El próximo 2 de junio habrá elecciones generales en México. Han de renovarse la presidencia de la República, el Congreso federal con ambas cámaras y, a partir de ahí, 9 entidades someten al llamado de las urnas su gubernatura o la jefatura de gobierno de la capital mexicana, sumando a una cauda de diputaciones locales en otras tantas provincias y con alcaldías y tal. La mayor cantidad de cargos públicos jamás vista, sometidos al escrutinio ciudadano y una lista nominal de electores que ronda los 98 millones 329 mil 591 ciudadanos. Valorarán el sexenio que ya termina, el de López Obrador, y plantearán con su voto aquello que desean en adelante. Democracia plena, nada más.
Sí, hay amplias posibilidades de mandar al PRI al basurero de la historia. Y en democracia todo puede pasar. Todos sabemos bien que cuando el PRI pierde, gana México. Siempre.
Las elecciones que nos ocupan dejan en un segundo plano sin ser menos importante, a la certera defensa en la Corte Internacional de Justicia de la demanda entablada contra Ecuador por violentar el Derecho Internacional y que se ha explicado en dos entregas anteriores y otros temas trascendentes propios de la cooperación México-Estados Unidos, como es el significativo entrenamiento de efectivos mexicanos en Santa Gertrudis, Chihuahua, y la persecución de capos de la droga, hechos que robustecen una necesaria cooperación –que es así cómo hay que mirarla– con inteligencia y sin mendacidades ni mezquindades fuera de lugar.
Cabe apostillar que Noboa persiste en su necedad, arguyendo que México utilizó indebidamente su legación acogiendo al delincuente Glas. No, señor Noboa, el derecho de asilo lo concede el país asilante y lo valora el país asilante. Léase el artículo IV de la Convención de Caracas. No se limite al artículo III nada más por convenirle. Va de un error a otro y no enmienda ni rectifica. Resulta peripatético.
En ese panorama, el segundo debate entre candidatas a la presidencia de la República, Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez, que tiene a un tercer contrincante varón que será testimonial, ya que se anticipa que el resultado sea favorable para que México alcance a su primera mujer presidente, advierten que solo resta aguardar a la jornada electoral. El candidato Máynez no entendió ni por esas, que es tiempo de mujeres y su presencia sobraba y tal cual, pues sí o sí, la siguiente gobernante mexicana será una mujer. Ahora, PRI y PAN le piden groseramente a Máynez que se raje. Si es así, ergo entonces que se quede. El PRI no será el que decida quién debe o no de contender por la presidencia de México. Y sí, Máynez está afectando a su impresentable candidata priista, Xóchitl Gálvez, restándole votos. Y lo dicho: cuando el PRI pierde, México gana. Gálvez sí merece perder.
No deja dudas esta elección en cuanto a tres aspectos: 1) los electores tienen muy decidido su voto hace años y no lo afirmo por un voto duro presente, que eso simplificaría la realidad compleja que atestiguamos, sino porque hay un amplio sector que entiende perfectamente bien que votar a Xóchitl Gálvez es dar un salto al vacío, un error descerebrado e irresponsable. Eso, más, 2) por carecer Gálvez de propuesta seria y carecer de capacidades muy visibles. Decirlo es de obligado patriotismo. 3) Venir candidateada por el PRI no es buena noticia y hasta hoy, acaba hundiéndola, siempre siendo la única responsable de ello. Encuestas del año pasado revelaron que la gente rechaza la sigla PRI, a su ideario y a su gente, así que el equipo de Gálvez insiste en presentarla más como panista y ciudadana en esa alianza. La gente está harta del PRI y sabe que si vota Gálvez sí es votar PRI. Y si usted aún no lo sabe o no se quiere enterar ¡qué mejor oportunidad de hacerlo que al leer esto! Y ya lo tenga bien clarito. Le ayudará a decidir.
La verdad es que en democracia nadie la tiene ganada. No hay encuesta que valga, son tendencias y pueden fallar. Eso no impide movilizarse como sociedad y, desde luego, puede triunfar nuestra opción más preciada. Gálvez va 20 puntos abajo en las encuestas serias. Las cuchareadas por su partido, el PAN, la peinan, pero no consiguen entusiasmar por falsarias. Ni en eso habla con la verdad el PAN.
No cabe la menor duda de que Gálvez sigue peleando el segundo lugar. Un día pierde un punto en las preferencias, lo recupera y es volver a empezar. No cuaja. Gálvez es una pésima candidata en una pésima opción y sus seguidores lo saben perfectamente bien. Después del segundo debate, encuestas serias señalaron que no avanzó. Otro estudio mostró que sí incrementó un punto porcentual en las preferencias del votante. Es un desastre, pues, aventajándola Sheinbaum con 20 puntos.
Así, las encuestas adelantaron que el segundo debate, que Gálvez confundió con una verdulería, no movió un ápice la intención del voto a su favor, luego de una sesión del 28 de abril mostrándose vulgar, majadera. Lo suyo. A mí, personalmente, no me interesa una persona así presidiendo mi país. Y con su ignorancia rampante.
En medio del jaleo normal propio de unas elecciones presidenciales, cabe una acotación al PAN. Están quemados los panistas como solapadores de delincuentes y verdaderos mentirosos, ya que no se sostienen sus palabras. La candidata Gálvez ya reconoció que sí es candidata del PRI, no solo panista. Eso revienta la burda estrategia de mostrarla solo panista y ciudadana. Sépase lo del rechazo al PRI, ya aludido. Por eso esconden tales siglas, les dan vergüenza y ella ya aceptó ser priista. Darle el voto es robustecer al PRI. A mí, ni me hace falta el PRI ni robustecerlo. Por otra parte, se cansaron de decir una tamaña gracejada más repitiéndola desde 2018: que a estas alturas del sexenio menguante ya seríamos Cuba y una dictadura. Qué estupidez. La mentira llegó al paroxismo. Un panista ya envuelto en odio y tontería, me dijo: “no somos Cuba, pero estamos en vía de serlo”. Tanta estulticia es para decir “estás de aquí te espero”. Imposible seguir semejantes posicionamientos, ridículos opositores. Por ello, termina uno prescindiendo de Gálvez, la peor candidata en la peor opción.
Hace meses que se lo expresé: es un juego entre la continuidad de Sheinbaum y un salto al vacío de Gálvez, una opositora inconsistente. La segunda atiende el gravísimo y reprobable interés de cobijar a un vetusto equipo de políticos fracasados que, cual cartuchos quemados, lo de menos es su priismo. Son la muestra de una oposición no renovada y sí preocupada solo por recuperar el poder con una visión muy patrimonialista y con la idea única y erosionada de “hay que ganarle cómo sea a Morena”. Qué sosos. Eso implica ser muy excluyentes y barrer para su casa y carecer de un proyecto de país. No es un supuesto, así se comportaron hasta 2018. De cualquier manera, la elección de 2024 recuerda que es un pleito de élites. Mientras no dejemos de leerlo así, será más sencillo de entender, porque una de ellas, la que gobierna hoy, tiene una idea más sensata de lo que es recuperar un país que la otra dejó empobrecido y saqueado. El PRI siempre es saqueo. Gálvez sí representa el pasado y viene con el PRI. Avisados.
En cualquier caso, los electores tienen la última palabra, pues no serán los torcidos intereses priistas –que ya no mandan nada ni están en posición de mandar neceando con Xóchitl Gálvez, montrándose rijosa, grosera y desesperada en el reciente debate– que presentando una persona poco preparada y de una improvisación calamitosa, elevan la certeza de que no es la prianista la persona idónea. Y a diferencia de ella, usted ya lo sabe, las elecciones son el 2 de junio. Quienes no necesitamos que regrese el PRI a hurtadillas, de tapadillo bajo el huipil embustero de Xóchitl Gálvez, quien es la puerta de regreso del PRI que la candidatea, tenemos la enorme oportunidad de mandarlo al basurero de la Historia. Por cierto, el PRI en sus spots dice que Morena nos dejará sin país. Más bien, los dejará a ellos sin oportunidades jugosas de agenciárselo de nuevo. Los electores lo saben.