Catarsis del murciano ante Sinner. Firmó una remontada colosal tras descifrar las flaquezas del italiano (1-6, 6-3 y 6-2), en un aprendizaje de oro.
Carlos Alcaraz dijo lo siguiente tras conocer que este domingo se mediría ante Jannik Sinner en las semifinales del Masters 1.000 de Indian Wells: "Es el mejor tenista del mundo ahora, sin duda (...) Está jugando de manera increíble, sin derrotas este año. Realmente disfruto viéndole jugar así que va a ser un partido muy difícil. Va a ser un gran reto para mí para ver cuál es mi nivel". El talentoso murciano había subido su tenis en estas semanas pero tenía ante sí el reto más grande de todos. Porque el italiano se ha convertido en su némesis.
Llegaba el tenista de Bolzano lanzado. La estadística evidenciaba que nadie ha jugado mejor que él en 2024. No obstante, encadenaba 19 victorias consecutivas, con los títulos del Abierto de Australia (su primer 'Grand Slam') y del Torneo de Rotterdam en el bolsillo. Ha dado el paso adelante necesario para dar coherencia a las altísimas expectativas que ha generado este pegador de 22 años. Su crecimiento es tal que muchos analistas han llegado a proclamar que el heredero real de los mitos del 'Big Three' es él y no 'Carlitos'.
En esa ola viajaba el transalpino mientras que el nacido en El Palmar navega todavía arrastrando dudas. No jugaba una final desde el pasado agosto, cuando cayó contra el serbio Novak Djokovic en el Masters 1.000 de Cincinnati y comenzó una suerte de crisis de identidad que le ha alejado de su pedigrí. Y del número uno del ranking mundial. Está en proceso de reconstrucción a sus 20 años. Sabe que ha de pulir los pecados que todavía le son muy familiares. Uno de ellos es competir sólo a base de fuerza.
El sufrimiento
Casi nadie en el circuito es capaz de aguantarle. El problema es que a veces se le cruzan jugadores rocosos que leen su fuerza y devuelven los golpes. Uno de ellos es Sinner y el español se estrelló por esta vía durante el primer set de esta madrugada. Jannik es lo más parecido a la filosofía tenística de Djokovic que se pueda imaginar. Ejerce de pared con una eficacia sobresaliente y aplica cada vez más presión. Puede, perfectamente, desquiciar al más pintado. Y consiguió llevar al borde del descarrilamiento a Alcaraz. Cayó el murciano por 1-6 en el parcial inicial.
Sin respuestas tácticas, disparó su ratio de errores no forzados y cayó, de forma clamorosa, en los peloteos cortos y en los muy largos. Se precipitó, como tantas otras veces, y Juan Carlos Ferrero batallaba desde el palco para frenar el bloqueo mental de su pupilo. Sin éxito. Se estaba repitiendo el esquema de los últimos dos precedentes entre estos dos jugadores, resueltos con triunfos de Sinner en Miami y en Pekín 2023. Ni la lluvia, que detuvo el partido durante casi tres horas, aclaró los pensamientos del tenista español.
Jannik se fue al parón por delante (2-1) y regresó a la pista central encendido. Rompió el saque de 'Carlitos', esquivó una bola de 'break' y se escapó hacia el 4-1. Además, replicó su veneno en el resto del segundo saque rival. En definitiva, corono su mejor paleta para inocular el antídoto al fluir hegemónico del murciano. Su profundidad de golpeo y la solidez de sus defensas provocaron errores de un Alcaraz que sólo ganó con su segundo saque dos puntos de ocho en el primer set. El guión del encuentro parecía definido después de 36 minutos de exhibición transalpina.
La revelación
Le urgía localizar una solución al astro de El Palmar. Estaba contra la pared y volvía a ver el abismo de la inconsistencia que le ha perseguido durante largos meses. Entonces atendió a su palco y regresó al laboratorio táctico. Y la receta estudiada pautaba un diagnóstico claro: variar los golpes. Había que romper el ritmo industrial de Jannik por medio de la variación de alturas, profundidades y fuerzas. Y, sobre todo, había que añadir más lanzamientos lentos y altos. Debía restar desde el fondo y trasladar las dudas al planteamiento uniforme del italiano.
Y lo logró. Con unos resultados que llaman a la esperanza de cara al futuro de esta rivalidad con dimensión histórica. Ajustó en el arranque de la segunda manga y gobernó de ahí en adelante. Mantuvo la sangre fría y comenzó a aplicar los ajustes tácticos con determinación. De este modo redujo los errores no forzados y, como consecuencia, las imprecisiones pasaron a acumularse al otro lado de la red. Con 2-1 selló el 'break' que desniveló el choque. Tocaba techo la calidad del tenis por ambas raquetas, con la tribuna extasiada, pero los puntos y la inercia pertenecían ya al ibérico.
Recobró la confianza en el día señalado Alcaraz. Neutralizó dos bolas de rotura con solvencia para escaparse con el 4-2 y el 5-3 posterior. Dejó por el camino puntos maravillosos y selló el empate con una dejada marca de la casa (6-3, tras una hora y 22 minutos). Este fue el primer set que perdía Sinner de los últimos 23 parciales disputados, aunque el jugador italiano no fue capaz de entender la razón de su cortocircuito. Escapó de un 40-40 inicial y cedió su saque a continuación. Los cambios de ritmo y la altura de las bolas de 'Carlitos' le estaban torturando.
El desenlace atendió al 'eureka' que entonó el tenista español. La emisión de golpes con poco peso atenazó a un Jannik insolvente. Tenía demasiado tiempo para pensar y él se siente mucho más cómodo en la lógica de la respuesta inmediata. Las bolas tardaban en llegarle y por ahí se le escapó la excelencia mostrada este año. Su clase le permitió sólo discutir dos pelotas de partido antes de certificar su eliminación, si bien lo que más le puede preocupar no es despedirse del valle Coachella en la misma ronda y ante el mismo oponente que en 2023; su mayor quebradero de cabeza reside en que Alcaraz parece haberle descifrado.