Al pánico no le estorba un racionalismo arrabalesco
sin concesión alguna
pero quebradizo,
sagaz por encima de sus eventualidades y sus márgenes.
Las jerarquías o estratos
propinan a los fenómenos ambientes
la coherencia necesaria para
no achicarse en un caos pánico.
Dios, como toda idea reflexiva y especulativa
trocando la deleitosa hipoteca quimérica
permite derogar los propios conocimientos
para dejar un espacio a la incertidumbre pánica. Las metas y las intenciones
no pueden analizarlas temporalmente el pánico
arrabalescamente es más bien el tiempo
el que se deduce y sobreentiende
de la relación de los fundamentos con los fenómenos.
La actitud moral
que cuadra y encaja
arrabalescamente al pánico
es la virtud
que ejercita en la reyerta
ya que no aspira
al impecable candor de la pretensión.
