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LIBROS

Inocente, de Javier de la Vega, se presenta en sociedad en el Ateneo de Madrid

Javier de la Vega (i) y Javier Gallego (d), durante la presentación de Inocente.
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Javier de la Vega (i) y Javier Gallego (d), durante la presentación de Inocente.
Javier Nuez
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javiernuezelimparciales/11/6/11/23
miércoles 10 de abril de 2024, 22:57h
Actualizado el: 04/11/2024 13:21h

Este miércoles, en el marco del Ateneo de Madrid, tuvo lugar la presentación en sociedad de Inocente (Editorial Almuzara), el descarnado grito de Javier de la Vega contra un sistema judicial que le aplicó la “pena de Telediario” y acabó en la cárcel por el mero hecho de ser abogado de la familia de Mario Conde.

Acompañado por el sociólogo Javier Gállego y Ángeles López, editora de Almuzara, y bajo la presentación del abogado Marcos Arbeloa, De la Vega volvió a rememorar junto al público presente aquella tenebrosa experiencia, justo un día antes de que se cumplan ocho años de la aciaga mañana en la que su vida cambió para siempre.

Foto: Lucía Arbeloa

En Inocente, De la Vega desvela una historia real autobiográfica que el autor ha preferido novelar, ya que, sin perjuicio de que el argumento responde fielmente a lo que sucedió, encaja perfectamente dentro del género de novela de intriga.

Investigadores justicieros, jueces adictos a la notoriedad, fiscales propensos a las filtraciones interesadas, y periodistas dispuestos a romper con el principio de presunción de inocencia forman parte de una intrincada trama, la del Caso Fénix, que llevó a este escritor durante una temporada a la prisión de Valdemoro con pensión completa.

“Una editorial valiente”, en palabras de Javier Gállego, ha hecho posible que esta novela que refleja una visión crítica del sistema judicial y penitenciario de quien sufrió un montaje llegue a las estanterías de las librerías.

Durante el diálogo que mantuvieron Gállego, López y De la Vega, el escritor remarcó “lo espeluznantemente fácil que puede llegar a ser que una persona acabe en la cárcel” y cómo en la sociedad actual se deja de lado las garantías judiciales más básicas en base a una “pena de Telediario”.

De la Vega comprobó de primera mano la misma mañana de su detención cómo su pareja, a la que dedicó su primera llamada, ya sabía del caso más que él tras escuchar a Carlos Herrera por la radio.

De su casa al calabozo y de ahí a la prisión, no sin antes recibir una “oferta” para que, si delataba a la familia Conde -“tienes que decir esto para que pueda parecer que se haya hecho aquello”-, la pesadilla acabara en diez minutos.

“Sentí vergüenza ajena por la persona que me llegó a proponer ese pacto”, apuntilla De la Vega.

Foto: Lucía Arbeloa

Tras una breve estancia como compañero de celda de Mario Conde, De la Vega llegó al centro penitenciario de Valdemoro sin saber si estaría semanas, meses o años. “Yo descuento días, tú los sumas”, le llegó a decir un preso ya condenado que se compadecía de la bruma temporal que rodeaba al escritor.

Durante su tiempo en prisión, unos meses finalmente, De la Vega se adaptó a los ritmos carcelarios y a su microcosmos particular. Tanto como para temer abandonar esa burbuja en cuanto se le concedió la libertad provisional.

A pesar de reconocer que lo llevó bien, asegura a su vez que es algo de lo que “no te recuperas nunca”. Los ruidos de la noche carcelaria siguen presente en sus sueños, de los que se sigue despertando como un reloj a las cuatro de la mañana, momento del cambio de luces en Valdemoro.

El Caso Fénix, a cargo del juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, acabó en sobreseimiento por falta de prueba alguna que justificara la persecución.

Acudió al Colegio de Abogados y encontró el silencio por respuesta hasta en dos ocasiones, antes y después del cierre del caso. Su agenda de contactos se redujo a la mínima expresión al descubrir, como un sabio exlegionario le comentó en Valdemoro, que “para saber si alguien te quiere, lo mejor es pasar por prisión”.

Foto: Lucía Arbeloa

Esta experiencia ha llevado a De la Vega a tener claro que “hay una Justicia para ricos y una Justicia para pobres”, reconociendo estar en el primer caso agradecido a sus amistades y contactos, algo de lo que carecían aquellos con los que intercambió vivencias en prisión.

“¿Por qué somos tan pasivos cuando tenemos una injusticia delante?”, clamó De la Vega, quien reclamó en su alegato final una defensa más activa de la presunción de inocencia por parte de la sociedad.

En un último quiebro macabro en la historia, el Estado se ha sumado de manera involuntaria a la promoción de Inocente haciendo llegar la semana pasada su respuesta la reclamación que hizo en su momento De la Vega para resarcir el sufrimiento a manos del sistema judicial español. En lugar de indemnización, la Justicia le otorgó una perla de sabiduría: “El tiempo mitiga todo daño”.

Foto: Lucía Arbeloa

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