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TRIBUNA

Los versos de F.B.R. (y II)

domingo 07 de abril de 2024, 18:53h

El sueño de la razón poética produce realidades. Esto, que podría ser una pirueta literaria más, escurrida del aguafuerte goyesco original, en las mentes de ciertos poetas no resulta sino una evidencia. La realidad misma no es más que el telón abierto de otro espectáculo: ‘la realidad intransferible/ del que va a des-soñarse de sí para fingirse alguien/ ante sí, frente al mundo y contra qué.’ Por ello es importante que lo soñado sea igual de consistente, turbio, sorprendente y sensible, para que nos permita habitarlo sin más daño ni menor temor que la de cualquier situación que requiera unos ojos abiertos. Aquí, en este libro, prefieren mantenerse cerrados, sin dejar de ver figuras de imaginario, aunque se diluyan, aunque no resuelvan el acertijo de lo viviente, el cual nunca nos atrevemos a buscar su porqué.

El poeta de La ocasión y el homenaje, merecedor del XIII Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado, deja sus páginas al vaivén de lo somnoliento transitado. Le gusta poder observar cómo cambian. De una a otra, distintos tipos de voces, de formatos. La lectura se vuelve caleidoscópica, pero cada pieza encaja por la precisión de lo que quiere contarse. No importa la forma o el registro, no desluce si se inclina por lo trascendental o lo trivial. La herida del tiempo raudo y la vida lenta igualan y hacen que se avive el seso sin que despertemos. Para qué, mejor continuar en el sueño que en lo desgarrador del recuerdo de un sueño.

Felipe Benítez Reyes opta por el disfraz del alumno apasionado por la poesía. Vuelve a dejarse seducir por los fantasmas de tribulaciones pessoanas; se debate a horas tempranas en la calle Doradores si conseguirá, a pesar de llevar sus fuerzas hasta la extenuación, dar a su amada el deleite, aunque no sea más que una suma de abstracciones, delicadas como la finura de un bordado que abrigue un amor. Los fantasmas que también se elevan en las pavesas de una biblioteca destruida por la guerra, o en los gritos que arrastra una ola que minutos antes no tenía más utilidad que las metáforas de rigor. Benítez Reyes saca a todos a la palestra. La mezcla no adultera. No hay pasado ni presente en este ‘despliegue narrativo de la sinrazón,/ la novela sin rumbo que redactan los sueños/ en el papel en blanco de la madrugada.’ Es un festín en el que todos alzan sus copas y el tintineo se escribe porque es lo que suele hacerse siempre.

Más aparentemente irregular por lo variado de la selección, La ocasión y el homenaje ofrece, de hecho, la oportunidad de conocer al Benítez Reyes más diestro en la creación de pastiches, en formar de un barro primigenio otro poema que se le parece tanto que no pasa por el umbral de la imitación y adquiere su genuina voluntad de serlo, ampliando su dimensión de homenaje: ‘un cúmulo de errores, prodigios y extrañezas,/ la historia universal de un largo sueño/ en el que vamos relevándonos en la vida y la muerte [...]’

Al igual que la luna y las noches, y otros actos mágicos que nos despejan el insomnio y la incredulidad, la libertad de estos versos no se detiene salvo que uno decida chafarse la simulación, quedando desvelado quien estaba dormido y concluido el placer de jugar con una sombra que en verdad no era la de uno, tampoco la de nadie.

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