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TRIBUNA

Adolfo Suárez, diez años de ausencia

miércoles 27 de marzo de 2024, 14:02h
Actualizado el: 27/03/2024 21:46h

Hace diez años que falleció Adolfo Suárez, un hombre de una personalidad magnética, político excepcional y uno de los protagonistas incuestionables de la Transición política en España, al conseguir que el país pasara de una dictadura a una democracia sin problemas, quizá por primera vez en la historia.

Por supuesto, no lo habría conseguido sin el respaldo imprescindible del Rey don Juan Carlos, que teniendo todos los poderes del Jefe del Estado, heredados de Francisco Franco, los cedió y apostó por que España viviera una democracia liberal como los demás países europeos.

Aquel inmenso desafío se logró en solo doce meses: los que van desde que el Rey nombra a Adolfo Suárez presidente del Gobierno en julio de 1976, hasta la celebración de las elecciones políticas constituyentes, en junio de 1977.

Entre una fecha y otra, en el mes de noviembre de 1976 y con el apoyo de Torcuato Fernández Miranda en la parte jurídico-administrativa, el presidente Suárez logra que las Cortes Franquistas se hagan el harakiri, y que muchos «franquistas» que pensaban que sin Franco no tenía sentido mantener el régimen anterior voten «sí» a la Ley de Reforma Política que representaba un cambio absoluto respecto a la estructura del régimen anterior.

Esa ley se sometió a referéndum el 15 de diciembre de 1976 y fue aprobada por la mayoría de los españoles.

A partir de ese instante se fueron llevando a cabo los cambios necesarios en todos los temas, empezando por el respeto a todas las posiciones políticas y la legalización de los partidos; el último, el Partido Comunista, el Sábado Santo de 1977, previo regreso de Santiago Carrillo a España.

Luego se convocaron elecciones. Para presentarse a ellas, Adolfo Suárez estructuró en torno a sí un partido, Unión de Centro Democrático (UCD), cuyo propio nombre determina sin ambages su posición política y en el que se integraron partidos democratacristianos, liberales, socialdemócratas y populares.

Recuerdo las palabras del canciller alemán Helmut Schmidt, cuando se reunió con Adolfo Suárez en el Hotel Villa Magna: «Presidente, lo importante es que las elecciones valgan».

En efecto, las elecciones de junio del 77 valieron y todos los partidos políticos aceptaron sus resultados.

Fuera cual fuese su origen o ideología, todos ellos apostaron por ese proyecto común y compartido de traer la democracia liberal a España, y que llegase sin traumas, sin rupturas, para de ese modo consolidarnos como un país europeo donde prevalecieran la libertad, la igualdad, los derechos humanos y, también, la ilusión y la esperanza en un futuro mejor.

Sin esa unión, sin ese objetivo común, jamás se habría logrado. Hablo de la colaboración de partidos en general y de individuos concretos, personajes de talla extraordinaria como Rodolfo Martín Villa, Marcelino Oreja, Landelino Lavilla, Alfonso Osorio, Fernando Suárez y muchos, muchísimos más.

Entre ellos quiero destacar aquí el apoyo inestimable del Partido Socialista y de Felipe González, que aceptaron el resultado de las elecciones y contribuyeron de manera decisiva a los Pactos de la Moncloa.

Porque una vez consolidado el escenario político, Adolfo pensó que también era necesario estructurar un escenario socioeconómico aceptado asimismo por los diferentes partidos. Y así nacieron esos Pactos de la Moncloa con el apoyo de todos los grupos políticos, empresariales y sindicales.

A partir de ese momento, el nuevo Gobierno de Suárez se dedicó a preparar la Constitución, que se aprobó con éxito en diciembre de 1978. Un broche de oro para ese Año Mágico de Adolfo Suárez, al que dediqué un libro poco después de su muerte.

Yo tuve el privilegio de asistir a ese proceso de la Transición muy cerca del presidente, como director general de Radiodifusión y Televisión, uniendo la magia de la televisión y de la radio al impulso de ese objetivo común que sin Adolfo Suárez nunca hubiera existido.

Por eso no quiero terminar sin hacer un elogio de los profesionales de Radio Nacional y de Televisión Española que entendieron que su obligación era contribuir a que España viviera una democracia liberal, la libertad política, y también el equilibrio, la igualdad, el entendimiento y la concordia.

Personajes como Lalo Azcona o Eduardo Sotillos merecen un reconocimiento para la historia.

En ese Año Mágico que comprende de julio de 1976 a junio de 1977 el protagonista fundamental fue el pueblo español y, de una manera decisiva y determinante, el Rey don Juan Carlos. También, Adolfo Suárez como “director de orquesta”. Pero no lo habrían logrado sin embarcar en ese sueño a todas las fuerzas.

Ahí se fraguó un proyecto común, de futuro, un logro inmenso. Diez años después de la muerte de Adolfo Suárez, su capacidad integradora y ese espíritu de concordia siguen siendo un ejemplo y aún pueden enseñarnos muchas cosas.

Rafael Anson

Presidente de la Academia Iberoamericana de Gastronomía, presidente de Honor de la Academia Internacional y presidente de la Comunidad Europea de la Nueva Gastronomía.

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