Inés Montano. - Las Ventas: una gran tarde del toreo.
Los de Montecillo se encargaron de dificultar las cosas de esta tarde festiva en Madrid. Hubo todas las variantes entre los mansos de solemnidad y los bravucones. Cuesta arriba, acochinados, armados, pero de poco fondo. Sin apenas casta, embestían al caballo por pura dejadez. Los banderilleros no lo tenían muy fácil, pero consiguieron una ovación José Alberto Aponte Candelas y Pascual Mellinas, también pareó con gusto César del Puerto. Los diestros lo pusieron todo para suplir la falta de bravura y dejaron al respetable con ganas de verles otra vez.
Fernando Robleño es uno de los diestros más consolidados del planeta de los toros. Se ha forjado con los morlacos más duros de toda la dehesa ibérica. Fandanguero (1o 12/18) no quiso salir y se negaba a embestir: miró a Robleño y se dio media vuelta. El quite de Javier Cortés no pasó más allá del intento. Con esta “joya” de bravura Robleño tuvo que apechugar: castigado por abajo, con cabeza más ahormada, el diestro hizo series jaleadas por el público. Iba el animal cabeceando, apretando y ralentizando su viaje. Insufrible al natural. Una media estocada en buen sitio. Ovación. De Actor (4o 11/19) poco se puede decir, aparte de que desplazaba sus 618 kilos con un poco más de velocidad. Sin embargo, el fuste duró poco y Robleño tuvo que ponerlo todo para suplir al rajado contrario: la voluntad, agilidad e insistencia por ambas manos. Estocada llegó después de pinchar.
Carpetón (2o 12/18) hizo un mal primer tercio: no acudió al percal ofrecido por Javier Cortés. Un pesado botinero (619 k.) tampoco dio mucho juego en la muleta: se dejaba llevar por primeros muletazos, pensaba el tercero y se ceñía al cuarto. Imposible conseguir el ligazón, el animal iba parándose. Aún así, Cortés dejó un toreo fino en las pinceladas y licencias que le dejó el toro. La faena del torero aferrado al suelo, desafiante frente a un animal sin raza. La espada se estancó. Un aviso. Otro Fandanguero (5o 12/18) de la tarde fue recibido Cortés muy bueno con el capote. Se da un costalazo al perseguir la pañosa, Cortés silueteó con la muñeca unos muletazos finos, sin una mínima arruga en la tela. Iba prendido con un hilo invisible. Mas poco duró el gozo: el bicho empezó a cabecear y buscar, emborronando todos los esfuerzos. Cortés aguantó, se ajustó y sacó una serie con la mano baja ovacionada de pie. Una estocada casi entera, tendida. Se estancó el descabello. Ovación.
Francisco Javier Espada se enfrentó con Pocasbromas (3o 2/19) con firmeza: los pases estatuarios no dejaban ni un milímetro entre los contrarios. El animal tampoco tuvo mucha clase embistiendo, así Espada iba comiéndose el terreno y ciñéndose para hacer una serie sin enganchar a pesar del descompuesto animal. Espada, pendiente de cada movimiento, hizo un espectacular pase por la espalda y se salvó de la cogida gracias a su agilidad, apoyándose sobre la testuz. Se jugó la vida por las bernardinas sin remedar ni un paso. Sonora ovación. A la segunda, llegó una estocada entera. Ovación. Raspiyo (6o 12/18) dio una mejor impresión por su celo y movilidad, pero resultó buscón y desconfiado: pasó toda la faena colándose, creando a cada pase los momentos de suspense. La desgarrada honradez de Espada no le dejaba poner más distancia y salía arrollado en cada serie. A pesar de esto, no desistió de los naturales. Se oían los gritos “¡Torero!”. Una faena redonda. Estocada a la segunda. Ovación.