oráculo anti/frailuno de Francisco Umbral: “todo es bueno para el convento, dijo el fraile, y llevaba al hombro una puta”. Sí, señores facinerosos facciosos, ustedes son unos genios, hagan lo que les viniere en talante. Es usted tan grande que no tiene por qué excusarse por tomar siempre el punto de partida anterior a todos los puntos de partida, cada uno de ellos irrepetible, pero con la nariz en el poder. A ustedes les viene al pelo (a quienes lo conserven) recordar que el hombre es un animal social, pero no un animal socialista ni un ácrata bonito. Han pasado los años y, cuando lo pasado ha devenido viejo, ya es patético, pero ustedes no se dan cuenta: ¿qué son los hombres grandes que todos creemos ser sino seres humildes cuando dejamos de hacer teatro? Pero ahí andan, aunque “francamente yo no sé/ cómo algún lector sensato/ no les largó un puntapié/ por necios y por mentecatos”.

Esta mañana el whatsapp de Ismael Buch, maestro de 2º de Primaria (niños de 7 años): comunica lo siguiente a su padre y querido amigo mío Emmanuel Buch: “me acaban de decir que van a meter a mi clase un alumno pakistaní que no sabe ni español ni inglés. Así que nada, a enseñar español a un niño con desconocimiento de idioma más otros 25 niños más una niña con discapacidad intelectual más 2 niñas disléxicas más 1 niño hiperactivo más un niño de altas capacidades”.

1. Palacios, L-E: El juicio y el ingenio y otros ensayos. SND Editores. Madrid, 2022, p. 19.

2. Bravo, F: El sainete madrileño y la España de sainete. Editorial Fenicia, Madrid, 1973, p. 125.

3. Bravo, F: Op. cit, p. 25.

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