Lo que viene a continuación no lo escribe un facha, ni un izquierdista ni un centrista, sino un hombre político sin partido que con Platón entiende la política como justicia y pudor. Supongo que esta declaración de principios no servirá para nada ni será creída por nadie entre quienes en lugar de pensar embisten y todo lo juzgan desde la propia bandería vandalizadora como el mismísimo el caballo de Atila.
Esta mañana nada más levantarme mi madrugadora esposa me dice: “va a hablar”. Al momento añade, cuando me he asesado: “ha adelantado una hora, no va a ser a las doce sino a las once”. Bueno, pues allí estaremos si logro concluir este artículo antes del parto. Como es costumbre, los grandes líderes dan la hora sin mirar al reloj, atendiendo sólo al escozor de los bajos, empezando por Luis XIV, que respondía mirándose la bragueta a quienes le preguntaban la hora, l’Etat c’est moi. La noticia no nos extrañará extrañar a quienes conocemos España. No sólo Azaña era una hazaña y una cizaña.
No pensaba yo escribir sobre el asunto, que me produce bochorno a toneladas; sin embargo, en la fracción de un segundo, mis dedos se han deslizando sobre el teclado para entrar al trapo rojo de la lidia nacional, Y aquí estoy toreador escribiendo antes de saber lo que va a decir nuestro prohombre, aunque me salga el tiro por la culata y resulte que, cuando haya concluido este escrito dentro de diez minutos los hechos contradijeran mi convicción de que el trilero doctor Sánchez es un quinqui político incapaz de objetividad, pues ha mentido y renegado más veces que Judas. En eso del reculer pour mieux sauter, es decir, del echarse para atrás a fin de tomar más carrerilla y saltar más que nadie, o hay quien le moje la oreja.
Sé que su sofistico instinto hará de la verdad mentira y de la mentira verdad: nada existe, si algo existiera sería incognoscible, y si existiera y fuera cognoscible resultaría incomunicable. Parole, parole, parole: una boca de parolero como lo suya tendrçía su lugar más adecuado en el gremio de los cuentacuentos compulsivos.
El caso es que el huérfano político más inocente que un chupete capta la atención de todos y de parte del extranjero haciendo pucheros: le miran, luego existe. ¿Pero cómo se atreve alguien a poner en duda su palabra verbosa, sus aurea dicta? ¡Si él nunca insultó a ningún adversario político y todos le insultaron a él! Narciso incircunciso, harto de coitos indecentes, se protege coram populi con un cinturón de castidad que deja pequeño al de las doncellas linajudas de trasantaño. Casto y puro como él solo, reproduce la ambición del César: yo no tengo enemigos, yo soy la víctima propiciatoria a quien ellos me convierten en enemigo de ellos, dijo el Generalísimo antes de firmar alguna que otra pena de muerte.
Ha hecho el paripé, es decir, la apoteoisis, el sentarse junto a los dioses, se ha ocultado tras las bambalinas, y ha reaparecido con la varita mágica que supuestamente tenía que reforzar su ambición. El mundo entero pendiente: no te vayas mamá, no te alejes de mí, adiós mamá, pensaré siempre en ti, donde quiera que tú vayas te encontraré. El pueblo entero moqueando porque el líder coreano ha muerto.
Hecho el ridículo tan patentemente, ¡al ataque! El pirata se pone su ojo, recupera su garfio, y a navegar feliz por los mares del sur. Los jubilatas acarreados con el dinero que los Partidos reciben del Estado para el bien de España se gastan, pura prevaricación, en pasear por Madrid a los mismos para los que “política” quiere decir “Inserso”, único lugar en que encuentran insersión, la política como inserseo. Una vez recibida la alpargata al entrar y la otra al salir, ya pueden regresar a sus hogares una vez fortalecida su autoestima patriótica.
Nuestro timón adorado, nuestro Mao Tse Tung, va a hablar, pero yo sé lo que va a decir: nada; nada, diga lo que diga, pues sólo dirá Yo, es decir, nada. Si esto no es populismo, mis cojones son dos claveles, como diría el castizo madrileño. Si esto no es pueblerinismo, venga Dios y lo vea[1].
Todo descuajaringado, la política parlamentaria se dilucida fuera del Parlamento, que siempre fue lo que su nombre proclama, a saber, un mero parloteo donde –según dijera Baroja- los monos del retiro quitan las pulgas a los de la propia bancada y se orinan sobre la contraria. La última pirueta de este circo donde las palabras nada significan y hacen funambulismo sin red debajo llena los titulares de los periódicos y de los medios, que estallan, trepidan y enrojecen para volver a la frialdad de los muertos una vez agitado el pinpanpún con más de lo mismo. Del “¡cerrad las puertas, que se os escapa la ciudad!”[2], al “¡abrid las puertas, que se os escapa la realidad!” y al “abre la muralla, cierra la muralla” de los teloneros Ana Belén y costilla. Mientras tanto, algunos de los “intelectuales” al servicio del régimen, como el inevitable Miguel Ríos recidivante vuelve también a Granada, vuelve a su hogar, entre su gente encontrará la felicidad.
[1] “Si mañana llegase un marciano sobre este planeta, en cualquier lugar del planeta, y preguntase qué está pasando en este planeta, la respuesta que hay que darle es que lo que pasa es la mundialización” (Ramonet, I: Pensamiento único y globalización: marco general. In “Pensamiento único y globalización”. Fere Euskadi, Vitoria, 2000, p. 15).
[2] Diógenes Laercio. VI, 57.