El proyecto de Puigdemont ha perdido bastante fuelle social y ahora trata de revertir la situación con su regreso a España.
El independentismo está experimentando una paradoja: carece de fuelle para culminar el 'procés' que quedó encallado en 2017 pero nadie ha conseguido hasta ahora enterrarlo, una situación que está obligando a ERC y JxCat a inclinar su hoja de ruta hacia un mayor gradualismo para adaptarse a la desmovilización.
Uno de los eslóganes más repetidos por el candidato del PSC a la presidencia de la Generalidad, Salvador Illa, es su apuesta por "pasar página" y "dejar atrás diez años perdidos", una idea que firman también -aunque con recetas muy distintas de las de los socialistas- el PP, Vox y Ciudadanos. ¿Servirán las elecciones catalanas del 12 de mayo para finiquitar el 'procés'? ¿O pueden representar su relanzamiento, de la mano de ERC o de un Carles Puigdemont decidido a volver a Cataluña en junio?
Posibilismo sobre la mesa, DUI en el cajón
Tras unos años de resaca por los acontecimientos de 2017 y sus consecuencias judiciales y ante la paulatina desmovilización del independentismo en la calle, las proclamas a favor de una declaración unilateral de independencia (DUI) han desaparecido de los programas de ERC y JxCat, y tampoco la CUP insiste en ello, ya que prefiere marcar perfil con reivindicaciones socioeconómicas.
Una vez pactada la ley de amnistía en Madrid, el presidente de la Generalidad y candidato de ERC a la reelección, Pere Aragonès, hace hincapié en dos propuestas que a finales de 2017 se consideraban casi heréticas, pura pantalla pasada: un acuerdo sobre las bases para celebrar un referéndum de autodeterminación pactado con el Estado y una financiación autonómica singularizada para Cataluña. Pese a las apelaciones retóricas a no renunciar a la vía unilateral, lo cierto es que Junts también la ha aparcado: invistió con sus votos a Pedro Sánchez y, para las elecciones del 12M, aunque la independencia sigue siendo su horizonte, Puigdemont promete una mejor gestión del autogobierno y plantea propuestas más gradualistas, como cancelar la deuda pública de la Generalidad con el Estado.
Heridas profundas, ¿relaciones reconducibles?
Las tensiones entre las dos principales fuerzas independentistas vienen de muy lejos, con el 'procés' se intensificaron porque ambas luchaban por la hegemonía de este espacio, pero la cuerda que las unía por su objetivo común se rompió en octubre de 2022, cuando JxCat abandonó el Govern de Pere Aragonès.
El 12M, Puigdemont aspira a conseguir una ventaja suficiente para que no se discuta la hegemonía de Junts y, a partir de ahí, tender la mano a ERC para recoser la unidad. En las filas republicanas no se creen sus apelaciones a la unidad y Aragonès, que siempre rehuía el choque con JxCat, ahora se prodiga en reproches hacia Puigdemont por centrar la campaña en su retorno a Cataluña y no ofrecer propuestas tangibles.
Atomización: ¿hacia un cuarto espacio?
Hasta ahora, los intentos de consolidar un cuarto espacio independentista -más allá de ERC, JxCat y CUP- no han acabado de cuajar, a excepción del breve paso de Solidaritat Catalana per la Independència por el Parlament entre 2010 y 2012.
Quien quiere intentarlo el 12M es la exconsellera y eurodiputada Clara Ponsatí, que se presenta por Alhora tachando de "autonomistas" a ERC y JxCat, pero las encuestas vaticinan que se va a estrellar. En cambio, los sondeos detectan que quien puede dar la campanada es Aliança Catalana, formación de extrema derecha independentista liderada por la alcaldesa de Ripoll (Girona), Sílvia Orriols.
Dos escenarios endiablados para el independentismo
Después de lograr un hito en las elecciones de 2021 -mayoría absoluta de votos (52 %) y escaños (74)-, el independentismo podría perder la mayoría en el Parlament, según apuntan varios sondeos, entre ellos el último del CIS, lo que abriría las puertas de la Generalidad a un PSC que podría buscar un pacto con ERC y comunes.
Hay otro escenario hipotético que sería endiablado para el independentismo: disponer de mayoría absoluta, pero supeditada a los diputados de Aliança Catalana, lo que de facto haría inviable esta mayoría ya que Aragonès se negaría a ser investido con sus votos y Puigdemont, casi con toda seguridad, tampoco podría serlo porque ERC y la CUP rechazarían formar parte de la ecuación.