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TRIBUNA

Después de las torrijas

Juan José Vijuesca
miércoles 03 de abril de 2024, 20:29h

¿Hay vida más allá de las torrijas? No sabría decirles. Esta y otras reflexiones me han invadido durante la Semana Santa. Entre la lluvia y el recogimiento de pesares me he dedicado al ejercicio de contrición que es una de esas costumbres cristianas que se reservan para momentos especiales. Ni beato, ni boato, pero la cuestión es limpiar el karma una vez al año por aquello de eliminar a los impenitentes ácaros.

Me he puesto al día entre los recuerdos de aquellas Semanas Santas y el fluir de los nuevos tiempos. Les aseguro que la cosa da mucho juego si se saben clasificar los deseos y se hace buen uso de las peticiones. Por ejemplo, he pedido que se publique el paradero desconocido de los casi 820.000 trabajadores catalogados como “fijos discontinuos” Uno se pone en el lugar de sus familiares o amigos y resulta muy doloroso. Años después nadie sabe nada de ellos e incluso la señora Yolanda Díaz ni siquiera es capaz de dar cifras exactas de los desaparecidos. Uno de esos desastres ‘naturales’ que este gobierno guarda con celo. Me consta que la señora vicepresidenta no “comulga” con quehaceres de iglesia y por ello estará fuera del rezo; pero dada su amistad con el papa Francisco lleva ventaja en el capítulo de ruegos y preguntas sin necesidad de ser alma pía. De esa preminencia pudiera encontrarse por fin la respuesta de estos incorpóreos trabajadores, que si bien no computan en la lista de parados, al menos se sabe que están cobrando la prestación por desempleo.

El gobierno que tenemos, tan proclive al ocultismo, nos ha venido ‘regalando’ ejemplos sobrados. Recuerdo aquel Comité de Expertos que en mala hora tomaran voz sin asomo de sus cuerpos. Nadie los vio llegar ni tampoco marchar, dicen que procedían de una dimensión paralela. La cosa quedó ahí hasta nuestros días. Más hoy no traigo solo enigmáticos secretos, sino también dudas de razonamiento.

Y he aquí que en el capítulo de dudas también me asaltan extrañas incompetencias, más no siendo este un caso propio de rogativas como el anteriormente expuesto, urge que medie el arrepentimiento por quienes prometen y no cumplen. Otra de las cuestiones a invocar desde la lógica estupefacción es la de nuestra juventud actual. Tan desvalida y descuidada que a día de hoy –y siempre a decir de doña Mónica García, nuestra flamante ministra de Sanidad- no podrán tener hijos mientras el precio de la vivienda suba más que los salarios. Para la señora García, en un discurso sobre natalidad y demografía, parece preocuparla más la alarmante baja de recién nacidos en vez de apostar por la sanidad pública como mayor problema capital de su ministerio. Por ejemplo, el abandono en investigación de cuantas enfermedades nos asolan, catalogadas de raras, entre ellas y una vez más, la de los enfermos de ELA, sin dejar atrás la barbaridad de haber privado a siete hospitales madrileños de los fondos europeos para luchar contra el cáncer. Dramático ‘castigo’ éste cuando los siete hospitales afectados atienden al 40 % de los pacientes de España.

Ahora bien, como un buen samaritano nunca debe olvidar a los descarriados, he hecho uso de mi condición a la hora de ayudar. Y en esto de la juventud he cargado las tintas para que doña Mónica García adquiera una seráfica emoción sobre el problema de la vivienda que tanto parece afectarla. A la excelsa ministra de sanidad debo recordarla que su jefe de gobierno, Pedro Sánchez, prometió construir 183.000 viviendas de alquiler asequible, de las cuales han sido acabadas 350 en todo un año. Ante tal proeza y teniendo en cuenta el ritmo tan vertiginoso de edificación, calculo que para el año 2547 se habrá acabado el problema con la entrega de la última vivienda prometida. Al menos consuela saber que para dentro de 500 años los jóvenes de hoy en día serán felices, comerán perdices y se entregarán a la cosa carnal con eso de la semillita y otros recursos placenteros.

No obstante, me informan que hay una lista de espera para esto de las peticiones milagrosas que supera a la de la Seguridad Social para operar de cataratas. Yo por mi parte y con total humildad creo haber dado soluciones a dos ministras de renombre. En fin, siempre nos quedarán las torrijas como remedio de amplio espectro. Algo es algo.

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