entrevista
Álvaro Cuervo: "El peligro para España es que las medidas anticrisis nos hagan olvidar las estructurales"
martes 11 de noviembre de 2008, 18:38h
Estamos ante una crisis bancaria. Nada que no hayamos vivido antes.
Sí, es un fenómeno que se ha repetido a lo largo de la Historia y que tiene siempre dos causas: Las que están unidas al comportamiento de los banqueros, y las que proceden del entorno económico financiero.
Sin duda, en la crisis bancaria precedente a la actual, que en España va de 1977 a 1985, predominaron explicaciones unidas al comportamiento de los banqueros. Y, quizás, al haber habido una “banca industrial” con limitaciones a la captación de pasivo, que, con limitaciones, que es un caso parecido al de la banca de inversiones americana, que se ha metido a realizar inversiones industriales. Y la crisis del sector de la industria arrastró consigo a la banca. Al final, lógicamente, el banquero, para evitar lo que es inevitable, se mete en operaciones que aceleran el proceso.
Pero este caso es distinto, porque no hay crisis bancaria en España. Esa es la primera cuestión. Hay crisis de liquidez, y puede ser seria. Habrá crisis bancaria de producirse una recesión durante un largo período de tiempo. Al final, querámoslo o no, ese mismo hecho arrastra a algunos bancos.
¿Cuáles son las causas de la crisis actual?
Hay una causa, si quieres, remota o mediata. Y es que durante un período largo de tiempo se introdujo liquidez en el sistema con tipos reales negativos. Claro, el comportamiento de los inversores es muy simple. Adquieres activos, como por ejemplo los inmobiliarios, que siempre se van a revalorizar. Y así ocurre en un principio. Ocurre de tal manera que el precio, en los últimos intercambios de esos activos, comienza a desligarse con su valor económico.
Por otro lado, ese proceso debería llevarnos a una presión inflacionista. Pero la incorporación a la globalización de áreas como China, India o la Europa del Este ha permitido allegar al mercado grandes cantidades de productos que han aplazado el efecto que esa inflación de liquidez acabaría teniendo sobre el precio de los bienes. Pero lo relevante es que esa explosión de liquidez llevó a numerosos procesos de inversión.
Paralelamente, se creó un sistema para dar liquidez a esas inversiones, que es la titulización: conviertes tus préstamos en títulos que se pueden vender en el mercado. Ocurre que los bancos se sienten tentados a ser muy exigentes; generan productos financieros y los titulizan, pero los mantienes en tu balance y tiene efectos en los fondos propios…
Que es lo que ha ocurrido en España
Sí, exacto. Si ocurre eso, eres exigente en las valoraciones. Y tienes incentivos para financiar esas operaciones y crecer.
No es esto lo que ocurría con la banca de inversión en Estados Unidos.
No. Allí, con el sistema de especialización bancaria de aquél país, la banca de inversión tenía problemas para captar recursos directamente de los clientes, por lo que ha tenido que recurrir a este tipo de operaciones financieras, que te permiten realizar grandes beneficios sin apenas recursos, pero que llevan una especie de bomba con efectos retardados. Esa bomba estalla cuando te das cuenta de que los activos que financias no tienen el valor que tú has reflejado en el balance.
Todo ello está relacionado, además, con los problemas añadidos por la contabilidad mark to market.
Sí.
El sistema financiero español ha evitado, hasta el momento, muchos problemas que observamos en Estados Unidos o Europa. ¿Qué características tiene nuestro sistema financiero y qué hace que aquí no se hayan producido, al menos hasta el momento, los graves problemas que observamos en otros países?
Para mí, dos cosas relevantes. Primero, el aprendizaje del Banco de España de la crisis del 77 al 85, cuando se da cuenta de que no puede permitir operaciones fuera de balance. Y segundo: somos anticíclicos en las dotaciones.
Y otra cosa muy importante para mí fue que en el momento de expansión del sector financiero se produce, paralelamente, la expansión del mercado inmobiliario. Y, por tanto, los fondos que consigue, bien en el interior, bien fuera, se dedicaron, en parte, a financiar todo el crecimiento del mercado inmobiliario y, por consiguiente, del crédito hipotecario. Pero ese crédito tiene en España una ventaja que no tiene el anglosajón, y es que es un crédito a la persona. De este modo, no puedes hacer como en Estados Unidos, que si te ves ahogado le entregas tu casa y hasta ahí llega tu compromiso con el banco. En España, si su valor no alcanza para pagar la deuda que tienes con él, tienes que responder por el resto.
De modo que en España el riesgo no proviene del mercado hipotecario, sino del crédito a los promotores. Es decir, se han financiado activos reales que son solares, quizás con todos los permisos para que se pueda construir en ellos, pero que han pasado de tener un mercado esplendoroso, a no tenerlo en absoluto. Y cuando un bien no tiene mercado, en el fondo no sabes lo que vale.
Pero hablemos del mercado hipotecario, porque lo que está ocurriendo en otros países como Francia, Alemania, Holanda… es que allí predominan los contratos a tipo fijo. Eso implica que el riesgo de una subida de tipos lo soportan directamente los bancos. Aquí no, aquí predomina abrumadoramente el contrato a tipo variable, por lo que ese riesgo se desplaza al hipotecado. Pero si la subida de tipos va a hacer que éstos dejen de pagar y aumente la morosidad, de nuevo el efecto va a rebotar sobre los bancos. Luego podría ser que nos encontrásemos con el mismo problema, pero con efectos retardados sobre otros países.
No, en otros países el problema es que recurrieron a hipotecas de alto riesgo, las subprime, porque consideraban que era un gran negocio de inversión financiera a corto plazo. Cuando tienes liquidez, buscas sacarle rendimiento en un negocio como es la hipoteca. Que, además, es algo más que un negocio; lo que tú buscas es vincular al cliente a largo plazo con la banca. Que si te ofrecen un seguro, que si te exigen domiciliar la nómina, que si puede contar con estas tarjetas de crédito… Es el sistema de banca comercial que predomina en España y que hace que tengas un cliente más o menos cautivo. Y tienen que irte las cosas muy mal para que, al final, te abandone. Y, llegado el caso, el banco da cinco, diez años más.
Los bancos prestan a largo plazo financiándose a corto plazo. Es decir, a diferencia del resto de las empresas, tienen un fondo de maniobra negativo. ¿Es esto razonable? ¿Es viable a largo plazo? ¿Está este hecho en la causa de las actuales dificultades?
No. Es la lógica del sistema. Si un banco no se apalanca, no es un banco.
Bueno. Recuerdo un artículo del Fondo Monetario Internacional que proponía que se casaran los plazos.
Bueno. Esa lógica… rompe con la lógica del sistema bancario. Es decir, la banca se basa en la confianza. Nosotros depositamos dinero en las cuentas corrientes, y esas cuentas, en principio, tienen una permanencia, salvo en situaciones de crisis.
Salvo que ese dinero, con el que nosotros contamos, no está ahí. Ese dinero está prestado y no podríamos disponer de él a la vista, es decir, en cualquier momento.
Sí, está prestado. Pero no lo utilizamos salvo una situación de crisis. Hay riesgo de liquidez, claro, pero es en momentos excepcionales. Por eso veo razonable que se tomen medidas para apoyar la liquidez del sistema. Otra cosa es que tuviésemos un problema de solvencia.
Es que tenemos un problema de solvencia del sistema bancario.
¿Qué quiere decir un problema de solvencia? Se produce cuando una institución financiera observa problemas con su activo. Por ejemplo, cuando observa un problema de morosidad creciente, que se lleva por delante todos los excedentes que estás generando, e incluso las reservas o dotaciones para la morosidad acumuladas.
¿Cuál es la situación actual? La morosidad media en estos momentos está en torno al dos por ciento. Sí, hay entidades que llegan al cuatro, al cinco. En el 93, la crisis se produjo con una media del 6,5, con situaciones de un 9 por ciento y, con una excepción: no se produjeron convulsiones en el sistema.
Pero hay dos datos que debemos tener en cuenta cuando analizamos el sistema bancario español. Por un lado que a los dos grandes bancos no podemos mirarlos sólo desde el mercado español, que representa menos del 30 por ciento de sus cifras. Luego no hablemos sólo de la morosidad española. Y, segundo, cuando se habla de crisis de solvencia de la banca española, recordemos que tenemos una de las bancas con mayores ratios de eficiencia. Cuando eres muy eficiente, la crisis puede afectarte a ti, pero antes se llevará por delante a todos los demás.
Hay analistas, y cada vez son más, que creen que España no se enfrenta a una crisis dura y breve, sino a una recesión larga o, al menos, a un largo período de letargo económico.
¿El modelo japonés?
Sí.
En su caso ese modelo obedece a una sociedad muy envejecida, que no quiere cambios radicales, sino que sólo acepta los incrementales. Ellos no acortaron la crisis financiera, sino que la alargaron por no atender las necesarias reformas.
Ese es el mayor peligro a que se enfrenta España. Que nuestro país se tranquilice con las medidas anticrisis, que éstas tengan el efecto de la adormidera y nuestra sociedad no se enfrente a los problemas relevantes, pero cuya solución exige medidas que tienen un coste político. Evidentemente, ese riesgo está ahí.
Pero tenemos una menor probabilidad de que nos estanquemos a la japonesa por dos razones. Por un lado estamos en la Unión Europea. Y, en segundo lugar, en la primera línea de frente están los inmigrantes. Y el coste político se desplaza a los inmigrantes y, en consecuencia, es menor. Es triste, pero es así.
Los planes de rescate y recapitalización de la banca, ¿son necesarios? ¿Son suficientes?
Mi punto de vista es simple: o se demuestra lo contrario, o no hay problemas de solvencia y estos planes tratan de la recuperación de la liquidez. Sí son necesarios. Nosotros tenemos un déficit exterior del 10 por ciento del PIB que tenemos que financiar. Entonces, cuando los mercados financieros fuera se están cerrando o si se abren es con un mayor coste, la respuesta desde el Gobierno es ofrecer la seguridad de que le garantizo su acceso a los mercados y por lo tanto facilito la entrada de liquidez. Es un aval para el proceso de captación de recursos.
Y dos: puesto que tenemos un problema con el interbancario, ofrezco una alternativa con la compra de activos. Si los activos que compro tienen un riesgo calculado, simplemente son operaciones de liquidez.
Y si hubiese un problema de solvencia, ¿quién debería solventarlo? ¿El mercado o el Estado?
Tradicionalmente lo solucionaba el mercado. Yo lo que haría es lo siguiente: si un banco necesita ser recapitalizado, que acuda a una ampliación de capital. Y si la gente no acude, que lo haga el Estado. Pero claro, subyace un problema: con esa participación, ¿se participa también en la gestión? Segundo: ¿puedo afectar, por medio de la competencia, en los bancos que no necesitan una ampliación de capital? Porque entonces estoy dando una ventaja competitiva a los bancos en crisis y en contra de los que son solventes y su gestión de riesgos ha sido exquisita.
El Gobierno va a destinar, con su plan, enormes cantidades de dinero. ¿No es esto un foco de corrupción? El Gobierno favorece la idea de que no se debería decir en un principio qué cantidades irán a qué entidades, ya que ello podría lanzar mensajes erróneos sobre la situación de los bancos y cajas, pero ¿no supone esto acotar nichos para la corrupción?
Bueno, más que la corrupción me preocupa la discrecionalidad en la asignación de los fondos.
De eso hablo.
En primer lugar, las normas de asignación de los fondos han de ser muy claras. Y, en segundo lugar, se debe informar de las operaciones.
Si las operaciones se hacen en condiciones de mercado es posible que algún banco prefiera no acudir. En tal caso no se distorsionaría el mercado.
Pero si se hacen esas operaciones es, precisamente, para hacerlas por encima del mercado pues, enfrentadas las entidades a éste, podrían verse en situaciones de dificultad. Y es esa dificultad la que quiere evitar el Gobierno.
Esa es la cuestión, porque si haces operaciones que no están vinculadas al mercado, estás haciendo transferencias de renta a alguien.
Por otro lado, en este país tan dado a los rumores, a veces es mejor facilitar desde el comienzo toda la información, porque de otro modo saltarían rumores. Siempre que tienes un problema de transparencia, generas discrecionalidad y buscadores de rentas.
Me quedan dos preguntas, una referida al pasado y otra al futuro. ¿Hay muchos mercados que estén más regulados que el bancario y el de crédito?
No.
Entonces, ¿por qué se dice permanentemente en la Prensa que el origen de la crisis es que el mercado no está suficientemente regulado? Mientras que yo lo que veo es exactamente lo contrario. Hay muy pocos mercados que estén más regulados que éste.
Yo no veo que las empresas de otros sectores tengan el control no sólo del auditor externo sino también de una entidad como el Banco de España, que está analizando tu balance con todo detalle.
No. Todo esto se ha producido en un mercado de máxima regulación. Mire. Yo siempre veo que la gente nos viene y nos pide “regulación, regulación”. Yo siempre me acuerdo de la película Casablanca. Recordará a Rick, de profesión borracho, un personaje maravilloso. Recordará que tenía una especie de acuerdo con el capitán Renault, que acepta la situación de lo que ve a cambio de una comisión. Luego, cuando los alemanes obligan a Rick a cerrar y el capitán Renault entra en el casino, se lleva las manos a la cabeza, diciendo: “¡Qué horror! ¡Qué horror! ¡Aquí se juega! ¡Ciérrenlo!”. Bueno, pues los reguladores funcionan así. Llegado el momento, se echan la mano a la cabeza por situaciones que estaban a la vista de todos.
Pero con las intervenciones se cubren todas las responsabilidades, incluidas las de los reguladores, mientras por otro lado acusamos al sistema. Decimos que es culpa del mercado.
Y la pregunta encaminada al futuro: ¿tendremos un nuevo Bretton Woods el próximo 15 de noviembre?
Bueno. Por el momento tendremos una foto. Pero con un presidente estadounidense en transición. Lo que me gustaría es que sólo se hiciera la foto y la denominada hoja de ruta.
Y en segundo lugar, más que un Bretton Woods, lo que hay que hacer es reconocer que el mundo que vivimos ha cambiado en algo que nadie ha mencionado en absoluto, y es que el ahorro se ha desplazado a Asia. Y, claro, el protagonismo de los grandes ahorradores del mundo tiene que ser relevante. Eso no existía en el 44, cuando fue Bretton Woods. Hasta ahora los asiáticos no se han pronunciado. Pero lo harán en su momento, porque su tiempo es distinto del nuestro, y no van a discutir sobre las sillas ahora.