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ENTREVISTA

Arantxa Aguirre: “El azar es el coguionista de mis historias y mi mejor ayudante”

Arantxa Aguirre durante el rodaje de 'Viena, Viena' en Lausanne. Fotografía de Sergio Dustua
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Arantxa Aguirre durante el rodaje de 'Viena, Viena' en Lausanne. Fotografía de Sergio Dustua
Javier Mateo Hidalgo
martes 16 de abril de 2024, 08:26h
Actualizado el: 16 de abril de 2024, 14:12h

Hablar de cine documental español en la actualidad implica mencionar obligadamente a Arantxa Aguirre como una de sus creadoras más sobresalientes. Hija de la actriz Enriqueta Carballeira y del cineasta Javier Aguirre, el hechizo con el séptimo arte parecía en cierto sentido inevitable. Tras trabajar con cineastas clave de nuestra cinematografía como Luis García Berlanga, Carlos Saura, Mario Camus, Basilio Martín Patino o Pedro Almodóvar, inició su propia andadura como directora. Caracterizada por una realización siempre personal, Arantxa ha dejado una firma inconfundible en cada uno de sus trabajos, sin importar los objetivos o las temáticas. Y es que han sido múltiples las inquietudes artísticas que han atravesado su trayectoria como cineasta: desde la interpretación actoral o la puesta en escena de distintos montajes escénicos, pasando por la música y sus compositores, la pintura, la arquitectura y, ahora incluso, la escultura. Cada una de ellas ha sido mostrada por esta cineasta desde una narrativa única, que logra lo imposible: la equilibrada convivencia entre el respeto por lo que se filma y el estilo propio dado a lo que se retrata. Por su mirada han pasado figuras tan distintas y relevantes como la actriz Nuria Espert — Nuria Espert. Una mujer de teatro (2012)—, los músicos Antonio Soler —Una rosa para Soler (2015)— y Enrique Granados —El amor y la muerte. Historia de Enrique Granados (2018)— o el pintor Francisco de Zurbarán —Zurbarán y sus doce hijos (2020)—, así como la compañía de teatro español Els Joglars —La zarza de Moisés (2017)— o la Béjart Ballet Lausanne —Dancing Beethoven (2016)—. Del fundador de esta última también dejó testimonio fílmico con El esfuerzo y el ánimo (2009). Actualmente se encuentra preparando Ciento volando, un nuevo documental que conmemora los cien años del nacimiento del escultor Eduardo Chillida, y que esperamos con entusiasmo.Cartel de Dancin Beethoven

Pero Arantxa es a su vez múltiples Arantxas y a su faceta cinematográfica hay que sumar muchas más. Además de ser doctora Filología Hispánica, ha publicado los libros Buñuel, lector de Galdós (2018) —Premio de Investigación Pérez Galdós 2003— y 34 actores hablan de su oficio (2008). A finales de 2021, fue nombrada la sexta mujer académica de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y para dicha institución filmó también una bella pieza audiovisual titulada Bellas Artes, Km. Cero.

Arantxa nos ha concedido la presente entrevista, donde hemos puesto sobre la mesa diversas cuestiones relativas a su obra y su oficio.

¿Como cineasta, qué fue lo que te llevó a centrar finalmente tu interés en el ámbito documental?

Yo venía de trabajar como ayudante de dirección en el cine de ficción, muchas veces en películas de grandes presupuestos. Lo que descubrí en el documental —algo que ya había empezado a ver cuando colaboré con Basilio Martín Patino—, fue que se podía trabajar de una manera mucho más artesanal e independiente, con un equipo reducido y controlando mejor cada detalle del proceso. Y que eso no sólo no afectaba a la creatividad sino que podía incluso dispararla. Por medio del documental esquivas la parafernalia que a veces rodea al cine y te acercas a la libertad de la escritura. Dicho esto, si vamos a la esencia del género, suscribo lo que afirma Víctor Erice en una entrevista de Carlos Heredero: “no establezco diferencia sustantiva entre el documental y la ficción. Ambos se constituyen en cuanto escritura cinematográfica. La ficción está siempre presente en la mirada.”

Arantxa Aguirre con Basilio Martín Patiño en la preparación de la serie 'Andalucía, un siglo de fascinación'.

A lo largo de tu trayectoria has abarcado las diferentes manifestaciones del ámbito cultural: de la interpretación a la música, la pintura y ahora la escultura. ¿Este abanico tan amplio es reflejo de una personalidad polifacética?

Puede ser el reflejo de mi manera de entender las artes como distintas ramas de un mismo árbol. Creo que se nutren de una savia común. Aunque se manifiesten de manera diferente, apelando a distintos sentidos o utilizando materiales diversos, siempre he sido consciente de la relación que había entre ellas y he encontrado paralelismos y correspondencias. Cuanto más ahondaba en una, más recursos tenía para entender a las demás.

Tu padre, Javier Aguirre, tuvo como cineasta una constante preocupación por renovar el lenguaje fílmico a través de su vertiente teórica y experimental. ¿De qué modo pudo influir en la búsqueda de tu propia voz como cineasta?

Me influyó mucho su actitud abierta y curiosa. Le veía leer, escuchar música, ir al cine, al teatro, a las exposiciones. En cierta época me hablaba mucho del arte moderno y las vanguardias. Él y mi madre, la actriz Enriqueta Carballeira, y también mis tres tías músicas, son la razón de que yo me mueva entre las artes como pez en el agua. También es verdad que ya había algo en mí que era muy sensible a esos estímulos puesto que mi hermano, por ejemplo, encaminó su vida por otros derroteros.

Como directora de cine documental, ¿qué importancia tiene el azar en tu proceso creativo a la hora de filmar la realidad?

Toda la importancia. El azar es el co-guionista de mis historias y mi mejor ayudante. En realidad, debería decir que yo soy la ayudante del azar y que estoy extremadamente atenta a sus aportaciones para que la historia alcance el grado de verdad y de emoción que se merecen los espectadores.

Cartel de la película 'Zurbarán y sus doce hijos'.Sabiendo que a lo largo un rodaje la historia puede cambiar por completo, ¿cómo concibes el guion previo de un proyecto?

En el tipo de documental que yo hago, el guion previo es solo una declaración de intenciones y una manera de poner en marcha el proyecto. Sé muy bien que la realidad a la que me voy a enfrentar después es, por definición, más rica, compleja e interesante que cualquier tentativa de disecarla de antemano. Por supuesto, esto supone un vértigo muy grande porque nunca sabes si vas a ser capaz de captar a tiempo esa realidad y de interpretarla con la suficiente penetración. Pero ese vértigo forma parte de un trabajo que, por otro lado, te enriquece enormemente.

El montaje también resulta determinante a la hora de crear una película. ¿Cómo lo concibes dentro de cada película?

El montaje es la hora de la verdad. Previamente has soñado, te has informado, has preparado, has rodado, hasta que llega un momento en que el material llega a la mesa de montaje y se acabó lo que se daba. A partir de ahí ya es un combate cuerpo a cuerpo, frame a frame, hasta que logras darle una estructura a todo ese magma y, sobre todo, hasta que logras llenarlo de sentido.

Tu faceta filológica se hace patente también en tu cine, el cual da una gran importancia al elemento narrativo o literario. ¿Es Arantxa Aguirre una cineasta que escribe dirigiendo?

Creo que sí. A veces elimino un plano del montaje como quien elimina un adjetivo. Estoy segura de que, si no hubiera recalado en el cine, me habría dedicado a escribir. El cine fue un arte nuevo, un cajón de sastre que acogía a todo tipo de personajes inquietos. Entre los directores españoles del siglo XX, creo que algunos proceden de la vertiente literaria, narrativa, como Mario Camus o Gutiérrez Aragón, y otros de la fotografía o de las artes plásticas, como Saura. Luego esas fuentes se mezclan en las aguas del cine y se llega a una nueva forma de contar alimentada de todas las tradiciones anteriores y donde lo narrativo y lo plástico no es menos importante que lo auditivo. Yo cada vez le doy más importancia al sonido, tanto a la hora de apreciar las obras de los demás como en mi propio trabajo. Las voces originales de los actores, los sonidos de los objetos o de la naturaleza, la musica, los silencios, son elementos con una enorme carga expresiva a la que soy cada vez más sensible.

El libro Buñuel, lector de Galdós, profundiza en la importancia que el imaginario del escritor canario tuvo en la construcción del universo del genio de Calanda. ¿De dónde surgió tu interés por ambos creadores así como la idea de concebir esta obra?

Yo era una niña muy lectora y un día le pedí a mi padre que me regalase unas novelas de Dickens, a quien conocía a través de sus adaptaciones al cine. Entonces él fue a la Feria del Libro y volvió con los Episodios Nacionales de Galdós. Es nuestro Dickens, me dijo, con bastante buen criterio. Así que empecé por Trafalgar y, a falta de Oliver Twist o David Copperfield —con quienes ya me había encontrado en la pantalla, por otra parte—, conocí al insigne Gabriel Araceli. Esos volúmenes de la Editorial Aguilar, con su cubierta granate y el papel de biblia, me han acompañado siempre. A Buñuel lo descubrí más tarde y venía, además, con la aureola de la generación del 27 y de los grandes artistas e intelectuales del exilio. Cuando decidí hacer mi tesis sobre cine y literatura, lo único que tenía claro es que quería encontrar un cineasta de la misma talla que el autor adaptado. Quería investigar lo que pasa entre dos gigantes que se miran frente a frente. Buñuel adaptando a Galdós era exactamente lo que estaba buscando. El hecho de que ambos representaran universos dispares (al menos, en apariencia) solo le añadía interés al asunto.

Cartel japonés de 'El esfuerzo y el ánimo'.

Una parte ineludible en tu currículum es la colaboración con cineastas tan fundamentales en la historia del cine español como Berlanga, Saura, Camus, Patino o Almodóvar. ¿Qué aprendizaje obtuviste de esta etapa y como lo aplicaste en tu trabajo como realizadora?

En primer lugar déjame mencionar a Mario Camus, con quien empecé y con quien más he trabajado, con mucha diferencia. Mario era muy serio cuando dirigía y me enseñó a respetar el oficio y a cada uno de los profesionales que componen un equipo de rodaje. Se fijaba en las personas que le rodeaban como lo hacen los escritores, con interés genuino -al fin y al cabo son su materia de trabajo- y también con humanidad y un afecto medio disimulado por esa sobriedad tan del Norte. Con Almodóvar trabajé en Mujeres al borde de un ataque de nervios y luego en Tacones lejanos, es decir, en un momento en el que se estaba consagrando internacionalmente como gran cineasta. De él me impresionó la manera que tenía de volcarse en su trabajo, como si no existiera absolutamente nada más en el mundo y, sobre todo, ese talento en estado puro que irradiaban tanto sus guiones como su manera de dirigirlos. Más tarde trabajé en varios proyectos con Patino, irónico e inteligente como él solo, también con una gran sensibilidad a la hora de escribir y, además, un mago del montaje. Con Saura y con Berlanga sólo colaboré en una película de cada uno, Ay, Carmela y Moros y cristianos, respectivamente. Para no alargarme, lo más importante que aprendí en esa etapa fue que hay maneras muy diferentes de ser genial.

Fotograma dibujado por Ana Juan para una secuencia animada de 'El amor y la muerte'.

A finales de 2021 te convertiste en la sexta mujer académica de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. ¿Cómo ha cambiado tu vida esta nueva faceta?

Quitando los días de rodaje, mi trabajo habitual se desarrolla frente al ordenador o en la sala de montaje. Es una actividad bastante solitaria. La Academia me ha permitido formar parte de una comunidad de personas muy sabias de quienes puedo aprender constantemente. Las reuniones semanales representan un espacio de reflexión en medio de la turbulencia de los días. Me siento afortunada de pertenecer a una institución tan prestigiosa, de la que espero ser un miembro activo y útil.

Para finalizar, ¿qué nos puedes adelantar de Ciento volando, tu nuevo proyecto sobre la figura del escultor Eduardo Chillida?

Cronológicamente vendrá después de mi trabajo en una serie de televisión que tardará en emitirse porque la hemos hecho varios directores y aún quedan capítulos sin terminar. Por su parte, el documental Ciento volando se va a estrenar en el Festival de San Sebastián y supone uno de los desafíos más importantes a los que me he enfrentado nunca. Por un lado, es la primera vez que trabajo en torno a la escultura pero es que, además, la figura de Chillida es tan potente que me vuelve del revés y me hace cuestionarme todo lo que sé. Pone a prueba mi capacidad de contar una historia y de encontrarle el tono justo y la justa medida. Los espectadores tendrán que juzgar si he salido airosa del empeño.

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