El hallazgo de variantes génicas raras en dos genes, por un equipo de científicos británicos, se traduce en un riesgo hasta seis veces mayor de padecer obesidad. Se basan en datos sobre el Indice de Masa Corporal de medio millón de personas.
Dirigido por investigadores del Medical Research Council (MRC) y la Unidad de Enfermedades Metabólicas, de Gran Bretaña, el estudio aparece en Nature Genetics y detalla las variantes raras en los genes BSN y APBA1. Utilizaron el Biobanco del Reino Unido y otros datos para realizar la secuenciación completa del exoma del índice de masa corporal (IMC) en 587.027 personas.
Esas variantes génicas en el gen BSN, también conocido como fagot, pueden aumentar el riesgo de obesidad hasta seis veces y también se asociaron con un mayor riesgo de enfermedad del hígado graso no alcohólico y de diabetes tipo 2.
Descubrieron también que las variantes del gen Bassoon afectan a 1 de cada 6.500 adultos, por lo que podrían afectar a unas 10.000 personas en el Reino Unido.
Es bien sabido que la obesidad es un factor de riesgo importante para muchas enfermedades comunes y tiene un componente hereditario sustancial. Además, es un importante problema de salud pública.
A pesar de la multitud de estudios ya realizados, los científicos no comprenden completamente las razones génicas por las que ciertas personas son más propensas a aumentar de peso.
Variantes génicas asociadas a la obesidad
En este trabajo se recuerda que investigaciones anteriores han identificado varias variantes génicas asociadas a la obesidad, que confieren grandes efectos desde la infancia, actuando a través de la vía leptina-melanocortina en el cerebro, que desempeña un papel clave en la regulación del apetito.
Sin embargo, si bien tanto BSN como APBA1 codifican proteínas que se encuentran en el cerebro, actualmente no se conoce su implicación en la vía leptina-melanocortina. Además, a diferencia de los genes de la obesidad identificados previamente, las variantes en BSN y APBA1 no se asocian con la obesidad infantil, siempre según estos investigadores.
Así las cosas, los autores de este trabajo defienden que han descubierto un nuevo mecanismo biológico para la obesidad, diferente de los que ya conocemos para las variantes genéticas previamente identificadas. En este sentido, sugieren que la neurodegeneración relacionada con la edad podría estar afectando el control del apetito.
En opinión del profesor John Perry, autor del estudio e investigador del MRC en la Universidad de Cambridge, “estos hallazgos representan otro ejemplo del poder de los estudios genéticos de poblaciones humanas a gran escala para mejorar nuestra comprensión de las bases biológicas de las enfermedades. Las variantes genéticas que identificamos en BSN confieren algunos de los mayores efectos sobre la obesidad, la diabetes tipo 2 y la enfermedad del hígado graso observados hasta la fecha y resaltan un nuevo mecanismo biológico que regula el control del apetito”.
La accesibilidad a bases de datos a gran escala, como la del Biobanco del Reino Unido, ha permitido a este equipo buscar variantes génicas raras que puedan ser responsables de enfermedades como la obesidad.
Colaboración público-privada
Para llevar a cabo este trabajo, el equipo trabajó junto con expertos de AstraZeneca, para replicar sus hallazgos en cohortes existentes utilizando datos genéticos de individuos de Pakistán y México. Este matiz tiene especial relevancia, ya que los científicos pueden ahora comparar sus hallazgos más allá de individuos de ascendencia europea.
Si, de esta forma, pueden comprender mejor la biología neuronal de la obesidad, podrían presentar más objetivos farmacológicos potenciales para tratarla en el futuro.
En este sentido, el doctor Slavé Petrovski, vicepresidente del Centro de Investigación Genómica de esa empresa farmacéutica británica, destaca que “rigurosos estudios a gran escala como este, aceleran el ritmo al que descubrimos nuevos conocimientos sobre la biología de las enfermedades humanas”. Añade que la colaboración entre el mundo académico y la industria, aprovechando conjuntos de datos globales para su validación e incorporar un enfoque genómico a la medicina de manera más amplia, beneficiará a los pacientes.
Ya por último, el profesor Giles Yeo, de la Unidad de Enfermedades Metabólicas del MRC y miembro del equipo, asegura que han identificado dos genes con variantes “que tienen el impacto más profundo en el riesgo de obesidad a nivel poblacional que jamás hayamos visto, pero quizás lo más importante es que la variación en el fagot se relaciona con la obesidad de inicio en la edad adulta y no con la obesidad infantil. Por tanto, estos hallazgos nos dan una nueva apreciación de la relación entre la genética, el neurodesarrollo y la obesidad”.