Torazos. Sí, hoy los organizadores no tuvieron porqué disculparse. Todo es para celebrar: los toros de Dolores Aguirre salieron fuertes, bravos y hermosos. Ovacionados al salir y al arrastre. Los únicos que no lucieron fueron Las cuadrillas no lucieron en general. Destacaron algunos varilargueros y se demonteró Tornai por un buen tercio de banderillas. Muchas faenas quedaron en poco por el mal tercio de varas. Cristián Romero quedó desestribado en la cuarta vara por malo: agujereó, derrengó, barrenó. Bene Cedillo abrió el brazuelo del animal en canal, astilló la vara y se retiró entre una sonora protesta. Ángel Peralta y Gabín Réhabi fueron ovacionados por llevar a cabo un tercio meritorio.
Pitillito (1º 1/20) salió al ruedo como un señor. Serrano hizo una faena en el centro del ruedo. Cuajó series por ambas manos. Unos naturales acompañados por los olés, pero todo se ha ido cuesta abajo por la espada: varios pinchazos. Con su segundo Pitillito (4º 4/20), chorreado en verdugo, un bellísimo ejemplar, quedó desgraciado en las varas por Romero y la faena no llegó ni a una serie ligada. La espada quedó en un sablazo.
Damián Castaño citó a porta gayola a Cañonero (2º 11/19). Prosiguió firme con el capote e hizo una faena redonda, cerrada, de mano baja y, además, creciéndose. Mas todo se derrumbó cuando tiró la muleta al suelo, se perfiló y se lanzó a la cuerna del bicho. Salió contusionado. Vivo de milagro. Cigarrero (5º 11/19), color melocotón, no se dejó engañar con el capote: de nuevo la porta gayola, pero el listo animal entrampilló a Castaño, mermado de facultades. Serrano tuvo que acabar la labor del compañero temerario. La faena tuvo más de rutinario, que de artístico. La estocada caída. ¿Qué le mueve a un torero para hacer temeridades inexplicables? No lo sabremos. Pero hay un abismo entre la tauromaquia con un toro y una lidia de los “domecq” u otros del mismo encaste, servidos al gusto del consumidor.
Francisco Montero no se ajustó con Cigarrero (3º 1/20): lo probó por ambas manos, pero sin tino. Su segundo, Burgalito (6º 10/19), brindado a la ganadera que tomaba apuntes toda la corrida, salió con atisbos de mansurrón. No obstante, sólo lo disimulaba: se creció en la muleta, permitiendo al diestro hacer una buena faena de pases jaleados por el público. Murió sin doblarse.