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Marini no formará gobierno

Italia pone en marcha la maquinaria para ir a las urnas el 13 de abril

martes 05 de febrero de 2008, 19:02h
Napolitano convocó a los presidentes de Congreso y Senado, Fausto Bertinotti y Franco Marini, a las seis y siete de la tarde del martes, respectivamente, “de acuerdo con el artículo 88 de la Constitución”, explicó el comunicado oficial del Quirinale al anunciar la convocatoria. El citado artículo es el que estipula que el jefe del Estado, tras “convocar y hablar con sus presidentes, puede disolver ambas Cámaras o sólo una de ellas”.

Así lo anunciará oficialmente el miércoles Napolitano, tras constatar que de nada ha servido la ronda de exploración intentada por el presidente del Senado en los últimos días. El lunes, Marini le comunicó al jefe del Estado la total imposibilidad de llegar a un consenso entre las fuerzas políticas para formar un nuevo ejecutivo y, sobre todo, aprobar una reforma de la actual ley electoral, la verdadera manzana de la discordia de la actual crisis gubernamental.

Las elecciones anticipadas intentarán resolver ahora la crisis abierta después de que el primer ministro, Romano Prodi, se vio obligado a presentar su dimisión tras el fracaso de una moción de confianza a su ejecutivo en el Senado el 24 de enero. En la cámara alta su gobierno de centro-izquierdas no tenía la mayoría. Y así su caída fue inevitable después de que uno de los pequeños partidos democristianos de su coalición, el Udeur de Clemente Mastella, anunciase que se retiraba de la alianza debido al arresto bajo una acusación de corrupción de la mujer de su líder.

Ahora, con la disolución del Parlamento en puertas de ser oficial, la cuestión es cúando votarán los italianos. Tal y como manda la Constitución italiana no pueden pasar más de 70 días sin un nuevo Parlamento, por lo que el consejo de ministros ha fechado los comicios para los días 13 y 14 de abril.

“Mi opinión y la del ministro del Interior, Giuliano Amato, es que coincidan las elecciones generales con las administrativas”, confirmó el ministro para las Relaciones con el Parlamento, Vannino Chiti, al término del consejo de ministros del martes.

En todo caso, esa votación se celebrará mediante un sistema electoral que fue aprobado en vísperas de las elecciones de 2006 por la mayoría de centro-derecha del entonces primer ministro conservador, Silvio Berlusconi, y que es una combinación de proporcional y mayoritario. A él se achaca la inestabilidad de la alianza de gobierno que Prodi formó después de que las fuerzas del centro-izquierda ganasen en las urnas.

Y es que mediante el mismo adquieren una importancia fundamental las pequeñas formaciones de centro democristianas que apoyan a los grandes polos de la izquierda y la derecha en las coaliciones gubernamentales. La de Prodi siempre sufrió de una debilidad estructural que, en varias ocasiones ya la pusieron al borde del abismo. A mala pena lograba salvarse. Pero al final, era cuestión de tiempo que apareciese otro problema, otra posición irreconciliable, para que cayera.

La inevitable caída de Prodi

Los “tormentos” del gobierno Prodi han sido sonoros. Y cada vez provocados por las excesivas diferencias ideológicas de sus aliados, que iban desde los grandes herederos del ex Partido Comunista italiano, a los pequeños herederos del pasado democristiano, como el partido de Mastella, hasta la extrema izquierda, sin olvidar a los grupos del centro. Así, el primer ministro ya estuvo a punto de dimitir, aunque se salvó por un pelo en otra moción de confianza también en el Senado, debido a la presencia italiana en Afganistán, algo a lo que se negaba uno de los partidos más a la izquierda de su coalición.

Luego se las tuvo que ver con una diputada cercana al Opus Dei, miembro de uno de los partidos democristianos, que se negó a votar una ley contra la discriminación. La diputada argumentó su voto afirmando que, para ella, la homosexualidad era “una enfermedad que hay que curar” y confesó dormir sobre una tabla y llevar cilicios, levantando las iras de las formaciones de izquierda y haciendo las delicias del centro-derecha, pues el caso dejó patente las grandes contradicciones de un centro-izquierda que durante años se había aglutinado sólo gracias a su encarnizado anti-berlusconismo.

A ello se ha unido con el paso de los meses la cada vez más profunda división dentro de la propia izquierda. Desde octubre de 2007, los Demócratas de Izquierda, los herederos de las fuerzas ex comunistas, y la Margarita, el partido de centro de Francesco Rutelli, se aglutinaron en una sola fuerza, el Partido Demócrata (PD), liderado por el alcalde de Roma, Walter Veltroni. Este último ahora, ha anunciado ya que prepara su dimisión como primer ciudadano de la capital italiana para que el PD se presente a las elecciones anticipadas separadamente del resto de las fuerzas de izquierda.

En contraste con esta división, los que ya han anunciado irán a las urnas unidos ha sido la coalición de centro-derecha, la llamada Casa de las Libertades, que agrupa tanto al partido de Berlusconi como a la derechista Alianza Nacional de Gianfranco Fini y a otra miríada de miniformaciones de centro, demócratas y católicas. Berlusconi y sus aliados se han negado en las últimas semanas a ningún tipo de acuerdo sobre la reforma electoral, que quizás no hubiera salvado a Prodi como jefe del gobierno, pero que habría dado lugar a la formación de un llamado ejecutivo técnico, es decir, con miembros independientes no excesivamente “marcados” políticamente, que hubiera seguido gobernando el país y hubiera preparado la citada reforma para su votación en el Parlamento.

Los líderes del centro-derecha, sin embargo, prefieren el responso de las urnas, aprovechando que los últimos sondeos les atribuyen una ventaja de entre 10 y 14 puntos con respecto al centro-izquierda y el cada vez mayor descontento popular causado por sus incongruencias ideológicas y los males endémicos de corrupción y crisis económica que no ha logrado resolver.


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