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Afrancesados

martes 11 de noviembre de 2008, 22:31h
Recordar el Dos de Mayo, decaído de fecha clave para la definición de la identidad nacional a fiesta de la Comunidad de Madrid, y la Guerra de la Independencia que aquel día comenzó, ha sido la ocasión, según un ilustre escritor, para que “la parte más leída de la derecha española”, se lanzara “desatadamente, al menos en Madrid a un nacionalismo que copia sin reparo el de sus adversarios y al mismo tiempo recupera los decorados más arcaicos de cartón piedra, los trajes más apolillados de la patriotería hispana”. Creo que no ha sido para tanto. Y que el sentido último de la conmemoración, dejando a un lado ciertos excesos y una notoria imprecisión conceptual, ha sido poner de relieve el problema, raíz de muchos otros, que mas significativamente está afectando nuestra convivencia: el de una nación, España, cuya existencia muchas veces se niega – y, por consiguiente, la imposibilidad de estudiarla y enseñarla-, reducida a un proyecto frustrado o constreñido, si acaso, al reducido periodo que va de las Cortes de Cádiz a fines del siglo XIX.

¿Cómo ha sido la Conmemoración de 1808? Madrid, solo Madrid, convertida en fiesta, parece haberlo celebrado. Y en la Comunidad, Móstoles, donde hace doscientos años, los regidores Andrés Torrejón y Simón Hernández, firmaron el bando que convocaba a socorrer la capital. Dejando de lado los actos, fijémonos, sobre todo, en los discursos que se pronunciaron, por cuanto reflejan la forma en que sus autores se sitúan ante nuestra realidad nacional.

El Rey fue claro: el Dos de Mayo representa “la toma de conciencia de la identidad nacional”, por parte de un pueblo que se adelantó “a sus instituciones y soberanías” y su conmemoración actual debe ser ocasión “para resaltar los valores que entonces nacieron como expresión popular y espontánea de sentimientos colectivos y solidarios”. Aquella jornada histórica simboliza a “toda una nación en armas luchando en torno al derecho inalienable de todos los españoles a trazar por sí ismos el presente y el devenir de España”.

Esperanza Aguirre se manifestó en tono semejante, al recordar cómo la proclama histórica de los alcaldes de Móstoles fue “un aldabonazo en la conciencia de todos los españoles” e instó a que continúe siéndolo para que nadie olvide que “defender la libertad de la patria es defender la libertad de todos los españoles”. Continuó la presidenta de la Comunidad: quienes se alzaron contra el ejército francés sabían que eran españoles y si se levantaron contra el invasor fue “porque ya tenían en sus conciencias y en sus corazones la certeza de que formaban parte de una gran nación en la que hundían sus raíces y de la que extraían una cultura, unos valores y unas creencias comunes”. El sacrificio de los héroes del Dos de Mayo será “la chispa que encendió la llama del levantamiento de todos los españoles por su libertad y su independencia”. Rajoy dijo que “1808 nos une y nos recuerda que la nación es un ser vivo”.

Más frío, Rodríguez Zapatero no sobrepasó los límites de la “corrección política”, trasmutando el patriotismo en “solidaridad”: “los españoles y las españolas hemos destilado la herencia de aquellos tiempos de extraordinarios cambios. España es ahora un país moderno y en vanguardia”. Mas, entre los pronunciamientos políticos del momento, llama la atención el de Fernández de la Vega, vicepresidenta y Portavoz del Gobierno, quien en la rueda de prensa posterior a un Consejo de Ministros, manifestó, con total claridad, la postura gubernamental sobre el bicentenario de 1808, al encontrar inspiración no en la mayoría de patriotas que se subleva contra el invasor y que, con la Constitución de Cádiz, inicia la construcción de nuestro Estado liberal e influye decisivamente en el liberalismo europeo, sino en los afrancesados. En su comparecencia, exhibiendo ejemplares de la obra, reimpresa, de dicho título de Miguel Artola, afirmaría: “Las ideas reformistas y avanzadas que muchos de esos afrancesados compartieron, han seguido impulsando a generaciones de españoles que han luchado, que hemos luchado, por la libertad y el progreso de nuestro país”, para continuar: “Ellos fueron los que por primera vez defendieron un concepto de gobierno responsable, que debía ocuparse de que los ciudadanos accedieran al bienestar e incluso a la felicidad”. La diferencia entre una Constitución, como la de Cádiz, de una Carta Otorgada, la de Bayona, se desvanece. Quizás también esa forma de solidaridad con el Estado y la Nación que los españoles han venido llamando patriotismo y que se manifiesta en la identificación racional y afectiva con lo símbolos y valores en los que se fundamenta nuestra continuidad nacional.

Antonio Morales

Catedrático de Historia Contemporánea

ANTONIO MORALES es catedrático emérito de Historia Contemporánea

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